El respeto a las medidas sanitarias impulsadas por las autoridades estatales para prevenir cualquier riesgo de contagio por COVID-19 fue notorio este domingo, día en que se instalan los dos principales y más grandes tianguis en esta capital, el de La Purísima y la Línea de Fuego, en ambos casos fueron pocos los comerciantes que se atrevieron a instalarse, pues aseguraron, “necesitamos trabajar”.
En La Purísima los propios comerciantes estimaron que muchos faltaron porque no hubo claridad sobre si permitirían que los tianguis siguieran trabajando, “vemos cómo un día se dice una cosa y otro día lo cambian, con nosotros ya vinieron a decirnos que podremos instalarnos hasta nuevo aviso, pero que tomemos las medidas pertinentes”, comentó Antonio García, comerciante del lugar.
Mientras tanto, en el tianguis de La Línea de Fuego de San Juanito, -en la colonia San Pablo-, fueron más los comerciantes que acudieron a vender, sobre todo los que se dedican a “las chácharas”, ropa y cosas para el hogar. La mayoría de los que se pudo observar con la esperanza de tener algo de venta, fueron personas de la tercera edad que lamentaron que la gente se asuste.
El señor José Negrete, comerciante de cortineros de madera, comentó que hasta las 2 de la tarde apenas había vendido 120 pesos, “eso me ayudará apenas para pasar un día, ojalá que las medidas no sean más severas y que las autoridades vean que necesitamos trabajar, sí cuidar la salud pero que nos dejen estar hasta lo más que sea posible”.
En el caso de los comerciantes de comida, tacos, menudo, gorditas, enchiladas, frutas y verduras, fueron los que menos faltaron, y tal vez los que más clientes tuvieron en un domingo diferente de tianguis, aunque por referencia de ellos mismos, pocos fueron los que llegaron a comer, muchos pidieron para llevar, “eso nos aliviana”.
Los que sí reportaron muy poca ganancia fueron los cantantes callejeros que llegan a plantarse a los puestos de comida en la Línea de Fuego, en donde apenas obtuvieron unas cuantas monedas a cambio de su música; y los que de plano casi desaparecieron fueron los franeleros, pues ante los pocos autos qué cuidar, hubo quienes optaron por ni siquiera ofrecer su servicio.