Abel Barajas
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-Desde hace medio siglo, los túneles empezaron a ser usados por el crimen organizado hasta convertirse en objeto de reproches de Estados Unidos ante la incapacidad de México para sellar los cientos de pasadizos descubiertos en la frontera entre los dos países.
El primer subterráneo construido por narcotraficantes fue empleado para una fuga de prisión, pero con los años su uso se diversificó. A través de ellos empezaron a circular migrantes, armas, dinero en efectivo y mercancías ilegales desde o hacia la Unión Americana.
Los criminales también comenzaron a perforar el subsuelo para robar combustibles o construir redes subterráneas para evadir los operativos policiales, como en más de una ocasión lo hizo Joaquín «El Chapo» Guzmán, a quien en su juventud fue apodado «El Arquitecto» por su especialidad en esta infraestructura.
El narcotraficante sinaloense fue quien más invirtió en estas construcciones, pues no sólo fue el responsable de detonar la multiplicación de los pasadizos en la frontera a principios de los años 90, sino que también edificó una red de túneles en ciudades como Culiacán para usarlos como vías de escape.
Su obra más conocida es la que permitió su última gran fuga del Penal del Altiplano, un subterráneo que se construyó en poco más de un año a plena luz del día.

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