Noé García Gómez

El relato en los libros de texto de historia de México que más me impactó en mi niñez cuando cursaba la educación primaria, fue el de los llamados “Niños Héroes”, el cual se conmemora cada 13 de septiembre.

La historia cuenta que seis cadetes defendieron, con todo lo que pudieron, el Castillo de Chapultepec mientras era invadido por el ejército de Estados Unidos. Imaginemos o recordemos cuando éramos niños, que una institución como la escuela nos dijera que otros “niños” dieron su vida por su país, al manejar el término “niño” al menos yo en esa edad pensaba que tenían entre 8 y 12 años, eso me generó una especie de asombro, emoción, temor y curiosidad. Creo que ese es el pasaje de la historia más instruccionador del patriotismo desde la infancia.

El libro “México 1847: ¿Pérdida o despojo?” realiza un interesante descripción: “El asalto fue hecho simultáneamente por las divisiones de Pillow y Quitman contra el poniente y el sur, pero una y otra fuerza fueron detenidas por la vigorosa resistencia de los, hasta poco antes, desmoralizados soldados mexicanos. Pillow, que atacó el punto más débil y que recibió refuerzos, logró vencer primero, aunque a gran precio y siendo él mismo herido; así llegaron sus hombres hasta el castillo, cuyas puertas encontraron interceptadas con cadáveres de los defensores. Quitman tuvo que luchar no sólo contra la guarnición de Chapultepec, sino contra el Batallón de San Blas, que heroicamente cayó disputándole al enemigo la glorieta, y contra los demás cuerpos de la brigada de Rangel. Algunos de los hombres de Quitman lograron llegar a la cumbre al mismo tiempo que los de Pillow, y uno de ellos hizo prisionero al general Bravo, que había clavado su espada en el suelo para no entregarla al vencedor. Los alumnos del colegio Militar cerraron la acción con un epílogo de gloria, sucumbiendo en la lucha seis de ellos, saliendo heridos cuatro y quedando prisioneros los demás en número de 37”.

El relato es importante, ya que nos dice que no fueron 6 niños héroes, sino 37 y que eran cadetes del colegio militar, pero además sus edades oscilaban en una adolescencia de entre 16 y 19 años de edad, sólo uno, Vicente Suárez, tenía 14 años y se desempeñaba como centinela (vigilante) en la operación de defensa.

En el caso más emblemático de que uno de ellos se arrojó de las alturas envuelto en la bandera, los historiadores tienen distintas versiones; la versión más difundida dice que Juan Escutia se arrojó envuelto en la bandera mexicana, aunque otros establecen que sí se lanzó pero envuelto en la bandera de los cadetes, y no en la de México; mientras que otros apuntan que Montes de Oca fue en realidad quien recibió una serie de balazos al brincar para ayudar a sus compañeros.

La realidad es que una serie de jóvenes cadetes, Juan de la Barrera, Vicente Suárez, Agustín Melgar, Francisco Márquez, Juan Escutia y Fernando Montes de Oca, junto con al menos tres decenas de sus compañeros, y dos centenares de soldados que estaban destacamentados en el Castillo de Chapultepec, protagonizaron unos de los pasajes más emblemáticos de la historia de nuestro país.

Ante los cuestionamientos de que este suceso no existió, hay realidades respecto a la defensa del castillo, que sin duda se exacerban o aderezan para buscar exaltar los valores patrióticos y amor a la patria, pero cumplen una importante función en la construcción de la identidad mexicana.