Salvador Rodríguez López

En el curso del presente mes tendrán lugar varios debates entre las candidatas a la gubernatura del Estado, dos de carácter oficial y otros con “representantes de la sociedad”, que aprovechan el momento para hacerse presentes y dejar una flor de “no me olvides”. Este tipo de reuniones es la oportunidad que tienen las aspirantes para demostrar sus conocimientos sobre los asuntos que hoy se comprometen a resolver y también expondrán la capacidad mental que les permita responder con dominio a las preguntas que hagan los convocantes y sobre todo a las especulaciones de sus contrincantes.

En esta ocasión hay interés por conocer las respuestas de cada una, luego que por varias semanas se han agredido y al mismo tiempo dejan la duda sobre la honorabilidad de varias de ellas. No podrán eludir responder a las preguntas directas o de doble sentido que se hagan, por lo que más que ratificar el plan de trabajo que dicen llevarán a cabo si el voto ciudadano las favorece, lo llamativo de cada debate es determinar cuál de ellas tiene discernimientos y evidencias suficientes para mejorar el nivel de vida de los aguascalentenses.

Como ha sucedido en otros tiempos dejan para última hora confirmar si acudirán o no, porque debe entenderse que participar en los debates no es obligatorio, pero sí necesario para que el pueblo conozca cómo piensa y reacciona quien anhela ser la gobernadora.

La campaña se ha caracterizado por denuncias sobre supuestos malos manejos de quienes han tenido un cargo público, llegándose al grado de denunciar claro, lo que no debe inquietar que suceda ya que así ha sido siempre, incluso ha habido querellas formales que luego se “olvidan”, aunque ahora la duda quedará sembrada y más con las famosas redes sociales en las que no se puede borrar lo que ahí se publica.

En la búsqueda de impulsar más la presencia, de nueva cuenta se echa mano del rescate del Río San Pedro, que ha sido uno de los compromisos principales a lo largo de varios sexenios sin que se logre un avance. Es de sobra conocido el porqué ese lugar se encuentra sumamente contaminado y quiénes son los responsables, pero pasan los años y sólo hay compromisos y soluciones de saliva.

Para dar contestación a lo anterior servirán los debates, en que se informe si ya se tiene el proyecto y cuál es el costo estimado y ante todo cómo le hará para evitar que vuelva a ser el desagüe de fábricas y colonias que lo circundan. De poco servirá hacer lo que ha sido tradicional, de que un grupo de ciudadanos acuda a realizar tareas de limpieza en un trecho si en cuestión de días o semanas está igual de sucio.

Para quienes frecuentaron el Río Pirules (que fue el nombre original del Río San Pedro), da desazón observar que las aguas cristalinas se ha convertido en un muladar y en algunos tramos con un olor desagradable por la descomposición de residuos y cadáveres de animales, por lo que, ciertamente, desde hace muchos años debió iniciarse el salvamento del embalse, que seguramente obligará a destinar una inversión muy elevada y que es justo lo que cada gobernador le da la vuelta, por lo que hacen como que hacen y al final de cuentas que siga igual, aunque periódicamente hacen declaraciones que “ahora sí” habrá un programa de limpieza total.

ASPEREZA LABORAL

Es sumamente difícil lograr que concuerden los intereses patronales y de los trabajadores, ya que mientras unos buscan acumular mayor ganancia, otros –vanamente– esperan que su nivel de vida mejore. No es algo nuevo, ya que viene desde la revolución industrial (que tuvo lugar entre 1760 y 1840) y que se caracterizó por el uso de nuevas tecnologías y aseguró resultados en serie, desplazando la mano de obra, algo que hasta la fecha continúa con la aplicación robótica.

