Estamos en la antesala de la jornada electoral. El 2 de junio está aquí. Y pensar que cuando López Obrador empezó con su patraña de las corcholatas se veía muy lejana la fecha para las elecciones. Y decimos que la patraña de las corcholatas porque todo el tinglado que armó el presidente fue sólo eso: una argucia engaña bobos y con esto de bobos –por no decirles más feo– me refiero a los funcionarios que se inscribieron a la patraña perversa del presidente, que en un afán de darle un toque democrático a la elección de la o del candidato de Morena, ideó López Obrador, quien desde antemano ya había decidido quién sería la candidata: Claudia Sheinbaum. Como sucedió. Lo de las corcholatas sólo fue para que Morena se viera ante los ojos de la población como un Movimiento que se apegaba a las reglas y permitía que sus afiliados pudieran competir por ese importante puesto de elección popular, el más importante de México: La Presidencia de la República. Y desde luego que millones de mexicanos, así como las corcholatas, sí creyeron que la cosa era legal, pero Andrés Manuel ya había decidido desde mucho tiempo antes quién era la que no le podía fallar ni mucho menos quitar el control de Morena y las decisiones que López Obrador pretende seguir tomando aún y habiendo terminado su sexenio. El presidente no va a soltar el poder. El Peje pretende ejercer un Maximato, al estilo de Plutarco Elías Calles. Sólo que en este caso es porque la meta que él pretende es la de encaminar a México al socialismo. Y hasta eso, el presidente no ha engañado a nadie en este deseo que tiene, pues sus actos han sido totalmente claros. No ha ocultado, ¡para nada!, sus preferencias políticas ni ha escondido el gran afecto por gente como Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba, Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, o su simpatía por Daniel Ortega, presidente de Nicaragua. Puras finas personas como usted podrá ver.

López Obrador no va a desistir de su idea de llevarnos al socialismo y para ello el primer paso es el de dejar como delfín en la presidencia a alguien que pueda manejar, alguien maleable, que no le respingue y sobre todo que tenga sus mismas ideas socialistas, y Claudia Sheinbaum era la ideal para su proyecto. Eso de que López Obrador se va a ir a su rancho en Tabasco, es puro bluff, él va a seguir teniendo agarrados los hilos de la política en México. No es posible creerle que ya no actuará en la política cuando todo su sexenio se la ha pasado mintiendo. A lo largo de sus mañaneras ha dicho con gran desparpajo cientos de mentiras. Y cuando alguien le cuestiona con hechos palpables, el presidente se la saca con su ya famosa frase de: “Yo tengo otros datos”. López Obrador es un mitómano, pero de muy alto nivel, dice mentiras como respira.

Lo más increíble es que a pesar de que está a la vista el mal gobierno, las raterías en las obras faraónicas, los corruptos funcionarios que integran su gobierno, los malos y deficientes servicios que ofrece el Estado -salud, educación, seguridad, etc.- los miles de muertos a lo largo de sus casi seis años de gobierno, el empoderamiento del crimen organizado. Aunado a lo anterior, se debe sumar toda la cauda de familiares -principalmente sus hijos- y parientes -sus hermanos- así como amigos de sus hijos y funcionarios corruptísimos que van a salir perteneciendo a la camada de nuevos multimillonarios. O gente como Arturo Saldívar, o el indeseable Epigmenio Ibarra que se ha beneficiado enormidades en este sexenio. Decíamos que lo más increíble es que a pesar de todo lo anterior gran parte de la población ¡todavía cree en la honestidad de López Obrador y de Morena! Creen que Claudia Sheinbaum va a ser, si gana, autónoma en sus decisiones. Que ella se manejará ya sin la égida lopezobradorista. ¡Falso! Repetimos: López Obrador seguirá manejando los destinos de México tras bambalinas.

Y lo que son las cosas, a López Obrador se le complicó la elección por soberbio y porque no es tan inteligente como él se cree. Muy caro le salió no haber recibido a Xóchitl Gálvez el día que fue a la mañanera a aclarar unos dichos en su contra del presidente. No la dejaron entrar los guardias a Palacio Nacional, y eso que era una senadora de la República y de que llevaba una orden de derecho de réplica. López Obrador, repetimos, por soberbia ¿o temor? ordenó que no entrara. Eso le picó la cresta a Xóchitl, a quien le había pasado por la mente buscar la candidatura a la presidencia de la República, quizá a la jefatura de la CDMX sí, pero nunca a la presidencia. Esa mañana, López Obrador sin imaginárselo creó un monstruo para él y su movimiento que ya lleva meses quitándole el sueño y la prueba está en que a diario la menciona en la mañanera.

Hay mucho de qué hablar de esta lucha entre el Peje y los que él llama despectivamente los conservadores. Su desprecio por los empresarios, nomás hay que ver la bronca que trae con Salinas Pliego, y por los fifís. En fin, para contrarrestar este mal gobierno, el domingo los ciudadanos tendremos quizá la última oportunidad. No la desperdiciemos.