El pasado martes, el relator especial de Naciones Unidas sobre la Tortura, Juan Méndez, presentó en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra, su informe elaborado tras una visita a México del 21 de abril al 2 de mayo de 2014, en el que afirma que la tortura es generalizada en el país.

Estas afirmaciones evidentemente dejan al descubierto una práctica que por más que se intente minimizar y negar en la esfera gubernamental, sigue vigente en nuestro país.

Como era de esperarse, el gobierno mexicano en voz de Jorge Lomónaco, embajador de México ante los organismos internacionales, negó los hechos y desvirtuó el informe alegando que no se encuentra sustentado en «la realidad objetiva» y tomando en cuenta «todos los puntos de vista». Me pregunto: ¿Para el señor Lomónaco la realidad objetiva de México es la que él vive en la Embajada?, puesto que de otro modo no entiendo por qué se pretende negar una práctica tan arraigada en el país.

Si bien, actualmente el Estado Mexicano ha hecho varios esfuerzos en pro de los derechos humanos (especialmente la Suprema Corte de Justicia de la Nación), no podemos pasar por alto la realidad que vive nuestro país, y negar que la tortura es una práctica que día con día se lleva a cabo con el fin de obtener las respuestas que deben obtenerse con base en investigaciones.

El tratar de negar algo que sucede, supone un problema mayor, puesto que, en vez de ocuparse por erradicar dichas prácticas, lo único que se hace es ocultarlas y evitar que mediáticamente continúe dándosele cobertura a situaciones de esta índole; sin embargo, el problema continúa y aumenta en la medida que éste no se combate mediante la instauración de protocolos internacionales e iniciando los procedimientos correspondientes contra aquellos que realizan este tipo de prácticas.

Agencias como Amnistía Internacional (AI) han dado cuenta de la problemática que vive nuestro país y de la crisis en materia de derechos humanos por la que atraviesa, del alto porcentaje de personas que son víctimas de violaciones a derechos humanos y del gran temor que existe para denunciar, puesto que, tal pareciera que en nuestro país el ser víctima de algún delito, presupone ser victimizado aún más por parte de las autoridades.

Resulta preocupante que las reacciones por parte del gobierno, no vayan enfocadas a erradicar estos males que tanto afectan a la sociedad, y por el contrario busquen justificar su actuar negando estas acciones de forma categórica, o bien alegar en el discurso el compromiso de México con el respeto a los derechos humanos, para en el ámbito de la realidad darnos cuenta que este compromiso es nulo.

Debemos ser conscientes de la problemática que en materia de derechos humanos vivimos hoy en día, y más que preocuparnos por la prensa internacional, debemos ocuparnos por erradicarla. Si se continúa con la política de «la negación» como antídoto para esta dolencia que tanto daña al tejido social, será imposible erradicar esta práctica como método de investigación, por el contrario, continuará y se agudizará la práctica en las corporaciones. Esperemos y la Comisión Nacional de Derechos Humanos no haga caso omiso a este informe y que funja como garante en el respeto a los derechos fundamentales.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y los espero una vez más, la próxima semana.

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