El sector obrero se desgañita en exigir mayores condiciones económicas, laborales y de vida, principalmente de una vivienda digna. Quienes radican en colonias del extremo oriente de la ciudad de Aguascalientes lo hacen en casas extremadamente pequeñas, que ojalá algún día un grupo de empresarios tengan tiempo de acudir a esos lugres para que conozcan en qué condiciones están los hombres y mujeres que trababan en sus negocios. No basta con que asistan a misa cada ocho días y que se comprometan a que serán más comprensivos con sus empleados, hay que dar el paso y demostrarlo en los hechos.

El Obispo Diocesano, Juan Espinoza Jiménez, recordó que en este caso ser buenos cristianos es evitar la desigualdad laboral, por lo que es mucho lo que debe hacerse para que existan mejores condiciones de existencia para los asalariados. Tiene que haber un mayor arrojo para ir cerrando esa brecha y ante todo tener presente que en ellos está gran parte de la solución. Subsisten situaciones entre varios patrones que no pagan lo justo y en materia de prestaciones se ciñen a lo que la ley ordena, pero que bien pueden mejorarlas.

Está claro que un trabajador con mínimos problemas económicos rinde más, su satisfacción se traduce en una mayor producción y siempre estará dispuesto a redoblar el esfuerzo, mientras que un obrero que apenas le alcanza para mal comer, que tiene a su familia en una vivienda muy pequeña y debe pagar todos los días transporte urbano o taxi cuando el autobús no hace la parada, labora bajo una tensión que se refleja en su labor.

En otros tiempos su única salida era renunciar e irse como “bracero”, pero ahora con las restricciones que hay para cruzar el Río Bravo no queda de otra que aguantar las condiciones en que se encuentra y esperar que suceda un milagro que haga que se cambie de actitud el patrón.

Aguascalientes tiene empresas que pagan un salario superior a lo establecido y con una serie de beneficios que impulsan a los trabajadores a buscar su ingreso, en tanto hay otras que es todo lo contrario y a ellas el Obispo Espinoza Jiménez les hace un llamado para que exista comprensión con su personal. Que analicen de qué manera pueden elevar las condiciones de vida y con el tiempo podrán comprobar que es una satisfacción hacerlo, al retribuirles una parte de las ganancias, lo que con el tiempo podrán constatar que hay una mejora en el rendimiento.

VERDADES A MEDIAS

El tema del agua sigue latente –por más que el presidente municipal pida que deje de comentarse-, por lo que ahora se dice que el agua que hay en el subsuelo del Valle de Aguascalientes tendrá una duración que no rebasará los 15 años, sin embargo no hay que ser tan fatalistas porque aún cuando existe una sobreexplotación nadie sabe con precisión el tiempo en que podría agotarse. En 1984 estuvo en esta ciudad el director general de Banco Rural y lo hizo acompañado de varios técnicos en materia hidráulica, quienes vaticinaron que si no hacían una modificación en los programas el acuífero se secaría a más tardar en el año 2000. Ahora el presidente del Colegio de Arquitectos de Aguascalientes, Ignacio Jiménez, afirmó que Aguascalientes podría tener agua cuando mucho para los próximos 10 o 15 años y ésta se tendrá que tandear si no se hace una reestructuración del Plan Hídrico en el estado. Sostuvo que “muchas familias abren la llave y tienen agua, pero de aquí a 10 años se va a abrir y ya no van a tener agua en todo el día”. No se requiere esperar a que llegue el año 2031 para que suceda, hoy es algo común en varias colonias desde hace varios años y esto no es porque esté agotado el venero, sino que la concesionaria francesa Veolia cobra lo que no proporciona y en el Gobierno Municipal se hacen como que la Virgen les habla. Como se ha comentado Con Usted, hace falta una reorganización en la extracción y distribución del líquido para evitar que siga obteniéndose a una mayor profundidad, pero que se vaya a secar nadie sabe con exactitud si se llevará a cabo. Lo que se requiere es realizar a la mayor brevedad un estudio que permita considerar las acciones a realizar tanto en las zonas urbanas como en el medio rural, con lo que podría tenerse un panorama real.

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