RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

La pandemia del coronavirus vine ahora al parecer con más fuerza, sobre todo con la variante Delta del COVID-19, la cual es más peligrosa e infecciosa según los especialistas en la materia. Por ello muchos países han comenzado a aplicar medidas sanitarias más estrictas. Y no es para menos pues cuando se pensaba que la pandemia estaba cediendo luego de la aplicación de millones de vacunas por todo el mundo, resulta que no, que debido a que millones de personas no se han querido vacunar por sus falsas y en ocasiones alarmantes creencias, la pandemia no ha podido ser controlada debidamente y ahora se cierne sobre el mundo una tercera ola alimentada precisamente por la variante Delta. Y es que resulta inexplicable y hasta cierto punto ofensiva la ignorancia de millones de personas con respecto a la vacuna que creen a pie juntillas todo lo que leen sobre las supuestas consecuencias que se originan al ser inoculados, en donde supuestamente les dejarán secuelas graves en su salud. En lo personal me ha tocado platicar con personas que manifiestan un alto grado de negatividad con respecto a la vacuna y que en consecuencia se sostienen en su posición de no aplicarse la inyección por temor a ser rehenes posteriormente de las grandes naciones pues creen que con la vacuna va un complemento que podrá manejarlos e influir en su modo de vida. Lo anterior no refleja más que un alto grado de ignorancia propio de gente de la época medieval, en donde es más poderosa la ficción tendiente a generar temor que la realidad palpable de la situación tan crítica y mortal que está padeciendo el mundo por igual. A lo anterior hay que agregar que, en el caso de México, resulta que tanto el presidente como algunos gobernadores, han soslayado, en mayor o menor grado, los contagios que a diario se suscitan y que derivan en hospitalizaciones y decesos de la población. Cuando empezó la pandemia los grupos de edad que más se contagiaban y morían eran los de la tercera edad. Eran el grupo más vulnerable. Cuando inició la vacunación este grupo acudió casi en tropel a inmunizarse. La conciencia, y el temor, que la gente de la tercera edad tenía sobre el mal que aquejaba al mundo era mucha. Por televisión pudimos observar las grandes filas que se hacían en todos los centros de vacunación a lo largo y ancho del país. Gente de avanzada edad acudía esperanzada en salvar su vida aplicándose la vacuna y no pocos de ellos fueron llevados en sus sillas de ruedas. Yo tuve la oportunidad de llevar a mi madre, de 84 años, a vacunar. La llevé en su silla de ruedas pues ya batalla para caminar. Para esto Araceli, mi mujer, fue pieza clave para lograr que la gente encargada de la vacunación nos diera acceso, el cual fue muy rápido pues a la gente mayor y que iba en silla de ruedas le daba paso preferencial pues era gente más diezmada. Pero lo importante de esto es que tanto mi madre como a las demás personas de la tercera edad que estaban ahí aguardando su vacuna, se les veía una enorme alegría en su rostro por estar a punto de recibir la vacuna luego de varios meses de ver y escuchar por televisión que diferentes países estaban en vías de obtener el ansiado suero que sería la solución contra el virus más letal probablemente en la historia de la humanidad. De tal manera que fue un éxito la respuesta de la gente de la tercera edad para acudir a vacunarse. Ya posteriormente el rango de edad fue bajando hasta llegar a la gente joven, y ahí fue en donde la cosa se detuvo, pues la gente joven, incrédula y hasta cierto punto irresponsable, soslayó la vacunación, a pesar de ser ese núcleo de la población la que más riesgo tiene debido a que no han parado de acudir a bares, antros y centros de reunión los fines de semana, conviviendo con cientos de muchachos de su edad. Así mismo en las últimas semanas miles de muchachos han acudido a las playas más cercanas a nuestra entidad a festejar el haber terminado su enseñanza preparatoria. Las escenas de las albercas en los hoteles llenas a su máxima capacidad son cotidianas, albercas en las que no hay espacio para el menor movimiento, menos para nadar. Es por eso que los contagios están a la orden del día. Los muchachos han tomado esto de la pandemia como algo sin importancia. Por eso creo que los padres de familia debemos ser estrictos y exigirles que acudan a vacunarse, pues al no estar vacunados arriesgan hasta la propia familia con la que viven. No cabe duda que la ignorancia es en muchos casos letal y lo anterior nos lo ha venido a confirmar. Por nosotros mismos, así como por respeto a nuestras familias y a nuestros semejantes debemos de vacunarnos. Aclarando que con todo y vacuna la gente debe seguir cuidándose, usando el cubrebocas y evitando los eventos multitudinarios. ¡El virus está más activo que nunca! Por ello no hay que bajar la guardia.