Ante la molestia de los vecinos de panteones con crematorios, urge que las autoridades de los distintos niveles y que tienen relación con el cuidado medioambiental y de salud, no sólo vigilen, hagan observaciones y sancionen, sino obliguen a los empresarios de las funerarias a cumplir con las especificaciones para que contaminen lo menos posible.

Así lo consideró la doctora en Ciencias de Bioingeniería, catedrática de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, Elsa Marcela Ramírez López, quien subrayó que el tema es complicado de tratar en este tiempo, por la necesidad de cremar cuerpos infectados pero también por la molestia de quienes habitan cerca de esos lugares, que están percibiendo olores fétidos y la contaminación por humo y partículas, que sí pueden ser dañinas para las personas más sensibles.

Explicó que la gente inhala partículas de las emisiones, como las menores de 2.5 micras, y si no se utiliza protección se respira constantemente, pudiendo afectar más a quienes padecen enfermedades respiratorias, alergias, asma e inclusive males cardiacos o hipertensión, “ese tipo de partículas tan pequeñas, aún con ventanas cerradas entran y esto probablemente a largo plazo ocasiona problemas respiratorios”.

No es tiempo de clausurar esos lugares que hoy son indispensables ante la pandemia, pero es preciso que las autoridades supervisen que se esté trabajando cumpliendo con la norma y que la revisión sea permanente, por la alta demanda que se tiene y que los hornos están trabajando casi a toda hora”.

Se tiene que considerar el tiempo de exposición de la población a esas partículas, pues “sí son más de 8 horas y que sea de manera directamente expuestas porque de ser constante y de cerca, hay riesgo de toxicidad aguda, ya que un crematorio sin sistema de tratamiento de emisiones de partículas generalmente rebasan la Norma Oficial Mexicana que son 1025 microgramos por metro cúbico”.

Para lograr la reducción de esas emisiones se requiere un sistema de filtración y un buen nivel de temperatura en el horno de cremación, lo que permitirá reducir la emisión de partículas, pero también los malos olores que se han detectado, los que los ciudadanos alrededor tienen que soportar y seguro así continuarán, porque “los humanos somos materia orgánica, que al incinerarlo todo se va a la atmósfera, pero si están controlando bien las temperaturas no se tendrán problemas de compuestos orgánicos de elevada toxicidad”.