RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

El presidente Andrés Manuel López Obrador cumplió ayer dos años como Jefe del Ejecutivo Federal. Y como en las corridas de toros, ya lleva su primer tercio del periodo constitucional que deberá cumplir de seis años, desde luego que esto si no se le ocurre llevar a cabo la peregrina idea que a millones de mexicanos nos tiene nerviosos de que se quiera reelegir, pues para eso ha estado trabajando arduamente en seguir manteniendo la mayoría en ambas cámaras legislativas. Lo que ha originado que su labor como presidente de la República hasta el día de hoy sea muy pobre, lo cual hasta cierto punto es incomprensible pues para qué luchar tantos años para llegar a la presidencia si ahora que ya está sentado en la silla presidencial no ha hecho absolutamente nada. Y decir nada es en verdad nada de nada. Sus arengas a sus seguidores en los mítines que por 18 años realizó a lo largo y ancho del país prometiendo el oro y el moro se le olvidaron con tan solo rendir protesta hace dos años. Salió peor que cualquier otro presidente de la historia, que es mucho decir. Él no habrá vendido parte del territorio a los gringos, como Antonio López de Santana, pero el hecho de no estar atendiendo debidamente la pandemia es un acto criminal que le duele más a los mexicanos por los miles y miles de muertos. Un presidente ignorante y soberbio que se ha negado sistemáticamente a usar el tapabocas por sus valores mal entendidos, lo que desgraciadamente se traduce en un muy mal ejemplo para una gran parte de la población. Son millones de mexicanos que no lo utilizan. A ello hay que agregar que hasta el mismo Hugo López Gatell, subsecretario de Salud y encargado de todo lo referente al manejo del COVID en nuestro país, ha sido vergonzosamente pusilánime y no se ha impuesto para señalarle al presidente que el uso del cubrebocas es una protección real para bajar los contagios. Si López Gatell fuera un hombre íntegro ya habría renunciado, pero puede más para él alimentar su ego y ser visto como un rockstar, que su dignidad ante la influencia presidencial de no acatar las normas sanitarias. En México la responsabilidad de la muerte de los miles de mexicanos es del presidente y de su subsecretario de salud. No por nada el lunes pasado el director de la Organización Mundial de la Salud, oriundo de Asmara, Eritrea, Tedros Adhanom, declaró que México se encuentra en “una mala situación de cara a la pandemia del Covid 19”, lo cual ya lo sabíamos todos los mexicanos. E hizo una petición: “Queremos pedirle a México que se lo tome muy en serio”. Y ahí fue en donde ya no sirvió la cosa, pues si el mismo presidente se protege solo con estampitas religiosas, pero no con el cubrebocas, por lo tanto no toma muy en serio la enfermedad. Entonces no se tomará muy en serio la recomendación de Tedros Adhanom. Michael Ryan, que es el director de Emergencias Sanitarias de la OMS señaló que México “sigue gravemente afectado por el COVID-19” y le dijo a todos los líderes del mundo que es muy importante que sean muy claros en el uso. En México las altas autoridades federales han soslayado todo lo anterior.

El periódico REFORMA publicó el día de ayer unas encuestas muy interesantes con motivo de los dos años de gobierno de López Obrador, la primera fue sobre si la población aprobaba o desaprobaba la forma cómo López Obrador está haciendo su trabajo como Presidente y en el comparativo con el año pasado que la población aprobaba en un 78 % su trabajo, para este año la aprobación bajó al 61%, que a pesar de todo sigue siendo muy alto. Los que desaprobaron su trabajo el año pasado fueron el 18% y en este año la desaprobación fue del 37%. Algo que sí preocupa en buen porcentaje a la ciudadanía es la seguridad, siendo el 47% los que consideran que en eso estamos mal. Un 30 % dijo que estaba bien. En lo que respecta al manejo del combate al crimen organizado el 52 % dijo que estaba mal y un 21% manifestó que lo estaban haciendo bien. Sobre la economía el 47% manifestó que estaba mal y un 30% dijo que estaba bien manejada. En lo que respecta al manejo de la salud en el país, y a pesar del mal manejo del coronavirus, un 37% dijo que estaba bien y un 38% dijo que estaba mal. O sea que está muy pareja la apreciación en lo que respecta a la salud en el país.

No cabe duda que el carisma del presidente sigue imperando en el ánimo de un gran porcentaje de la población que aprueba a ojos cerrados lo que haga y diga el presidente. A pesar de las evidencias muy fidedignas de los desaciertos gubernamentales que han incidido en hacer que la marcha del país sea para atrás, en casi todos los aspectos. Y para muestras bastan algunos botones:

Si Pío López Obrador no fuera hermano del presidente ¿Se hubiera quedado callado ante la corrupción que se mostró en unos videos?

Algo que nos preguntamos muchos mexicanos: ¿Por qué el presidente protege tanto a Manuel Bartlett? A pesar de que Bartlett fue parte importante del negro pasado priista. Incluso autor intelectual, se menciona, del asesinato del periodista Manuel Buendía. Hoy Bartlett sigue como el whisky Johnny Walker, ¡Tan campante!  Algo también inexplicable es el por qué el presidente justifica a Ana Gabriela Guevara, a pesar de que se le ha detectado malversación de fondos por varios cientos de millones de pesos en la Conade.

Algo que en gobiernos anteriores no se veía de manera tan burda y descarada es el hecho de que este gobierno ha asignado más del 77% de los contratos por adjudicación directa. Repito, como nunca antes. Doloroso es el saber que México es el cuarto lugar mundial en fallecimientos por Covid-19. Así mismo México tiene la tasa de letalidad más alta en América Latina. Preocupante y doloroso es que México es el primer lugar a nivel mundial en personal de salud fallecidos -doctores, enfermeras y enfermeros, etc.- por Covid-19.

En estos dos años hubo un incremento de 9.8% de homicidios dolosos -más de 68 mil víctimas-. Y en el año 2020 ha habido más de 20 masacres en el país. Entre enero y septiembre se han cometido más de 750 feminicidios, superando el total de 2019.

En el tema laboral, en estos dos años ya son más de 15 millones de empleos perdidos -formales e informales- y 500 mil empresas están a punto de quebrar. A pesar de eso el presidente sigue gastando en obras faraónicas- aeropuerto de Santa Lucía, Refinería Dos Bocas, el Tren Maya, en lugar de apoyar un Ingreso Básico Universal para las familias mexicanas. Tampoco importa que 70 millones de mexicanos no tengan para la Canasta Básica. A todo lo anterior hay que agregar el enfrentamiento que trae contra 10 gobernadores, a los que les redujo el presupuesto a un nivel indigno y con toda la intención de que les vaya mal para de ese modo él afianzar su proyecto político de la mano de MORENA.

Por lo anterior, y por muchas cosas más, el presidente López Obrador no tenía nada que celebrar el día de ayer. Aunque él tiene otros datos. Como colofón el ejemplo de lo dicho el lunes por Porfirio Muñoz Ledo, gente importante de MORENA, que aseguró que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no sigue su guía ética que difundió, al contrario, el partido de Morena “es un ejemplo de corrupción y podredumbre”. Y en esto también va su gobierno.