Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

(Nota: Esta película se exhibe en cartelera comercial y se incluye en este espacio por su naturaleza analítica y observadora del fenómeno cinematográfico, pero es responsabilidad del espectador si decide asistir a una sala cinematográfica ante la contingencia sanitaria que impera).

Y sigue la mata dando, por lo menos mientras el público menudo –y otros no tanto– siga favoreciendo con su dinero e inserción a la cultura popular cada cinta donde aparezcan estos personajes con forma de supositorio amarillo antropomorfo conocidos como “Minions” (“Esbirros” o “Secuaces” en español). Los Estudios Illumination, factoría que se ha forrado con estos seres de habla ininteligible desde el 2007, suele ubicar todas sus películas en zonas de planteamiento ético y conductual con el fin de producir filmes que, parece, cuentan o cuestionan temas importantes, pero sólo de forma superficial ante su discapacidad narrativa por confundir reflexiones teleológicas a la PIXAR por aleccionamientos moralitos, por lo que sus trabajos suelen ir de lo regular (“El Lórax: En Busca de La Trúfula Perdida”, “Mi Villano Favorito”, “Sing: Ven y Canta”) a lo impresentable (“Hop: Rebelde Sin Pascua”, “El Grinch”, “La Vida Secreta de las Mascotas” 1 y 2). Tomando esto en cuenta, cabe decir que “Minions: Nace Un Villano”, su más reciente cinta demorada dos años y medio por la pandemia, es de lo mejorcito que han producido, ya que el guion mantiene un adecuado equilibrio entre las andanzas de los diminutos personajes y Gru, el villano con quien se nos presentarán estos Minions en primer lugar, pero ahora cuando apenas tiene 12 años de edad y amplias aspiraciones delictivas.

Ambientada en 1976, la película cuenta la historia sobre el origen de Gru como ente criminal y tener potencial para ser el más grande supervillano del planeta. Su sueño en aquella temprana edad es la de pertenecer a un grupo de famosos malhechores conocido como “Los Malvados 6”, pero al audicionar para pertenecer a este equipo las cosas salen mal y termina hurtándoles un medallón que posee una gema mística capaz de sembrar el caos en nuestro mundo si se le activa en el Año Nuevo Chino. Por desgracia, éste se extravía y ahora serán dos tramas las que se desarrollen: una con Gru buscando el apoyo de un veterano delincuente llamado Willy Kobra, otrora líder de “Los Malvados 6” e idolatrado por el jovenzuelo botijón, y dos con los Minions, quienes viajan hasta San Francisco para rescatar a Gru, pues lo creen en peligro. Los elementos se conjuntan por fortuna con cierto sentido de lo orgánico mientras todos ellos aprenden de sus experiencias, pues mientras Gru cree que debe averiguar cómo ser un villano por su cuenta logra entender gracias a su relación con Kobra, otro solitario empedernido, que a veces es mejor confiar en otras personas, mientras que los Minions sólo se embarcan en aventuras personales que incluyen tropiezos en las empinadas calles de San Francisco y aprender Kung Fu con una masajista madurona pero experta en el arte marcial. Lo que hace que este tipo de relato le funcione al espectador es que, aun cuando los protagonistas son figuras antitéticas a la ley y el orden, en el fondo no versan sobre villanía o el perfeccionamiento de la misma, sino sobre personas espiritual y mentalmente averiadas que recurren a la ambición y excesiva validación como compensación por la falta de amor y afecto en sus vidas, lo que orilla a la audiencia a entregarle toda su simpatía, aún si se trata de un chiquillo con un arma de mocos o que lanza bombas apestosas a una sala atestada viendo “Tiburón”, y cuyo remate son esos amarillos ayudantes que muestran asistencia incondicional a pesar de las tribulaciones o problemas que les significa el trabajar para un villano. Estos componentes de solidaridad, redención e ingenio son los que hacen de esta cinta algo un poco más digerible que otros esfuerzos de Illumination, así que el único crimen sería el insistir con una película más, pues esta cerró con contundencia y eficacia la historia de Gru y esos dildos güerejos con goggles que sólo logran expresarse mediante galimatías.

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