Carlos Reyes Sahagún

Cronista del municipio de Aguascalientes

Quienes hemos tenido contacto con alguno de los archivos públicos de Aguascalientes conocemos a la señora María del Carmen Lozano Rocha, lo suficiente como para dar certero testimonio de su capacidad de servicio y disposición para auxiliar a quienes buscan alguna información de carácter oficial.

Primero en el Archivo General del Estado, y luego en el Archivo Histórico del Estado, Carmelita ha auxiliado a quienes se acercan en busca de algún dato. Cuando la investigación académica en el área de historia comenzó a desarrollarse, hacia mediados de los años setenta, ella ya estaba ahí, firmes, a teclee y teclee, o buscando y encontrando expedientes diversos, periódicos oficiales, etc.

Hace poco más de cuatro años platiqué con ella a propósito de su trayectoria, y ahora es buen momento para darle luz a esa conversación.

La señora Lozano inició su trayectoria archivística siendo casi una adolescente, en 1961, cuando comenzó a trabajar en el primitivo archivo estatal. Tan elemental era aquello que la dependencia contaba con un jefe, que lo era el teniente coronel retirado Pablo Baranda, y otra persona, el señor Juan Manuel Campos Arellano y, como en la ruleta, nadie más…

Inicialmente su trabajo consistió en organizar los periódicos oficiales; una tarea de capital importancia a la hora de ubicar todo tipo de ordenamientos legales emitidos por el Gobierno del Estado, de tal manera que de sus manos surgió el primer índice de esta publicación que, creo, continúa usándose.

Si asumimos que un documento público habla de nosotros; nos cuenta algo que quizá desconocemos, y está en condiciones de explicar el porqué de alguna situación de la comunidad que compartimos, entonces los archivos son los espacios que almacenan los elementos para la conformación de nuestra memoria colectiva. Pero un archivo sin organización está más cerca del olvido que de la remembranza. Un documento en un archivo no organizado está perdido o, en el extremo, no existe… He aquí la trascendencia de la tarea que realiza, no sólo la señora Lozano Rocha, sino el conjunto de personas que laboran en los archivos.

En su origen el Archivo General del Estado lo era de manera casi exclusiva de la Secretaría de Gobierno, entonces la principal dependencia del Ejecutivo estatal. De ella emanaban documentos relacionados con las concesiones de taxis, las relaciones con el gobierno federal, con los partidos políticos, conflictos obrero patronales, etc.

Una de las primeras tareas que se emprendieron, en el que fue el primer crecimiento de la institución, fue la organización del archivo del Poder Judicial, por año y por juzgado. Luego comenzó a recibirse documentación de la Procuraduría General de Justicia –las averiguaciones previas desde 1945–, de la Tesorería General del Estado, las pólizas de ingresos y egresos. En este rubro la documentación más antigua correspondió a la década de los años setenta del siglo XIX; legajos que cosían con hilaza en el departamento de contabilidad de la Tesorería.

El archivo adquirió su primer reglamento hacia 1980, cuando lo encabezaba el señor Ángel Hernández Arias, y fue en el transcurso de la administración del gobernador Miguel Ángel Barberena Vega que se emitió un decreto que obligaba a las dependencias a entregar sus archivos.

Originariamente esta dependencia estuvo en el edificio que anteriormente ocupó la escuela María Antúnez, en la avenida José María Chávez. En el transcurso de la administración del gobernador Enrique Olivares Santana esta construcción fue derribada y sustituida por otra que a su vez corrió la misma suerte que la escuela. Entonces el archivo pasó al Palacio de Gobierno, justo en el área donde se encuentra el mural “Aguascalientes en la historia”.

Después fue trasladado a donde por muchos años estuvo la Tesorería General del Estado, en la parte poniente del edificio sede de los poderes estatales, e incluyó el área de los talleres gráficos, a un lado de la cochera. Finalmente, durante la administración del gobernador Felipe González, pasó a su sede actual, muy cerca de la vía del ferrocarril.

En 1981 se fundó el que hoy es el Archivo Histórico del Estado aunque, según recuerda Carmelita, en un primer momento no se llamó así, sino Dirección de Documentación y Registro, porque se quería que se le integraran el Registro Público de la Propiedad y el Registro Civil, pero no se hizo.

Como suele ocurrir con las instituciones nuevas, en sus inicios este archivo fue muy rudimentario, apenas un cuarto y una estantería casi desnuda, falta de documentos, en el que se afanaban el profesor Alejandro Topete del Valle, director fundador, Pilar González, Elizabeth Buchachan… Entonces el Archivo General del Estado comenzó a ceder documentos, en primer lugar la colección del periódico oficial El Republicano, que se editó hasta la segunda década del siglo XX.

Carmelita afirma que todos los gobernadores se han interesado en el archivo, y en particular el profesor Olivares, quien frecuentemente hacía acto de presencia en ese lugar, nomás para saludar al personal. Por mi parte me acuerdo del papá de Carmelita, el señor Ramón Lozano Arellano, que también trabajó en el archivo, y que estaba al fondo del local, encuadernando periódicos y haciendo cajas para almacenar documentos. Recuerdo alguna plática con él, la manera como se iluminaban sus ojos claros al recordar al gobernador Olivares, yendo al archivo temprano en la mañana a saludar a los empleados, y ofrecer un apretón de manos, una palabra interesada y una sonrisa que durara para toda la jornada y fuera estimulante porque, después de todo, el gobernador era un personaje importante. ¿Se imagina la escena?

Pero no sólo Olivares iba al archivo. También lo hizo el profesor Esparza Reyes. Carmelita recuerda que este gobernante “llegaba muy temprano porque quería que los jefes dieran el ejemplo en sus oficinas. Hacía gira por todas las dependencias. Él instituyó el premio de empleado del mes, organizaba un desayuno, entregaba efectivo”.

La señora Lozano Rocha se jubiló en noviembre de 1992, pero dada su gran experiencia y conocimiento del medio; su disponibilidad para el servicio, se realizaron gestiones para que continuara con sus funciones. Ahora Carmelita está malita, y estoy seguro de que somos muchos quienes deseamos que se recupere pronto para verla, no al pie del cañón, sino de la computadora, haciendo localizables elementos de la memoria de Aguascalientes que el Archivo Histórico del Estado resguarda… (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.migrante@gmail.com).

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