Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México

El epicentro de la organización estudiantil fueron las Normales Rurales; por ello, eran las que tenían dinámicas intensas, luchas internas y desgastes. “En ese contexto, entre 1961 y 1964, las normales rurales pasaron por una división: unas agrupadas a la FECSM y otras al Consejo Nacional Permanente (CNP) de ENR. Mediante la FECSM, las ENR estaban afiliadas a la Confederación de Jóvenes Mexicanos (CJM), pero la pasividad de ese organismo y su filiación oficialista provocó que los normalistas representados por el CNP-ENR optaran por formar la Central Nacional de Estudiantes Democráticos (CNED), entre 1963 y 1966” (Flores, 2019). Lo anterior tuvo resonancia trascendente en Aguascalientes.

Como importante antecedente, el 15 de mayo de 1963 en Morelia, Michoacán, se desarrolla, con 250 delegados estudiantiles, la Primera Conferencia Nacional de Estudiantes Democráticos que para algunos es el detonante organizativo e ideológico de los movimientos estudiantiles y juveniles de las próximas décadas. Eso detonó que, la semana siguiente, se desarrollara en Aguascalientes el VII Consejo Nacional de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México, llevándose a cabo en la Normal de Cañada Honda del 19 al 22 de mayo, con un propósito, el cual lo describe José Santos Valdés: “el de preparar lo necesario para hacer la unidad, pues se encontraban divididos en dos grupos. Sus acuerdos de mayo fueron en el sentido de celebrar a fines de octubre –allí mismo, en Cañada Honda–, su congreso de unificación y así lo hicieron (Santos, 1968). Imaginemos que la principal organización estudiantil del país, y con una ideología de izquierda, eligiera al estado de Aguascalientes para realizar los preparativos de un evento de tal trascendencia.

Finalmente, el Congreso se realizaría en el mes de noviembre, donde surgió el rumor de que estuvo presente Lucio Cabañas, quien fuera presidente de dicha organización estudiantil y líder moral de los estudiantes; dato que ha quedado en la anécdota, sin comprobar, pues sólo está la versión registrada por Daniel Carlos, tomada directamente de Carlos Vela, protagonista directo del evento. “Es lógica la afirmación, en tanto, aun habiendo ya dejado la dirección de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México, prevalecía en el profesor guerrerense la influencia directa en la organización, además de que uno de los motivos centrales de la reunión, que era la búsqueda de la unidad interna, se debía a la división abierta desde que él asumió la secretaría general tres años antes y sin duda había que participar directamente en la búsqueda por cumplir con ese objetivo.” (García, 2003).

Desde el jueves 7 de noviembre de ese 1963, se comienzan a recibir a las delegaciones de estudiantes, como lo registra José Santos Valdés, en su libro Madera. Razón de un martirologio. “Las delegaciones de 27 de las 29 escuelas normales rurales, fueron numerosas. Todos sus trabajos fueron de organización. No hubo nada de conspirar contra el régimen ni de amenazar a éste con una sublevación armada. Su intención era la de llegar unificados a la toma de posesión de Díaz Ordaz para poder defenderse mejor.” (Santos, 1968). En la gran parte de la sociedad del estado, pasa desapercibido dicho evento político-estudiantil, pero Santos Valdés detalla que “Aparecieron otros agentes abiertamente empistolados interrogando a personas que trabajaban en la escuela y amenazándolas. Se retiraron un poco, pero andaban perdidas entre los mezquites… Y hasta un camión de volteo, con soldados, se estacionó por unos días frente a la puerta del salón de sesiones del congreso.” Por supuesto que, para el Gobierno Local y Federal, era un evento de importancia política al que tenían que darle seguimiento y, por ello, sus estrategias de tratar de infiltrarse y boicotearlo, como continúa la descripción: “Los muchachos resistieron todas las provocaciones. La que ya no aguantaron fue la presencia de más de 200 soldados de caballería que –al atardecer de uno de los últimos días– estuvieron dando vueltas alrededor del jardín frente a la escuela y luego se retiraron a un lugar cercano, en el que acamparon y toda la noche estuvieron disparando sus armas (…) Los muchachos ya enardecidos, protestaron y difícilmente escucharon a sus líderes que les pidieron esperar –a petición mía– que las cosas se aclararan. No se aclaró nada: el jefe de las operaciones militares nos explicó que se trataba de maniobras de rutina y nos enseñó el cuaderno con los planes del Estado Mayor. Nadie lo creyó. Pero él –personalmente– acompañado del secretario particular del gobernador de Aguascalientes y por mí, fue a Cañada Honda y les pidió disculpas a los congresistas y de paso les dijo un breve y radical discurso, asegurándoles ser amigo y que nada igual o parecido volvería a ocurrir…” (Ibídem). Sólo pensar en la escena, donde había decenas de líderes estudiantiles de todo el país, vinculados con tendencia ideológica de izquierda, y, a unos pocos metros, cientos de soldados realizaran maniobras de “rutina” con detonaciones incluidas, es para que cualquiera entrara en una zona defensiva y sospechara de un golpe con tintes autoritarios.

A partir de ese evento nacional, la organización estudiantil de Cañada Honda comienza a tener mayor activismo político en el estado y podría ser considerado como el principal núcleo de organización y resistencia juvenil en el segundo lustro de los años 60 en Aguascalientes, apoyando el surgimiento y conformación de otros movimientos u organizaciones estudiantiles locales, estableciéndose como solidaria con cualquier otra manifestación de carácter social. De ahí la importancia y trascendencia de estos eventos que se desarrollaron en el estado y que, para el grueso de la sociedad, pasaron desapercibidos.

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