Monumento a la Santa Cruz

Por J. Jesús López García

Entre los objetos urbanos más curiosos de lo que se podría considerar todavía como una parte del centro de la ciudad de Aguascalientes, es el monumento dedicado a la Santa Cruz. Se encuentra ubicado en la esquina de las calles General Miguel Barragán e Independencia de México. Podemos considerar que es un monumento, pues si bien posee un nicho no es propiamente un altar ya que no tiene la configuración de una mesa sobre la que se realicen actos religiosos, no es una cruz atrial, por obvias razones, con un gran pedestal, pues la cruz que le corona es muy pequeña, y no estuvo en las inmediaciones de un convento -cerca de alli está el antiguo templo de La Medallita Milagrosa, sin embargo no existió relación entre las dos construcciones- y tampoco es un objeto sincrético que recuerde a un adoratorio prehispánico.

Es entonces un monumento erigido a la Santa Cruz, pues en el sitio se ubicaba el ya desecado y famoso Estanque Viejo o Estanque de la Cruz que irrigaba a una gran porción de tierra en que se encontraban cultivos o huertas y que al no cumplir con su cometido, el Municipio a través del Departamento de Obras Públicas Municipales se dio a la tarea de diseñar el conjunto que a la postre se convirtió en el fraccionamiento Primavera.

Si bien es cierto el Estanque ya no era propicio para su función principal, también es un hecho que el rápido crecimiento de la ciudad para esa zona hizo que estuviera rodeado de múltiples edificaciones, particularmente muchas calles terminaban en éste convirtiéndose en un “tapón”, por lo que había necesidad de darles continuidad. Para 1947 El Sol del Centro daba a conocer la destrucción del bordo y la publicidad del fraccionamiento.

Del estanque no queda más que imágenes y es de suponer que por cierto pudor o respeto por la dedicación del monumento se decidió dejarlo en su sitio, de ahí que no apunte en su eje principal a ninguna de las calles con las que hace esquina, pues su disposición es probable estuviera en función al estanque al que dominaba como una especie de mojonera.

Algunas estampas muestran que el emplazamiento del monumento era más grande y regular en su forma, cercado por un pequeño barandal de tubular muy sencillo. Ahora ha sido constreñido a un reducido triángulo en su paramento sureste. El estanque era vasto y en fotografías antiguas puede verse muy cercano al entonces recientemente construido templo de San Antonio. El monumento era un objeto inmerso en un paisaje semi-rural, lo que le hacía verse más diminuto, pero de cualquier manera especial por su forma inédita en la mancha citadina. Actualmente, dentro como esta en un medio urbano, continúa viéndose minúsculo e igualmente singular, pues su forma y emplazamiento siguen siendo inéditos para su contexto.

El Estanque de la Cruz terminó su ciclo al desecarlo y la ciudad terminó por reclamar esa porción de campo, quedando solamente el monumento dedicado a la Santa Cruz, cuya advocación se relaciona con lo que la tradición católica toma por el descubrimiento por parte de Santa Elena de la Cruz o Elena de Constantinopla (250-330) -madre del emperador romano Constantino I (272-337)- de los maderos de la cruz en la que fue crucificado Jesucristo. El hallazgo realizado en el siglo IV de nuestra era ha sido motivo de representaciones artísticas y religiosas expresadas en pintura, escultura y por supuesto arquitectura.

Al último respecto, la Santa Cruz es la patrona de los albañiles que celebran su día, el 3 de mayo, como su propia fecha. Por algunos malabares de la historia, entre tradiciones antiguas paganas destaca una en que los campesinos realizaban en mayo la decoración de árboles para llamar a la buena fortuna en la cosecha futura. Al establecerse el cristianismo, muchas tradiciones de ese cuño pasaron a mezclarse con los ritos y celebraciones cristianas como las inherentes a la Santa Cruz pues se festejaba que fue un 3 de mayo cuando Santa Elena hizo su descubrimiento en Jerusalén. Más de 1600 años después de tal suceso, con la migración a partir de la industrialización que el campo experimentó y provocó la expulsión de mucha de su gente hacia las ciudades en busca de trabajo, muchos campesinos encontraron empleo en las tareas de la albañilería a las que participaron sus propias conmemoraciones como la de la Santa Cruz

Es así como en curiosos paralelos de la Historia, un monumento que perteneció a un medio semi-rural quedó inmerso en la ciudad, como eco de aquellos hombres que antes se dedicasen a las actividades agrícolas y que al iniciar su industrialización Aguascalientes, se desplazaron hacia la ciudad en franco crecimiento, extendiéndose por lo que antes fuese campo, donde muchos probablemente terminaron entrando a las filas de su construcción.

El monumento más “vivo” que nunca, está a la espera que tanto propios como extraños lo conozcan y lo aprecien en su justo valor.