Mayolo López
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-Desde que era un niño, Heriberto Galindo Quiñones conoció de cerca el drama de la inmigración. Después, como Cónsul en Chicago, profundizó en el fenómeno.
Ahora, el observador acucioso ha publicado un libro –en coautoría con Emilio Coral García– en el que describe el calvario que sufren los migrantes en su tránsito a Estados Unidos.
«Drama y odisea de la migración», se titula la obra del político priista. Lo publica en una oportuna coyuntura, cuando Donald Trump ha alardeado de haber doblado al Presidente López Obrador para forzarlo a desplegar 28 mil soldados para contener los flujos migratorios centroamericanos.
«México no puede ser el gendarme de Estados Unidos», dice en entrevista el ex diputado, ex senador y ex Embajador de México en Cuba.

–Un verdadero drama, el fenómeno de la migración mexicana hacia Estados Unidos.
Así lo veo, porque conozco el drama. Lo conocí primero en una experiencia de niño travieso y chismoso, cuando tenía diez años e íbamos en tren de Huamúchil, mi tierra, a Mexicali, de vacaciones, y en Empalme, Sonora: allí concentraban a los prospectos de braceros y los seleccionaban los representantes de empresas estadounidenses que venían a contratar como si fueran esclavos.
A mí me tocó ver, en los carros de ferrocarril de segunda clase, sin aire acondicionado y calores infernales, me tocó ver allí el primer drama de los que iban a ser migrantes.
La segunda parte del drama la observé en Chicago, cuando yo era Cónsul genera de México, que en realidad cubre varios estados de la Unión Americana, y cubre a más de cinco millones. La cifra de descendientes de mexicanos es de 36 millones, aunque no todos son recién llegados.
Me tocó ver cómo vivían, sobre todo los que recién llegan; viven hacinados en pequeños cuartos donde viven cinco, ocho, diez, mientras encuentran algo, sin derechos. Y empiezan a ganar sueldos muy bajos, son discriminados, algunos son explotados; padecen de discriminación racial y de persecuciones. Allí valoré mucho lo que se sufre para ganar un dólar.
Y luego van ascendiendo, con el drama y el sufrimiento mezclado también con la satisfacción y con el gozo de ir ganando más, de mandarle más remesas a sus familiares, y me tocó vivir ese drama y tener acuerdos con la autoridad migratoria.
Narro que yo tenía reuniones mensuales con la autoridad migratoria para llegar a acuerdos políticos y humanitarios para que no hubiera redadas y durante el tiempo que estuve por allá –casi dos años y medio–, no hubo redada alguna, y recuerdo que el funcionario me decía: «ruéguele a Dios que la economía americana vaya hacia arriba, para que yo no me vea obligado a expulsar a los migrantes mexicanos».
Tuve esa experiencia, impulsé la creación de federaciones de oriundos. Vi ese sufrimiento, vi la evolución, vi la prosperidad relativa y cuando era Cónsul general (abril de 1998) las remesas eran de 6 mil 500 millones de dólares, y ahorita tenemos registradas 54 mil millones de dólares, el flujo migratorio se ha incrementado.
Si la economía mexicana creciera y tuviera capacidad para absorber la mano de obra mexicana y también la centroamericana, los centroamericanos se quedarían en México.

–Usted señala en el libro que nuestros paisanos no viajan por gusto, sino por necesidad.
Exactamente. Los que viajan por gusto es el 1 o 2 por ciento, porque van a estudiar, porque van a retirarse, porque son millonarios y quieren vivir en Estados Unidos, pero el 99 por ciento es por necesidad.
Tanto la política migratoria mexicana, como la política estadounidense, han sido fallidas. No han sido eficaces, no hay diálogo; hay acción represora, discriminatoria. Hay acción violenta.
Yo me pronuncio en contra de la reacción de la autoridad y en contra de la reacción de los migrantes que han asumido actitudes violentas con la autoridad. ¿Por qué es todo eso? Porque no hay una política migratoria de ambos países moderna, abierta y sensible.
Ese es el drama, drama que empieza en México.

–Cuando al paisano no le queda de otra y tiene que emigrar.
El drama empieza en México y sigue el drama en los Estados Unidos; primero, para pagarle a los polleros, un negocio infame. Es un fenómeno muy difícil, pero es urgente que se defina una política migratoria moderna, actualizada, humanitaria y sensible, y también enérgica en la aplicación de la ley, pero dialogando.
Yo tengo la sospecha de que detrás de las caravanas hacia los Estados Unidos hay intereses políticos: o contra Donald Trump, para sacudirlo, o patrocinados por las corrientes simpatizantes de Donald Trump, para alertar a la ultraderecha estadounidense y que apoyaran a un Presidente de ultraderecha que reprimiera y ofendiera a los migrantes, en especial a los mexicanos.
El Presidente moderno de Estados Unidos, conservador, por cierto, republicano, que impulsó la reforma migratoria más importante de los últimos 50 años, fue Ronald Reagan, porque había sido Gobernador de California, ojo, y conocía el fenómeno, y mira que era de derecha. Y Reagan regularizó a millones de mexicanos. Los presidentes demócratas tienen un discurso que nos agrada a los mexicanos.

