Daniela Perales Bosque

Desde el año 2018, el Gobierno Federal comenzó con la construcción en distintos tramos del famoso “Tren Maya” y desde ese entonces generó polémica por los posibles impactos en el ambiente y las comunidades afectadas. En los pasados días el sector 5 de este tren dio un giro inesperado sobre su construcción original. Se supone que este tramo que corre de Cancún a Tulum, sería construido por la carretera actual por la que circulan los vehículos, sin embargo, no contaron con que ya existían negocios en esta carretera, hoteles, restaurantes, entre otros, así que rápidamente comenzaron los disgustos por estas personas afectadas. El hecho de lidiar con ellos, generaba una mayor problemática para hacer las negociaciones y quizás tratando de evitar expropiaciones, pues es evidente que para la instalación de las vías del tren y lo que conlleve el proyecto como alguna estación generaría evidente espacio en una carretera muy desarrollada y habitada. Por lo que, para evitar toda esta situación se hizo una modificación de la ruta del tramo 5, optando por vía dentro de la selva.

En cuestión de días comenzaron a circular en redes, imágenes de la selva ya rasurada y fueron varios ambientalistas quienes daban a conocer mediante videos explicaciones de los posibles efectos y consecuencias de la construcción en medio de la selva, y es que a lo largo de esta ruta se atraviesan varios cenotes y realmente se desconoce lo que pueda pasar al construir encima de ellos, de esta manera, improvisada. De tener consecuencias fatales, se pone en riesgo la circulación de agua para la gente de estos estados. Además de que no se ha hecho una evaluación de impacto ambiental, por lo que se desconocen las consecuencias del proyecto improvisado.

El Gobierno Federal después del tumulto generado en redes sociales, ha dado a conocer que se reforestarían una gran cantidad de árboles, además de la trasplantación de muchos otros. Sin embargo, no se ha entendido que al entrar en un ecosistema y modificarlo, se fragmenta éste, se vulneran las especies, algunas mueren, otras dejan de reproducirse, simplemente trae consecuencias irremediables. No importarán en absoluto los nuevos árboles que quieran introducir, pues el daño estará ya hecho.

Encuentro que, al optar por el tramo vía la selva, se ahorran muchas negociaciones de las que había por la carretera de Cancún a Tulum, ahorrando dinero de expropiaciones. ¿En la selva a quién encontramos? La naturaleza, los animales, o incluso algunos grupos indígenas no tienen los mismos intereses, no podrán hacer las mismas negociaciones que los comerciantes de la carretera. No podrán luchar por impedirlo. Además del hecho evidente de la desinformación de grupos indígenas y comunidades cercanas acerca del proyecto, en las que el Gobierno simplemente se ha limitado a ofrecerles empleo en la construcción del tren.

El proyecto parece estar lleno de intereses por los grupos constructores, empresas y el propio Ejército Mexicano, una cuestión también preocupante. En un inicio el proyecto del Tren Maya pretendía unir al país, generar ingresos para el sur de México, fomentar el turismo, pero ¿a qué costo? ¿Y será que valga la pena el riesgo?

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