Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Steven Soderbergh es uno de esos directores que, por fortuna, no se han rendido ante el canto de la sirena hollywoodense escotando su destreza creativa a la medida de los requerimientos del cine industrial, produciendo obras de gran interés que abordan géneros y asuntos disímbolas de forma madura y perspicaz, pues hay un largo trecho desde “Magic Mike” hasta “Contagio”, mostrando su pericia en cuanto al manejo de la gramática cinematográfica al servicio de una buena historia; y para muestra, su más reciente producción, titulada “Ni Un Paso En Falso”, estrenada exclusivamente en el servicio de streaming HBO MAX, tal cual ocurriera con su filme previo, “Déjalos Hablar”. Con esta cinta, Soderbergh retorna a sus obsesiones temáticas, como la corrupción capitalista, la venganza, los peligros de la individualidad paroxista, la moral en crisis y esa dialéctica de la traición superpuesta que no deja indemne a cualquier personaje, fraguando una trama inmersiva que no suelta por ningún momento al espectador, conducido a una espiral de decrepitud humana que no es otra cosa más que fascinante.

Los dos protagonistas principales son un par de gánsters de poca monta en el Detroit de la década de los 50. Uno de ellos es Curt Goynes (gran trabajo de Don Cheadle), recién salido de prisión y ya hecho de una libreta robada con información valiosa para el hampa, propiedad de su ex jefe, Aldrick Watkins, (Bill Duke), el capo mayor en el Harlem. Por otro lado, Ronald Russo (Benicio del Toro) es un estafador de modos secos y hoscos que tiene un amorío con la esposa de un mafioso italiano de nombre Frank Capelli (el siempre bienvenido Ray Liotta). Ambos son reclutados junto a un ladronzuelo llamado Charley (Kieran Culkin) por un misterioso hombre llamado Doug Jones (un irreconocible pero efectivo Brendan Fraser) para que obliguen a un contador, Matt Wertz (David Harbour), mediante el rapto de su familia, a que viole la caja fuerte de su empresa y recupere una libreta verde que contiene datos de gran interés para la industria automotriz, valiéndose del romance que tiene Wertz con la secretaria del director de la compañía. Como ésta es una película de Soderbergh, las cosas se salen de control cuando no todo sucede según lo planeado; en este caso, la ausencia de dicho documento, lo que orilla a Wertz a entregar una libreta falsa con el fin de que su esposa e hijos salgan ilesos, sólo para ser descubierto y originar la muerte de Charley a manos de Goynes, cuando éste recibe la orden de asesinar a la familia. Con este acto, Goynes no sólo revela cierta integridad, también produce un cambio en el plan, pues le propone a Russo, con quien ha antagonizado todo el primer acto de la película, una alianza para recuperar los papeles originales, con el fin de entregárselos al interesado, un potentado de la General Motors (Matt Damon) dispuesto a pagar 375 mil dólares por la libreta. Una sucesión de vueltas de tuerca sirven para construir un meticuloso estudio de caracteres donde Goynes y Russo jugarán todas sus cartas, incluyendo amenazar a Capelli para conseguir ayuda y extorsionar a Watkins con el fin de que los apoye y evadir a la policía, pues hay un detective (Jon Hamm) no muy honesto que les sigue el rastro.

Todos los mecanismos del film noir entran en acción durante la construcción de este laberíntico pero potente relato, pues el inteligente guion de Ed Solomon logra aglutinar los componentes esenciales de la novela y cine negros, el humor, ídem, y el thriller policial para enhebrar una historia rica que no sólo explora a sus personajes en cuanto a motivaciones y psicología, también cuela una denuncia muy clara y oportuna sobre el industrialismo voraz que favorece a los plutócratas anestesiados ante las necesidades del pueblo; en este caso, sobre la manufactura de autos y la posibilidad de una corrección ecológica en sus motores de combustión interna mediante un convertidor catalítico, el cual ya estaba diseñado, pero negado para su producción en masa por los mezquinos intereses de hombres como el personaje de Damon en la cinta. Todos los componentes se enlazan con finura mediante un ritmo tirante y un montaje artesanal de excelente ejecución que reserva sus cambios para nudos relevantes en la trama con una plástica que recuerda a las frías atmósferas de los hermanos Coen de los 90, por lo que “Ni Un Paso En Falso” es uno de los mejores ejemplos del Neo Noir en lo que va del siglo, así como una digna entrada en la filmografía de su director.

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