Jorge Ricardo Nicolás
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-Antes de morir por Covid-19, Héctor Hernández fue llevado de hospital en hospital por sus familiares durante toda una noche.

Tras visitar siete hospitales en cinco alcaldías de la Ciudad de México fue admitido en uno; el recorrido, junto con la denuncia por saturación y negligencia, fue descrito por su sobrina, Jessica García, a través de su cuenta de Twitter.

Jessica cree que su tío, un contador de 54 años, se contagió cuando visitó a su hermano, el médico internista Fernando Hernández, de 46 años, quien falleció el 6 de mayo por Covid-19.

“Mi tío fue por un mueble para su papá a la casa de su hermano. Al parecer ahí fue donde se infectó porque, además, la familia de mi tío el médico, también dio positivo”, dice en entrevista.

Su tío médico se contagió probablemente en el Hospital General Tacuba, pues ahí trabajaba, al mismo tiempo que en el de Pemex de Azcapotzalco, donde fue internado dos semanas antes de su muerte.

El médico ya estaba en cama cuando su hermano tuvo síntomas de gripa y se aisló en su casa.

El sábado 25 de abril, Héctor Hernández se hizo una prueba en un laboratorio privado que salió positiva. El martes 28 sus síntomas agravaron.

Tenía dificultad respiratoria, dolor de cabeza, temperatura muy alta, tos y diarrea. Su familia llamó al teléfono de atención de Covid y los mandaron al Hospital Belisario Domínguez, en Iztapalapa, en la misma Alcaldía donde vivía. Eran las cuatro de la tarde.

Ahí fue cuando comenzó su carrera desesperada. Héctor Hernández iba convaleciente en el auto de su otro hermano, el papá de Jessica García.

La abogada de 33 años relata la historia con la voz entrecortada, con coraje y llanto.

En el Hospital “Belisario Domínguez” les dijeron que seguramente tenía neumonía y les dieron un pase para el Centro Centro Banamex, en Miguel Hidalgo, habilitado como Hospital Covid.

Ahí les reclamaron que por protocolo debería de llegar en una ambulancia y que solamente atendían casos específicos. Se fueron al Hospital “Enrique Cabrera”, en la Álvaro Obregón, pero la respuesta fue que a esa hora no había ningún médico especialista y que regresaran al día siguiente.

Fueron entonces al Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), en Tlalpan, a que les confirmaran que estaba muy grave, pero que no había camas. Le pusieron oxígeno y lo iban a dejar sentado en una silla hasta que se desocupara una. Así que lo sacaron y siguieron buscando.

A las 23:49 horas, en su cuenta de Twitter, @1103Jessica, la abogada denunció: “Tengo un familiar confirmado por covid que ha dado vueltas más de 4 horas”.

Mientras su tío iba sin poder respirar en el auto de su padre de una Alcaldía a otra, ella revisaba la aplicación de hospitales disponibles y llamaba a Locatel. A parecer había disponibilidad en el Hospital Pediátrico de la Villa, en la Gustavo A. Madero, pero al llegar les dijeron que sólo admitían a niños. En el Hospital General de la Villa lo rechazaron por falta de disponibilidad.

A las 2:30 horas del miércoles en Locatel les dijeron que había camas en el Hospital “Enrique Cabrera”, de donde ya los habían rechazado.

“Me dijeron que esa era la información que tenía y que la aplicación de hospitales estaba mal porque, por ejemplo, el Hospital de Cardiología aparecía con disponibilidad, pero que ya estaba totalmente saturada. También me dijeron que en el Pediátrico de La Villa sí admitían a adultos”, relata.

Casi a las tres de la mañana los recibieron en urgencias del Hospital General de Ticomán, en la Gustavo A. Madero, y le pusieron oxígeno, pero le dijeron que mejor buscara otro hospital, pues la lista de espera era muy larga. Finalmente, cerca de las nueve de la mañana Héctor Hernández fue admitido en el tercer hospital que habían visitado anteriormente.

“Mas de 12 horas después de que mi familiar estuvo buscando hospital por tener COVID, apenas lo van a atender en el 3er hospital al que había ido pero no había médico en ese momento que lo revisara. ¿Cómo pueden permitir esos peregrinares entre hospitales?”, escribió Jessica en Twitter. Eran las 10:33 horas del miércoles 29 de abril.

Su tío murió el lunes 11 de mayo, un día después de que su familia aún no había localizado el RoActemra, un medicamento que les habían solicitado.

A las cinco de la mañana del pasado lunes les dieron la noticia por teléfono de que había muerto. Aunque la familia aún esperaban el dictamen médico, lo cremaron siguiendo el protocolo para los muertos por Covid-19.

“Yo creo nadie debería de sufrir esa sensación de impotencia y frustración”, dice la abogada vía telefónica.

“Todo es confusión, lamenta, información errónea, o la certeza oficial de que todo va muy bien mientras se abren más hospitales”.

El número de muertos llegó el miércoles a los 4 mil 220 y el de casos, nada más los confirmados, ha superado los 40 mil.

“Otra cosa es la realidad”, dice Jessica y se pone a llorar.

La esposa y los dos hijos del médico internista Fernando Hernández se hicieron la prueba y salieron positivos, aunque son asintomáticos.

Jessica García confía en que su papá, quien llevó al contador de un hospital a otro, no esté contagiado. Usó guantes, cubrebocas y careta.

“Se acaba de hacer la prueba el sábado, y estamos esperando”, dice.