–Pero tenemos el caso de Obama.
Sí, Obama expulsó a 2.7 millones de latinos, principalmente mexicanos. Envió una iniciativa de ley muy bonita, pero mis amigos líderes paisanos dicen que Obama sabía que no la iba a aprobar el Congreso, pero al enviarla se congració con los líderes mexicanos y latinos de Estados Unidos.
Joe Biden mandó una iniciativa el año pasado y no pasó al cien por ciento, pasó parcialmente: él quería regular a 18 millones de latinos para que ya fueran ciudadanos, pero le aprobaron residencias a los que tienen más de diez años. La lucha continúa.

–Usted sostiene que no hay una política migratoria moderna y sensible. El primer capítulo del libro repasa la historia de la migración. ¿Por qué no se ha podido encontrar una política migratoria moderna y sensible?
En primer lugar, por las presiones de la ultraderecha estadounidense a gobiernos republicanos o demócratas. Pero hay un discurso hipócrita de los estadounidenses, porque los empresarios requieren de nuestra mano de obra, que es cada vez más calificada y barata, y presionan por debajo al Gobierno para que facilite y se haga de la vista gorda.
Pero públicamente no quiere la regulación por aquel principio de (Samuel P.) Huntington: de que entre latinos, negros y asiáticos nos apoderaríamos del país. Entonces, tienen un doble discurso: los necesitan como mano de obra barata, pero no quieren que se regularicen para que no vayan tomando controles económicos, políticos y sociales.
Y por el lado mexicano, no tenemos una definición; hace falta proteger más a nuestros migrantes, hace más falta dinero a la Cancillería, para que prepare más defensores y abogados para que defiendan a los mexicanos, y por eso la mayoría de nuestros paisanos detestan al Gobierno mexicano del partido que sea, porque se sienten maltratados.
Entonces, qué urge hoy: que en la política migratoria mexicana haya un trato humano, de diálogo, de exigencia legal, pero de conversación con los líderes centroamericanos y del Caribe, sin represión. Por otro lado, que el Presidente López Obrador logre que haya inversiones para atenuar la causa, el origen.

–Parece ser que ya le sacó unos millones a Estados Unidos.
Sí, pero no sólo debe ser para Centroamérica. Esos recursos deben aplicarse también en México. Por otro lado, estoy de acuerdo en un nuevo acuerdo tipo bracero, pero más amplio, humano y moderno para trabajadores temporales, y seguir apoyando a Biden para que Biden vuelva a insistir en su reforma para regularizar a los indocumentados.

–En el libro hace alusión al factor «realidad». Y la realidad es dramática, y la realidad que tenemos ahora, que se desprende de Trump, es que México tuvo que levantar un muro de contención.
Sí, y yo digo algo muy fuerte: México no debe ser el gendarme o el policía migratorio de Estados Unidos, por ningún motivo. Y acabamos de oír la infamia de Donald Trump en Ohio, al hablar mal del Presidente López Obrador.

–En los hechos, Trump dobló a López Obrador.
Eso dice Trump, y es muy ofensivo que México haya sido atento con él. Si tú quieres, por el temor de los aranceles, pero fue oprobioso el haber sido gendarme o policía migratorio habiendo llevado a más de 20 mil miembros de la Guardia Nacional en atención a la presión de Donal Trump, que es congruente con lo que dice en uno de sus libros: si quieres lograr éxito en una negociación, apriétale a tu contendiente hasta más no poder.

–Lo apretó y lo dobló.
Eso dice él, que me parece muy ofensivo para el Presidente de México. Tenemos que ponernos muy alertas, porque ese hombre quiere volver a ser Presidente de Estados Unidos. El punto es que no podemos seguir operando la política migratoria sobre las rodillas y conforme a los acontecimientos, a lo urgente.

–¿Y si nos ponen un garrote del otro lado?
Ah, yo creo mucho en el diálogo político, en la diplomacia. Como me dijo mi maestro Reyes Heroles: creo en la fuerza de la política y no en la política de la fuerza.
Pero no podemos ni debemos ser el gendarme o policía migratorio de Estados Unidos al sur de nuestra frontera con Guatemala.

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