Benito Jiménez
Agencia Reforma

LÁZARO CÁRDENAS, QR.- En tiempos de pandemia y con un País con semáforo rojo por el Covid-19, el Presidente Andrés Manuel López Obrador recorrió mil 600 por kilómetros de la Ciudad de México a Quintana Roo para dar un banderazo.
Apenas arrancó lo que llama la “nueva normalidad”, el tabasqueño atravesó un sinnúmero de contactos con personas sin protección para levantar los brazos, glorioso, como si se tratar de una hazaña.
El Mandatario le puso fin a su cuarentena en la capital del País para arrancar las obras de uno de los proyectos prioritarios de su administración: el Tren Maya.
Como el Aeropuerto de Santa Lucía y la Refinería de Dos Bocas, López Obrador le puso ayer cronómetro al cuarto tramo del tren que correrá de Izamal a Cancún.
El Mandatario se alejó de la zona turística y pernoctó entre los manglares: en la Décima Brigada de Policía Militar, enclavada en Isla Mujeres.
Este moderno complejo militar fue uno de los ambiciosos proyectos militares en el sexenio de Enrique Peña Nieto. Fue inaugurado en octubre de 2018.

La conferencia
En un anexo del comedor militar, el Presidente ofreció su primera conferencia de prensa fuera de Palacio Nacional, una vez que se decretó la emergencia sanitaria.
Ingresaron once reporteros de medios nacionales y se permitió el ingreso de reporteros de medios locales.
López Obrador llevó a diez funcionarios al frente, aunque los principales miembros de su gabinete de seguridad no portaban cubrebocas. Los Secretarios de Marina, Rafael Ojeda y de Defensa Nacional, Luis Sandoval, así como el comandante de la Guardia Nacional, Luis Rodríguez Bucio, evitaron el uso de la mascarilla. Tampoco la usó Enrique Flores, el responsable de contener el sargazo.
Otros que la usaron en un momento sí y en otro fueron Miguel Torruco, titular de Turismo -cuya familia festejó un “baby shower” el viernes pasado-, pues en algún momento se la colocó en la rodilla, mientras transcurría la conferencia. El titular de la Profeco, Ricardo Sheffield, lució sin la mascarilla al principio de la conferencia. Al final decidió colocársela.
En el mismo salón figuraron dos de logística, el vocero Jesús Ramírez, los operadores de consolas y una mujer que apoyó con el micrófono para la sesión de preguntas y respuestas. Todos sin cubrebocas y con diálogos cercanos.
Atrás, siete camarógrafos siguieron el evento y unos fotógrafos entraron a cuentagotas. En total 41 personas permanecieron en el sitio. Más las ambulatorias.
Quintana Roo acumuló hasta este fin de semana 352 defunciones y mil 883 contagios. Por las dudas, el Gobernador Carlos Joaquín nunca se quitó su mascarilla y sólo lo hizo para pasar al estrado a responder sobre la reactivación económica y turística en la entidad.
El micrófono fue utilizado por el Presidente (que se tocó la cara en varias ocasiones), el Almirante Ojeda -que se limpió el sudor de cara y cuello con la mano-, Sheffield, Torruco y el Gobernador Carlos Joaquín, que como los anteriores, pusieron sus manos en el estrado. El cruce en cada turno de los funcionarios para tomar el micrófono fue cercano.
En esa instalación militar, la Defensa Nacional ofreció un desayuno al Presidente y su comitiva. “Vamos a entrarle, a desayunar”, le dijo Sheffield al General Rodríguez Bucio en la misma mesa, tras la mañanera. También compartieron el pan y sal el Presidente y los Secretarios de Estado.
Mientras se organizaba el desayuno, en el comedor se contabilizaron más de 80 personas, aunque Sheffield y Rodríguez Bucio ya picaban el tenedor en los alimentos.

Los actos
El arranque de la gira del Presidente López Obrador coincidió con el Día de la Marina… aunque el Gobernador añadió que “con la llegada de huracanes”, el Almirante Ojeda que con el arribo de sargazo “aunque poco”, y Sheffield “que con el último día de Hot Sale”, de ventas vía electrónica, para comprar un viaje a Cancún, que reinicia actividades turísticas en una semana.
Luego de la conferencia, el Presidente acudió a la Quinta Región Naval a imponer ascensos y otorgar reconocimientos a personal médico de la Secretaría de Marina.
En el evento se contabilizaron 46 personas cercanas al López Obrador, entre militares y civiles. De nuevo, los cercanos al Mandatario, sin protección.
En la carretera Cancún-Mérida, en el punto donde López Obrador dio el banderazo a los trabajos del cuarto tramo del Tren Maya, aunque la zona fue limitada a 50 personas, los miembros de su equipo platicaron sin mascarillas ni la debida distancia.
El director general del Fondo Nacional de Fomento al Turismo, Rogelio Jiménez Pons, llegó al lugar con un cubrebocas azul, aunque se lo quitó antes de la llegada del Presidente. Y así platicó con el equipo de logística del tabasqueño, cuyos integrantes tampoco usaron protección.
Lo mismo ocurrió con los Secretarios de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú; de Turismo, Miguel Torruco; de la Defensa, Luis Sandoval; y con la directora general de ICA, Guadalupe Phillips Margain, quien platicó antes con Jesús Ramírez (vocero de López Obrador) del proyecto del Tren Maya.
El presidente municipal de Lázaro Cárdenas, Josué Nivardo Mena Villanueva traía mascarilla, pero sin cubrirle la nariz. En total 48 personas rodearon al Presidente en el banderazo.
Mientras en el templete se guardaba distancia, atrás, miembros de logística, parte de la comitiva y representantes de los medios de comunicación fueron concentrados en un sólo sitio, sin la distancia debida.
Tampoco lo estuvieron los habitantes cercanos a la zona del evento, esos a quienes López Obrador saludó con los brazos en alto, como si fuese una proeza, entre los aplausos de sus funcionarios.