Ante los próximos comicios, el cardenal José Francisco Robles Ortega hizo un llamado a no caer en la indiferencia y la apatía y, así, emitamos un voto responsable, no perdamos la oportunidad de ser agentes de transformación de lo que no nos gusta; hay que cambiar lo que no nos deja crecer como personas, como estado o como país.
Pero, además, añadió, hay que darle seguimiento a las promesas que nos hacen y, con mesura, reclamar el incumplimiento de ellas.
Hay que analizar por quién votar, conocer su trayectoria y capacidad; no es suficiente ser populares. Los comediantes, deportistas y demás candidatos que no tienen preparación ni experiencia, que no han incursionado en política, deber ser honestos consigo mismos y valorar si van a poder o no desempeñar el cargo popular que buscan; los votantes, por su parte, también deben estar conscientes de ello al momento de acudir a las urnas.
Consideró que un buen candidato debe estar a favor de la vida integral de todos y no sólo estar en contra del aborto, sino velar por el bien común; de ahí se desprenden valores como la honestidad, la justicia y la verdad.
Asimismo, mencionó que, a un año de haber iniciado la pandemia, no es tiempo de descuidarnos porque el COVID acecha; hay que respetar todas las medidas de prevención, seguir las recomendaciones sanitarias y, no porque estemos en un semáforo epidemiológico de menos riesgo, bajemos la guardia.
Jalisco está en verde y, aún así, no se permiten los ritos de Semana Santa en público por el riesgo de contagio.
Ejemplificó con el Vía Crucis y la Visita de los Siete Templos y destacó que, afortunadamente, con el apoyo de las tecnologías, se pueden transmitir a distancia para que todos los fieles participen en dichas celebraciones de suma importancia para el Catolicismo.
Aún cuando pudiera pensarse que hay más libertad de aforo, para diversos establecimientos, la Iglesia no va a victimizarse, pues hay que entender las circunstancias y ajustarnos al entorno, dijo.
El prelado vino a Aguascalientes a oficiar, en Catedral, la Misa Crismal, donde repartió los santos óleos y los sacerdotes renovaron sus promesas.