Jose Luis Adriano Sanchez 
Agencia Reforma

CDMX.- Las plataformas digitales ponen al alcance de todos foros de discusión y debate, espacios que han permitido visualizar más rápidamente puntos de vista y contrastarlos. Esto ocurre todos los días en Twitter y sin duda es algo deseable como sociedad democrática, pues en teoría implica que las personas vean, discutan y seleccionen las mejores ideas antes de adoptar una postura pública. Sin embargo, soy consciente que pensar que esto ocurre así, sin fricciones o riesgo, es ingenuo, tanto en nuestra vida offline como en la online.

No es difícil ejemplificar disrupciones a este diálogo: basta pensar en las discusiones que hemos tenido alrededor del magno ciclo electoral de América Latina en 2018 – 2020 o en las que se han dado alrededor de las protestas públicas en toda la región en los últimos meses.

¿Porqué sucede esto entonces? ¿Porqué si contamos con la capacidad de dialogar en tiempo real como nunca antes, hay quienes creen que estamos más polarizados que nunca?

La explicación simplista del porqué de este sentir es culpar a la naturaleza del diálogo online de todos estos problemas, pero es una tesis que elude la reflexión seria sobre cómo mejorar nuestro tejido social.

Con esto en mente, en Twitter trabajamos constantemente para garantizar que nuestro servicio funja como un vehículo para unirnos como sociedad. De hecho, la misión de la plataforma es servir a la conversación pública y este trabajo es constante en Twitter: políticas, procesos y producto se centran 100 por ciento en este objetivo.

Como ejemplo, en 2019 Twitter pasó de depender casi absolutamente de los reportes de los usuarios para remover contenido abusivo a remover hasta en 50% del contenido abusivo de manera proactiva. Este esfuerzo proactivo incluye el trabajo para frenar automatizaciones y cuentas que buscan manipular la plataforma (frecuentemente catalogados por los usuarios como “bots”), en cuyo rango hemos desafiado a más de 97 millones de cuentas en el primer semestre de 2019.

En cuanto a producto, como anunciamos al lanzar nuestra herramienta de moderación de respuestas, seguimos trabajando en nuevos controles y mayor claridad sobre las reglas de los espacios de conversación en aras de promover más diálogo y mejores conductas que incentiven el diálogo.

El efecto de este cambio puede ser bastante significativo. Como muestra, en países donde se piloteó la herramienta de moderación, el 27 por ciento de las personas cuyos Tweets se ocultaron, dijeron que reconsideraron cómo interactuar con otros usuarios en el futuro. Aunado a esto continuaremos explorando más opciones sobre quién puede responder o ver conversaciones específicas, y estamos probando cambios en las interacciones para ver si estos conducen a conversaciones más saludables.

Otro cambio significativo es la reciente opción de seguir “temas” (topics) en Twitter, para incentivar que los usuarios sigan conversaciones, no solamente a quienes las lideran. El desarrollo futuro de esta opción puede ser determinante: si nos concentramos en los intereses más que en las interacciones podemos lograr que se privilegien las ideas, los gustos e intereses, no las personalidades.

Concentrar el diálogo en qué se dijo, no en quién lo dijo, es ya un diferenciador clave entre Twitter y otras plataformas. Pero, sin importar los esfuerzos anteriores, si pretendemos realmente abonar a una sociedad más informada y más propensa al diálogo, necesitamos avanzar también en la tarea más compleja de incrementar la Alfabetización Digital de todos las personas que emplean estas plataformas digitales.

Por ello, mediante una alianza con la Organización de Estados Americanos, Twitter creó la “Guía sobre Alfabetismo y Seguridad Digital”, con la cual buscamos dotar a las personas de herramientas y habilidades básicas para servir a la conversación pública. Recomendaciones y responsabilidades tan básicas como el saber qué hacer ante comportamientos abusivos, pero también cómo evitar ser parte del problema de la desinformación.

Por ejemplo: ¿investigo la fuente de los comentarios que veo en Twitter, o solo hago esto cuando veo puntos de vista contrarios al nuestro? ¿Denosto y denuncio amenazas de violencia contra todos los usuarios o celebro cuando le pasa a alguien con quien no concuerdo? ¿Entiendo que compartir imágenes íntimas sin consentimiento no se justifica nunca o creo que quien las generó debe sufrir las consecuencias por haberse tomado esas fotos?

Y, retomando el tema de la polarización que aludo al inicio de este artículo, ¿me sumo a conversaciones o más bien a porras?

Esto último es quizá donde todos tenemos mucho que hacer: plataformas, gobierno y sociedad.

Porque mientras nos sigamos auto etiquetando en dos polos de conversación, y pensemos que “gana” quien grita más, no habrá una verdadera conversación.

No se trata de obsesionarnos porque sea tendencia #ApoyoPropuestaB, sino en que nos concentremos en discutir esa #PropuestaB.

A Twitter lo mueven las conversaciones, no las porras. No entender esto es seguir pensando que ser tendencia es el objetivo principal de una estrategia de comunicación digital en el siglo 21. Nada más lejano a esto.

Ser tendencia es una herramienta, nunca un fin en sí mismo. Si no entendemos esto y preferimos jugar a contrastar #YoSoyEquipoA vs #YoSoyEquipoB no entenderemos que todos los ciudadanos que no son ni A ni B, y que sospecho son la gran mayoría, no podrán sumarse a una conversación ni podrán nutrir al debate público, y por ende, en vez de más ideas y mejores propuestas, solo tendremos estridencias.

En este 2020, movamos a Twitter con conversaciones, no con porras. Está en todos lograr esto.

Hugo Rodríguez es el director de Políticas Públicas para Twitter SPLatam.

@HugoRodriguezN