El diablo canta a la moda.

Son muchas las películas que abordan el mundillo de la música tratando de buscarle un enfoque humano que permita un descenso a la Tierra de esos semidioses melodiosos que conquistan el gusto popular. “Música, Glamour y Fama” se toma su bendito tiempo en localizar su foco argumental procurando un punto de vista equilibrado tanto de quien participa de la música a nivel ejecutante como de quien consagra su vida a su apoyo, y logra funcionar gracias a un reparto interesante  y comprometido en su mayoría que es la clave para que una historia con varios componentes que resuenan a otras producciones similares encuentre una voz propia.

La joven actriz Dakota Johnson, en otro intento por disipar la mala fama acarreada por su participación estelar en las vomitivas cintas “50 Sombras de Grey” protagoniza esta cinta interpretando a Maggie, la asistente de una famosa cantante de R&B ya entrada en años llamada Grace Davies encarnada por Tracee Ellis Ross, quien parece canalizar los aires de diva de su madre Diana Ross para darle vida a un papel que es lo mejor de la película, pues sin ser retratada como una mimada y déspota superestrella musical, puede ser una genuina perra en ocasiones. De hecho, Ross es quien se lleva la película gracias a una interpretación muy honesta con la que muestra un lado humano, melancólico y altivo de aquellos cantautores afroamericanos ochenteros que conquistaron alguna vez la radio con su mezcla de blues, jazz y pop manifestando dureza y seguridad a la vez que cierto extravío al no saber cómo cultivar su fama en la edad madura mediante lenguaje corporal y miradas sin apoyarse demasiado en los diálogos. Su contraparte es Johnson, quien en varias escenas simplemente no logra conjurar la determinación y optimismo que su personaje requiere– una melómana recalcitrante que busca apoyar a Grace en su declinante carrera como su fiel asistente a la vez que sueña con ser productora musical- por sus evidentes carencias histriónicas, dejando caer algunas partes importantes de la cinta facultando al resto del reparto para que lleven a cuestas el éxito dramático del filme, como Kevin Harrison Jr., quien personifica a David, un aspirante a cantante que comienza a involucrarse fortuitamente con Maggie a un nivel romántico y profesional y Ice Cube, interpretando al ambicioso pero no del todo malintencionado mánager de Grace, cumpliendo todas las exigencias de su patrona y ocasionalmente maltratando a Maggie.

Por fortuna, la directora Nisha Ganatra encuentra un correcto balance entre los aspectos dramáticos de la cinta producto de la rígida relación entre Grace y Maggie y el arco argumental general sobre ésta última y su meta de producir un disco a nivel profesional para que el resultado no tome la forma de un “El Diablo Viste a la Moda” sobre el mundo de la música. El filme permanece en el rincón de lo disfrutable, pero uno solo puede especular cuánto pudo mejorar de haberle dado el papel principal a una actriz más experimentada que le diera contrapunto al excelente desempeño de Tracee Ellis Ross.

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