Eduardo Cedillo
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-Hay días en que la presión de agua no alcanza para llenar ni una sola pipa en las garzas del Campamento de la Unidad de Operación Hidráulica de la Alcaldía Benito Juárez.
La presión óptima es de 10 kilogramos por centímetro cuadrado, explica uno de los empleados del lugar. En esas condiciones el contenedor de una pipa se llena en sólo 15 minutos.
Actualmente, en sus mejores días, la presión es de 6 kilos por centímetro cuadrado pero, cuando se reduce a sólo 3, ni siquiera vale la pena intentar abrir la llave.
«Yo cuando llegué aquí -tengo seis años- la presión estaba en 8 o 10; 8,10, y ahorita es de 3», explicó el trabajador.
«Como va pasando el tiempo, va bajando la presión».
En los días en los que el afluente se reduce, los camiones cisterna hacen fila por horas en las calles aledañas a la esquina del Eje 6 Sur con la Calle Lourdes.
No hay agua, pero la demanda no disminuye.
«El asunto es que sí, efectivamente, se ha aumentado la distribución de agua en pipas, y se ha implementado no solamente en Iztapalapa», explicó Ana Cecilia Espinoza, investigadora de la UNAM y experta en calidad del agua.
Este modelo de reparto ya tampoco es exclusiva de la periferia, sino que también se ha vuelto un sistema de emergencia para abastecer a los condominios y comercios de alcaldías como Benito Juárez.
No es una solución, pero es la forma de resolver a corto plazo el desabasto, detalló la especialista.
«Esta situación la estamos viendo cada día y con más frecuencia en lugares, por ejemplo, en la Benito Juárez», contó.
«En la Benito Juárez, que tomó un ejercicio de densificación con unidades habitacionales verticales. Solución para vivienda, pero que no dejan de ser unidades habitacionales en un espacio muy pequeño donde todo requiere agua y, entonces, estos centros son abastecidos por pipas».
Ante el incremento poblacional, el sistema de distribución de agua quedó rebasado: a más demanda de la red, menor presión y suministro.
Además, el uso emergente de pipas es cada vez más caro.
En 2020, como parte de las medidas preventivas en materia de salud por la pandemia, el Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex) firmó un contrato para servicios de transporte y dotación de agua potable en carros pipa de 10 mil y 20 mil litros para las 16 alcaldías.
El acuerdo cubrió ocho meses del año y tuvo un monto máximo de 12 millones de pesos. Para 2021, un contrato similar, pero para sólo 3 meses y 15 alcaldías, se firmó con un monto máximo de 19 millones de pesos.
En tanto, para Iztapalapa, Tláhuac y Tlalpan se contrató aparte a la empresa Unión de Agroproductores de Magdalena Petlacalco por un monto máximo de 70 millones de pesos.
«La voracidad de la Ciudad en consumo de recursos se nota muchísimo en este recurso: en el agua», señaló Espinoza.
A cuatro meses de terminar el 2021, la Alcaldía Magdalena Contreras agotó un contrato para la distribución con pipas cuyo monto máximo era de 10 millones de pesos. Un nuevo acuerdo debió ser girado.
Para la Magdalena Contreras, la única demarcación con un río vivo en la Capital, los coches cisterna son primordiales. En sus tandeos, participan 12 unidades de la Administración, cuyos modelos van de 1998 a 2017, además de cuatro pipas del Sacmex.
Actualmente, a esta flotilla se suman los viajes realizados por pipas contratadas por un acuerdo con valor de 8.6 millones de pesos en el que se contemplan 5 mil servicios.
Mientras Sacmex y las alcaldías proveen a vecinos y a dependencias oficiales sin suministro, los comercios contratan a firmas privadas de pipas para abastecerse.
REFORMA constató en recorridos que desde establecimientos de purificación de agua hasta centros comerciales como Patio Universidad y Plaza Universidad se aprovisionan por medio de camiones cisterna que, aunque operados por diferentes empresas, todos contaban con el distintivo del Sindicato Libertad.
Para Delia Montero, académica de la UAM Xochimilco, esta comercialización del agua representa un foco rojo por el mercado clandestino que puede surgir.
«¿De dónde saca el agua la pipa? Ese para mí es un problema, es un misterio y un problema», apuntó Montero.
«La otra es la falta de regulación de negocios clandestinos, no declarados, y yo pienso que también la falta de una mejor gestión del sistema de aguas».
La experta citó el ejemplo de algunas regiones de Texcoco, donde opera el comercio informal de agua por pipas.
«Como en otros años, en otros países, había tráfico de alcohol, aquí hay tráfico de agua», subrayó.
Además, la distribución mediantes vehículos tiene otro efecto: la generación de contaminantes.
«Un camión gasta gasolina, contamina; es decir, lo peor que puede hacer el Gobierno de la Ciudad de México es repartir el agua con pipas», aseveró.
En tanto, Espinoza externó preocupación por los efectos que genera la sobreexplotación de los mantos acuíferos de la Capital.
De acuerdo con cifras del Sacmex, en 2012, el total de pozos de la Ciudad la dotaba de un suministro de 13.6 metros cúbicos por segundo. Para 2020, el sistema de puntos de extracción otorgaba sólo 12 metros cúbicos por segundos.
De hecho, la extracción subterránea es la principal fuente de abastecimiento hídrico de la CDMX. Mientras el Sistema Cutzamala y el Sistema Lerma proveen del 29.3 por ciento y del 13.7 por ciento, respectivamente, la explotación de los pozos representa el 54 por ciento del recurso. Los ríos y manantiales equivalen sólo al 3 por ciento.
Sin embargo, las pipas parecen haberse convertido en una medida definitiva aunque imperfecta, indicó Espinoza.
«Yo creo que el futuro va a ser combinado, es decir, una parte del abastecimiento de agua llegará por un sistema formal de tuberías: por la red hidráulica de la Ciudad de México», consideró.

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