Por J. Jesús López García

Para François Auguste Choisy (1841-1909), francés e ingeniero civil, teórico e historiador de la arquitectura, su visión de la historia de ésta es la historia de la construcción. Desde su perspectiva, los grandes momentos de la crónica arquitectónica pueden medirse, analizarse y criticarse a partir de las maneras en que la construcción se va planteando de acuerdo a sus circunstancias y a las situaciones que van rodeando al acontecer de la sociedad humana en desarrollo.

Todo gran estilo arquitectónico se establece de acuerdo a los avances técnicos e intelectuales que una época va fijando en la historia. Las formas accesorias terminan siendo desplazadas a la parte posterior de los acervos arquitectónicos y constructivos como curiosidades nada más.

En Aguascalientes podemos observar dos grandes etapas constructivas: la primera que coincide con la fase de la Colonia y obedece a una construcción tradicional empleando adobe, piedra y madera propias de climas mediterráneos con pocos saltos en lo referente al avance técnico y enfocando sus innovaciones a situaciones de forma aplicada al ornamento propio del periodo barroco.

Para el fin de la etapa virreinal estaba comenzando a aparecer el neoclasicismo que no tuvo tanta raigambre en el gusto popular por ser un estilo de corte racional, antitético a la profusión barroca alineada al programa litúrgico católico. Mucho de lo que tomamos por neoclásico realmente es parte del acervo eclecticista -con cierto aire neoclásico-. El neoclasicismo pues, fue interrumpido en Aguascalientes y México por la aparición de la Independencia por lo que su racionalismo ilustrado no tuvo como en Europa un par técnico acicateado por la Revolución Industrial.

Tras décadas de inestabilidad política, social, económica y militar, México en su último tercio en el siglo XIX al fin pudo tener acceso a los avances tecnológicos de esa revolución y con ello, en Aguascalientes se inicia la segunda etapa constructiva de la mano de la industrialización que llegó a la entidad con la Gran Fundición Central y los Talleres del Ferrocarril Central Mexicano. Especialmente éstos últimos, que prolongaron su vida hasta fines del siglo pasado, fueron los precursores de una serie de técnicas constructivas que actualmente nos parecen totalmente normales pero que fueron en su momento una manifestación de cambio en los paradigmas constructivos locales, y con ello en los modelos de la arquitectura aguascalentense.

Finca ubicada en la esquina de Pedro Parga y Gral. Ignacio Zaragoza

El adobe fue paulatinamente reemplazado por el ladrillo recocido; la piedra y la madera lo fueron por el concreto; el mortero de cemento y arena sustituyó al de arena y cal y el acero lo fue haciendo en la viguería tradicional de madera. Edificios como el que se encuentra ubicado en la esquina que conforman las calles del Gral. Ignacio Zaragoza y Pedro Parga aún preservan la forma tradicional con sus muros apañados de vanos verticales pero su nivel superior realizado con cuña de golpe -un ladrillo de dimensiones más pequeñas que las del ladrillo común- ya posee un sistema constructivo diferente que soporta una azotea construida probablemente con viguería de metal a partir de rieles a manera de viguetas con bóvedas corridas de ladrillo también.

Las formas que siguieron a la implementación de este, en apariencia, sencillo cambio de material no tardaron mucho en diferir de las configuraciones tradicionales: los vanos comenzaron a alargarse ya que el concreto armado los permitía completamente horizontales y las fachadas fueron retirándose de los alineamientos para configurar casas retranqueadas al estilo anglosajón y con base en los cánones de lo que proponía la arquitectura moderna, cambiando con ello la imagen de la ciudad.

A partir de lo mencionado, que aconteció hace aproximadamente un siglo, han surgido varias cosas en materia de arquitectura y construcción, sin embargo, lo que hasta la fecha estamos realizando con estructuras de acero en edificios más complejos y enormes que la finca que analizamos, es el último eco de ese inicio local de la experimentación con materiales provenientes de la industrialización. El ladrillo recocido no era fabricado de manera tan extensiva en la localidad: ya que inicialmente era costoso traer madera para cocerlo y por tanto las pocas horneadas eran destinadas a elementos de cerramiento, posteriormente se utilizarían diversos tipos de materiales para cocer el ladrillo y los elementos también de barro utilizados en la construcción, como la cuña, el listón o pisos y lambrines. Con el tren se accedió a materiales de combustión diversos o bien, a lotes de ladrillo traídos desde lejos como parece ser que fue el caso del material empleado en el edificio en comento.

Choisy confirmaría su planteamiento en la arquitectura de nuestra ciudad durante este periodo. No encontramos los grandes avances tecnológicos ni los planteamientos estilísticos que veríamos en otras arquitecturas mundiales incluso siglos atrás, pero sin duda los cambios paradigmáticos de las tendencias arquitectónicas locales obedecen enormemente a la manera de construir y a lo que ello entraña en materia de congruencia tecnológica, pragmatismo económico y pertinencia histórica. Si deseamos tomar una postura crítica respecto a alguna tendencia arquitectónica, la fuente principal debe ser definitivamente, la construcción y su ubicación en un momento de la historia.