Gerónimo Aguayo Leytte

Nuestro cerebro contiene aproximadamente 86 mil millones de neuronas y su desarrollado maximo se logra hasta los 25 años.

En él se gestan acciones simples como mover extremidades, algunas tan complejas como tocar con maestría un instrumento como un violín, el arpa o un piano. Por él percibimos el mundo que nos rodea desde sensaciones simples como un piquete o una presión en alguna parte de nuestro cuerpo, hasta sentir texturas, diferentes grados de temperatura, toques eléctricos. A través de los órganos de los sentidos que procesan la información en las neuronas cerebrales somos capaces de escuchar, de ver, de oler y saborear una gran gama de estímulos.

Por el adecuado funcionamiento de nuestras neuronas entrelazadas en complejas redes que se conectan unas con otras, en las diferentes regiones de nuestro cerebro, somos capaces de planear, organizar, idear, interpretar y crear teorías filosóficas, proyectos científicos y tecnológicos, obras de arte de todo tipo, admirar la naturaleza, compartir todo esto y además la amistad, la compasión y el amor a través del lenguaje en todas sus formas y finalmente intuir la presencia de Dios.

También en nuestro cerebro se anidan el control de nuestras emociones, tanto las más nobles como las más bajas, como la ira incontrolable, el apetito sexual irrefrenable, la envidia, la crueldad. Y toda esta red intrincada de neuronas nos permite ser conscientes de nosotros y lo que nos rodea y por medio de la experiencia, el aprendizaje, la imitación y sobre todo por la educación somos capaces de moldearlo y con gran esfuerzo y dedicación pulir y acrecentar nuestros talentos en beneficio de los demás.

Nuestro sistema nervioso central está compuesto por los hemisferios cerebrales en donde reside este tejido neuronal del que hemos hablado, además del cerebelo ( cerebro pequeño, en latín) localizado en la parte posterior y debajo del cerebro, que tiene importantes funciones en la coordinación motora y en el equilibrio entre otras, y el tallo o tronco cerebral, delicada estructura que une el cerebro y cerebelo con la médula espinal y donde se encuentran alojados los núcleos de los nervios craneanos que intervienen en la movilidad ocular, de la cara, los movimientos del paladar, de la lengua, la sesibilidad de la cara, la olfación, la audición, el equilibrio, la deglución, la fonación y alberga un importantísimo grupo de neuronas que intervienen en nuestro estado de despiertos. Todo este conjunto de elementos: cerebro, cerebelo y tallo cerebral se conocen como encéfalo y junto con la médula espinal constituyen lo que conocemos como sistema nervioso central.

Cuando dormimos nos desconectamos del mundo pero rápidamente podemos volver a tener conciencia. Nuestro encéfalo sigue trabajando para despertar descansados y con mayor lucidez. En ocasiones este sueño es más profundo y se relaciona con trastornos químicos o del metabolismo, lesiones por infartos o hemorragias, tumores, infecciones, traumatismos o fallas graves del corazón que interrumpe transitoriamente el flujo sanguíneo cerebral, produciendo entonces sopor, coma y el estado conocido como muerte cerebral o encefálica, que significa la ausencia total de reflejos o respuestas a la exploración neurológica que por definición es irreversible y en horas o días conduce a la muerte del individuo. La persona en estos casos, suele ser apoyado por un ventilador que introduce aire y oxígeno a los pulmones, su corazón sigue latiendo pero desafortunadamente aunque parezca solo dormida, no tiene respuesta alguna a cualquier estímulo externo.

Actualmente disponemos de pruebas confirmatorias de muerte encefálica, de tipo funcional así como por imagen que sirven al personal médico para tomar la decisión de retirar el apoyo ventilatorio. En nuestro medio con frecuencia vemos casos de muerte encefálica en jóvenes por accidentes automovilísticos y menos frecuentemente por otra causas, con la posibilidad de donación de órganos.

Nuestro sistema nervioso central, tan complejo y tan sensible a la falta de oxígeno y glucosa, en situaciones graves como vemos, muere primero, permitiendo con los avances tecnológicos de hoy, que varios de los órganos del enfermo al ser trasplantados en otros pacientes, les permitan seguir viviendo con plenitud. Para mí es uno de los mayores gestos de generosidad que podamos conocer, que se comparte con la familia del donante al autorizar finalmente la donación de diversos órganos.