Fernando López Gutiérrez

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Para Flavia, con mi respeto y admiración permanentes (aunque no comparta mi opinión).

Desde su nacimiento, el Movimiento Regeneración Nacional (MORENA) ha hecho de la crítica al régimen político y económico vigente su principal instrumento para obtener adeptos y ganar la confianza de la población. La reprobación sistemática e irreductible de la labor gubernamental, de las acciones de los partidos y la conducta de algunos de sus militantes le ha permitido captar la simpatía de un número suficiente de mexicanos —distribuidos en las diversas entidades federativas— para respaldarlo en su constitución como partido político nacional.

Los líderes de MORENA han construido un discurso que alude a un cambio verdadero, a la renovación y la esperanza, con base en su autoproclamada calidad moral y en la virtud del pueblo, del cual se consideran representantes genuinos. La insatisfacción social ante el desprestigio de la clase política tradicional y el desánimo reinante en torno a la falta de oportunidades, han contribuido a que algunos mexicanos vean en dicho partido una alternativa completamente distinta, confiando íntegramente en la congruencia de sus dirigentes y en la cabalidad de sus promesas.

Sin embargo, la probidad y ecuanimidad absolutas que se esfuerzan en ostentar muchos de los dirigentes de MORENA no soportan la prueba de los hechos, ni la de la razón. Sus principales fundadores son producto del sistema que desprecian y a lo largo de los años han transitado, con clara vocación por el poder, a través de las administraciones; se han mantenido vigentes en la vida política del país, acordando, negociando, transigiendo.

Aunado a lo anterior, como es común en la política, este partido cedió al pragmatismo para lograr su consolidación. En la mayoría de los estados, donde no tiene la atracción que en el Distrito Federal genera la figura de Andrés Manuel López Obrador, se valió de lealtades históricas, de compadrazgos y compromisos que hoy comienzan a salir a la luz y han generado el descontento de muchos de sus militantes.

De la misma manera en que las faltas de algunos militantes de los diferentes partidos políticos podrían ser catalogadas como casos ajenos a las características de dichas organizaciones, una interpretación racional e informada de la forma en que se ejerce la política en la práctica, dejaría espacio para minimizar las faltas y atropellos que algunos líderes locales y nacionales de MORENA han cometido. Sin embargo, este movimiento se ha ofrecido a la ciudadanía como un ejemplo intachable de honestidad y democracia, como una organización al margen de las corruptelas e imposiciones y, para quienes creyeron el discurso, no tiene dicho margen de error.

Los dirigentes de MORENA predicaron y promovieron la estatura moral de sus miembros desde la cómoda posición de la obstrucción sistemática y hoy que deben entrar de lleno al juego político exhiben su realidad: su movimiento no es otra cosa que uno de tantos partidos conformado por políticos que buscan el poder y defienden sus intereses a toda costa.

En Aguascalientes ya hay muestras claras de decepción, producto de un pobre liderazgo local que reconstruye desde hace años las lamentables prácticas partidarias del pasado. Falta conocer qué pasará a nivel nacional cuando las expectativas que esta organización ha generado, en algunos sectores específicos del país con deseos de cambio, sean comparadas con el limitado alcance y los tantos vicios que este pequeño partido deja entrever en múltiples regiones.

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