Josemaría León Lara Díaz Torre

El ser humano desde su existencia ha tratado de entender todo lo que lo rodea, sin importar el lugar en donde determinada civilización haya comenzado. Por ejemplo, siempre se procuró dar una explicación a los fenómenos de la naturaleza y por no encontrarla a simple vista en un plano racional, eran atribuidos a deidades.

Tal es el caso de la antigua Grecia, dónde a través de su mitología se logró interpretar el mundo en donde se vivía, pero sobre todo de cierto modo justificar las acciones inherentes a la naturaleza humana. Uno de los ejemplos más claros es el del personaje de Narciso que se enamoro de sí mismo al ver su belleza reflejada en el agua; debido a este mito, la humanidad adopto el término de narcisismo para todo aquel individuo que se caracteriza por adularse a sí mismo.

La historia puede llegar a ser considerada sabia puesto que va dejando vestigios del actuar del ser humano, demostrando que con el paso de los siglos la naturaleza del hombre permanece intacta. Los faraones egipcios y los emperadores romanos, son un claro ejemplo de cómo el narcisismo llevado a su máxima expresión convertiría a un simple hombre es una figura prácticamente divina.

Más la antigüedad clásica no es el único ejemplo de un abuso de una autoestima trastornada y excesiva, las dictaduras son ejemplos fehacientes de esa realidad de la condición humana, donde los líderes imponían su imagen prácticamente asimilándose a una especie de mesías.

En México es raro ser la excepción, demostrando que no es necesario ser emperador o presidente de la república para estar enamorado de uno mismo.  Tal es el caso del actual líder de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) Joaquín Gamboa Pascoe, quien la semana pasada tuvo el descaro de develar una estatua de sí mismo.

Abordar el tema de los sindicatos para muchos puede llegar a ser incomodo y para muchos otros hasta peligroso, sobre todo para aquellos que forman parte de la clase política, puesto que ha quedado demostrado que el poder de un sindicato puede ayudar a ganar una elección.

El movimiento sindical tuvo un origen noble y con ideales reales de justicia e igualdad, donde los trabajadores pudieran lograr respeto y dignidad por parte de sus empleadores. Pero como todo grupo social, cuando es descuidado, se desvirtúa desde sus cimientos.

Los sindicatos de trabajadores en la actualidad son entes perversos dónde las ambiciones y los cotos de poder perjudican el crecimiento real de nuestra patria. Y es que en particular son solo algunos sindicatos los que a su antojo pueden poner la estabilidad tanto política como económica del país en jaque. La famosa frase de “pan y circo” se aplica con singular frescura por parte del gobierno, dejando al pueblo contento a través de la repartición de atole con el dedo.

Dos ejemplos muy claros son aquellos donde se pretendió legitimar dos presidencias a través de la detención de líderes sindicales, como es el caso de Joaquín Hernández Galicia mejor conocido como “La Quina” líder del sindicato petrolero y el de Elba Esther Gordillo Morales, lideresa del sindicato de maestros.

Sé que es tonto culpar al gobierno de todas las calamidades del país, pero es increíble que por intereses “superiores” sea tolerado que los sindicatos abusen de su poder y desestabilicen la vida diaria de tantos mexicanos. ¿Acaso la educación de las nuevas generaciones no es un interés superior a cualquier otro? Patético es el caso de estados como Guerrero y Oaxaca (por mencionar algunos) donde la excusa de ir en contra de la reforma educativa ha dejado en el aire la educación de millones de niños.

Solo queda soñar con el surgimiento de una figura similar a la de La Dama de Hierro, donde en el uso legítimo del poder se logró en el Reino Unido quitarle poder a los sindicatos. México debe afrontar sus problemas con determinación, más nunca olvidemos que México somos todos tanto gobierno como ciudadanos.

Correo: jleonlaradiaztorre@gmail.com

Twitter: @ChemaLeonLara

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