René Urrutia De La Vega

A partir del primero de enero de 2021, nuestro país ocupa un lugar en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) cuya sede se encuentra en la ciudad de Nueva York, como resultado de una elección realizada por la Asamblea General de dicho organismo internacional, ocurrida en el mes de junio de 2020, cuando México obtuvo el 97% de los votos a su favor y le genera la posibilidad de ocupar un asiento que será compartido con otras 5 naciones que igualmente fueron electas para un periodo de 2 años (2021-2022). La candidatura para ocupar este asiento como miembro no permanente, no fue propuesta por la actual administración federal sino desde el año 2011, pero sí fue impulsada en 2019 por el Presidente López Obrador y operada por un equipo diplomático encabezado por el Doctor Juan Ramón de la Fuente, quien representará a México ante dicho organismo encargado de velar por la seguridad en el mundo y será el quinto mexicano que lo hará en el último siglo, desde su creación, encontrándose precedido por Rafael de la Colina (1946), Porfirio Muñoz Ledo (1980), Adolfo Aguilar Zinser (2002) y Claude Heller (2009).
Mi finalidad al opinar al respecto de este tema, evidentemente no pretende ser la de un experto en la materia de Derecho Internacional, sino más bien una reflexión acerca de algunos tópicos relacionados con la seguridad.
Son varios los temas que se tienen en la agenda para la participación de México en este organismo multilateral, entre los cuales se encuentran, a saber: la preservación de la dignidad de las personas civiles en medio de los conflictos armados, específicamente la protección de los niños, la mediación como método privilegiado de solución de conflictos, la incorporación de una perspectiva de género en los temas relacionados con seguridad, el derecho internacional humanitario, que tiene estrecha vinculación con la situación de los migrantes, entre otros temas, pero en lo particular hay uno en el que me gustaría centrar la atención para esta reflexión y es el que ha mencionado de manera destacada el Doctor De la Fuente en relación con el control del tráfico de armas en el contexto internacional.
El tráfico de armas en el mundo es uno de los principales orígenes de la inseguridad y la violencia, no solo en los países latinoamericanos, sino en muchos otros países del orbe, desarrollados y en vías de desarrollo, y particularmente en México representa una de las principales causas del crecimiento desmedido, junto con el ámbito financiero, de lo que llamamos delincuencia organizada. El grave problema de la delincuencia organizada transnacional, que no se menciona abiertamente en las declaraciones que hasta ahora ha generado el cuerpo diplomático que nos representa ante la ONU, es algo que definitivamente debe ser analizado de manera exhaustiva al momento de discutirse sobre el control del tráfico de armas entre naciones productoras y receptoras de esos artefactos que, por cierto, causan considerablemente más muertes de personas en el planeta que las propias armas nucleares, químicas o cualquiera otra de destrucción masiva.
Pues bien, en un contexto sumamente complejo bajo el que se genera esta incorporación transitoria de México a tan importante organismo internacional, marcado especialmente por una crisis sanitaria, económica y de seguridad, nuestros representantes y el propio Presidente de la República tienen ante sí un reto nunca antes visto en este ámbito, que no puede ser desaprovechado, pero que se advierte muy complejo ante la falta de condiciones para generar acuerdos y alianzas necesarias para obtener resoluciones acordes a las necesidades reales. Sin embargo, se espera que se atiendan estos 3 grandes temas en toda su importancia, pues la pandemia mundial ha tenido repercusiones no solo en la salud y en la vida de los habitantes de los pueblos del mundo, me atrevo a pensar que las consecuencias en las materias económica y de seguridad pueden ser incluso, en el largo plazo, de mayor gravedad que lo relativo a los temas sanitarios, sin ignorar que esto es el origen de aquello.
La nota crítica tiene que ver con el hecho de que México no ha sido ejemplo, en los últimos años, ni en cuanto al tratamiento y solución de la problemática en materia de seguridad interna o interior, ni en lo que se refiere al manejo de las relaciones internacionales, por lo que ha habido muchas críticas especializadas que hacen suponer que se carece de capacidades suficientes para enarbolar una causa al seno de las Naciones Unidas que verdaderamente permita modificar positivamente las condiciones actuales y sentar bases sólidas de una regulación en el ámbito internacional que empiece siquiera a dar resultados para frenar el crimen organizado a partir de la regulación del tráfico de armas, esperemos que tales pronósticos sean equivocados y que el liderazgo de quien encabeza esta encomienda, se anteponga de manera eficaz.

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