Plaza José Guadalupe Posada en la esquina de las calles Galeana y Nieto
Por J. Jesús López García

La arquitectura del Movimiento Moderno estableció una especie de credo ideológico que llegó a condenar en algunas de sus vertientes a la construcción de monumentos. Para los arquitectos más radicales en sus posturas racionalistas como Hannes Meyer (1889-1954) en los años 30 y 40 del siglo pasado, marcado en su quehacer teórico y práctico por fuertes convicciones socialistas, todo objeto conmemorativo del pasado estaría glorificando una historia pautada por abusos y arbitrariedades que la gran revolución marxista debía acabar por completo. De ahí que la monumentalidad en esas décadas fuese vista como contraria hacia la racionalidad moderna abanderada por los maestros modernos más drásticos como Meyer. Entre otras convenciones, la simetría favorecida por la gran arquitectura monumental, fue incluso un recurso compositivo desprestigiado.

La palabra “monumento”, del latin monumentum, “recuerdo”, y dada esa óptica moderna extrema, ¿para qué recordar algo penoso? Naturalmente no pasó mucho tiempo para que los regímenes del bloque socialista hiciesen también sus monumentos, incluso más aplastantes en escala y plástica a los monumentos de las ciudades burguesas del occidente europeo o de Estados Unidos.

Lo que ocurría en ese momento del Movimiento Moderno era que se vivía un clima demasiado optimista, por lo que se consideraba se lograría abatiendo las taras históricas que habían lastrado el progreso humano que ahora entronizaba al hombre común. Sin embargo, posteriormente a las dos guerras mundiales y una buena cantidad de disputas violentas, el siglo XX terminó con una buena cantidad de monumentos que  se planearon o concibieron para ensalzar a un rey, un régimen o una acción bélica gloriosa. Los monumentos tienen esa facultad del recuerdo pero esos memoriales se han ido construyendo para rememorar un episodio pasado, no olvidarlo, y en la línea de George Santayana (1863-1952), no volver a repetir la historia debido a su desconocimiento.

Es así como han aparecido grandes monumentos que comportándose como  memoriales, tienen un filo abstracto que rechaza las formas de la composición clásica como los dos grandes vacíos negros con los nombres de las víctimas del ataque suicida en el sitio en que se desplantaban las Torres Gemelas de Nueva York, cuyo autor del monumento conmemorativo del World Trade Center, el arquitecto israelí-estadounidense Michael Arad (1969- ) bajo las premisas del Plan Maestro del Studio Libeskind del también arquitecto Daniel Libeskind (1946- ), “enterró” la propuesta y utilizó los cimientos de las torres destruídas.

Es así como de esa manera, los monumentos más que glorificar son ocasiones arquitectónicas para la reflexión; en ese tono está el Memorial en las Fosas Adreatinas bajo la dirección de Mario Fiorentino y Giuseppe Perugini y otros arquitectos italianos, para honrar a los mas de 300 civiles masacrados por las SS nazis en respuesta a un atentado de partisanos de la resistencia italiana, a decir de Elisa Valero. Así, aunque monumentos, poseen la antimonumentalidad que los maestros modernos radicales rechazaban.

Ahora bien, en otro tono ajeno al dolor de una comunidad, hay otros monumentos que buscan honrar a un personaje cuyos logros más que militares, políticos o económicos, se involucran más con el elevar el estatus intelectual de una colectividad. Las estatuas ya no son lo único que se realiza para tal efecto, lo cual ha sido un ejercicio milenario, sino que más que la efigie del conmemorado, se busca integrar algo de lo que fuese su quehacer en un espacio que además sea útil al efecto de integrar a esa comunidad.

De esta manera, en Aguascalientes tenemos algunas plazas y plazoletas de nueva creación de entre las que dos se dedican, de igual manera, a dos artistas de la segunda mitad del siglo XIX e inicios del XX, Jesús F. Contreras (1866-1902) y José Guadalupe Posada (1852-1913). Ambas frente a frente, colindantes con el muro poniente del Teatro Morelos y adyacentes al costado sur de la Catedral; un escultor clasicista y un icono de la estampa popular, los dos hermanados por espacios sobrios y actuales, dedicados al esparcimiento de la comunidad y con reproducciones de las obras de los dos autores, para en un marco de convivencia común, ser apreciadas más allá de las salas de museos o páginas de libros. La plazoleta José Guadalupe Posada reproduce con marcos rectos un peristilo sencillo que encierra un espacio vacío en que se aprecia en acero algo del trazo del grabador.

Desde los ejemplos de monumentos o memoriales expuestos observamos que aquí en Aguascalientes no se ha quedado al margen, pues las dos plazas exhiben espacios y formas que los acalitanos, de manera expedita, se han ido apropiando y haciéndolos suyos. En Nueva York la percepción de los nombres de los caidos es a través de recorridos exteriores; en el Memorial en las Fosas Adreatinas, se deambula en el espacio cubierto alrededor de las tumbas de los masacrados, en nuestro caso, existe una relación interior-exterior a través de unos espacios descubiertos y abiertos.

Como se puede apreciar, los monumentos no desaparecerán, solamente tratarán de  adecuar su discurso a lo que la comunidad reconozca como digno de valor.