Un 26 de marzo de 1966, estudiantes organizados en el llamado Círculo de Estudiantes de Aguascalientes, encabezados por Salvador Muñoz Franco, deciden en una asamblea llamar a huelga, argumentando “la designación ‘arbitraria’ de autoridades IACT, ante la cual los estudiantes afirmaron que la Junta de Gobierno no había tomado en cuenta su opinión para esta importante decisión” (Camacho, 2020). Imaginemos la relativa calma de la sociedad de Aguascalientes y que surgiera una inconformidad entre los estudiantes con un llamado: “entre los estudiantes fue muy popular la decisión de hacer la huelga” (Camacho, 2020). Algunos alumnos que se oponían a la huelga, y maestros al interior de la institución, querían desautorizar el movimiento, argumentando que la mayoría de los alumnos no sabía del origen y causas y que lo hacía simplemente por una especie de ociosidad.

Los periódicos de aquella época registran, un día después de lo ocurrido, de la siguiente manera: “cierran planteles del IACT, pero ¿Qué tienen que andar haciendo la bandera comunista en estas cosas?”. La nota en la primera plana del Sol del Centro, del 27 de marzo, a la bandera se refería como unos trapos negros y rojos, señal universal de huelga, pero el diario o estaba desinformado o buscaba desprestigiar dicho movimiento, como era algo común en la época, con el afán de “satanizarlo” con el comunismo y, con ello, generar antipatía en la sociedad conservadora.

El 29 de marzo, los estudiantes publicaron un pliego petitorio en diarios locales, donde establecían, principalmente, tres puntos; a) se desconozca la actual Junta de Gobierno y se designen en su lugar personas idóneas y capaces de hacer que este organismo cumpla integralmente su cometido; b) se desconozcan a los directores nombrados sin atender a los órganos de consulta; c) dicten el cese inmediato de las cátedras ocupadas por maestros que carecen de las condiciones académicas elementales. (Sol del Centro, marzo 1966).

Un dato que resalta de dicho pliego es que no sólo es firmado por Muñoz Franco como presidente del CEA, sino también por José Antonio Lara Villareal, dirigente de la Confederación Nacional de Estudiantes y que había llegado del Distrito Federal para apoyar al movimiento estudiantil local.

Este último –Lara Villareal– tomó el liderazgo del movimiento, desplazando políticamente al presidente estudiantil local; dos ejemplos de ello son: En determinado momento, anunció una huelga de hambre, la cual llevó a cabo frente “(para la cual eligió el frente) de la casa del doctor Fernando Topete del Valle, presidente de la Junta de Gobierno” (García, 2003). El segundo hecho fue que, en una reunión extraordinaria del Consejo Directivo del IACT, sin ser integrante de dicho órgano, tomó la palabra, externando “el movimiento existente [era] de tipo estudiantil, sin ninguna violencia que lo desvirtúe y que si no se [resolvería] favorablemente, el movimiento [continuará], ya que violó el estatuto de la Ley Orgánica […] para la designación de nuevos Directores” (García, 2003). La llegada de este dirigente estudiantil “nacional”, y su capacidad de política, comenzó a levantar sospechas de que existían agentes externos al estudiantado que lo movían.

De dichas acciones, los estudiantes lograron, en una primera instancia, la renuncia de 3 de los 5 miembros del Consejo Directivo, pero exigieron la renuncia o remoción de los dos restantes, para lo cual convocaron a una marcha silenciosa hasta sus domicilios.

Finalmente, el 13 de abril, se anunció la resolución del conflicto nombrando un nuevo Consejo Directivo dentro del IACT y poniendo fin tanto a la huelga como al movimiento estudiantil.

Podríamos registrar este movimiento estudiantil como uno de los primeros existentes en lo que hoy es la Universidad Autónoma de Aguascalientes y que tendría incidencia en la formación de muchos de los estudiantes que después, de una u otra forma, militarían en la actividad política, social, académica o intelectual de Aguascalientes.

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