Ricardo Vargas

La cumbre del G20 es un evento que desde 1999 reúne a los principales dirigentes de las veinte economías más grandes del mundo, en un evento en el que se busca coordinar la agenda política y económica en un mundo sumamente globalizado. Esta cumbre es considerada ya por varias instituciones internacionales como el evento más importante entre líderes nacionales, pues los países invitados suman en su conjunto más del 80% del Producto Interno Bruto global, así como más del 70% del valor total del comercio internacional en el mundo. México participa dentro de la cumbre del G20 pues, en gran medida debido al tamaño de nuestra población, somos la quinceava economía más grande del mundo, por encima de Indonesia, Arabia Saudita, Turquía, Argentina y Sudáfrica. Más allá de temas internos de una economía como lo son el desempleo, la informalidad laboral, la desigualdad en el ingreso, e inflación, México es participante del G20 por todo lo que produce anualmente. Es decir, estamos dentro de esta cumbre por la oportunidad por nuestro tamaño a nivel mundial, no por ningún otro mérito.

Entendiendo esto, resulta un tanto difícil de comprender que nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador haya decidido no asistir a este evento, en la primera edición a la que es invitado, y que deje entrever la posibilidad de quizá no asistir a ninguna de estas cumbres en todo su sexenio. Bajo el argumento de que hay temas “urgentes por resolver” dentro de México, y bajo el argumento de que no es necesario viajar al extranjero para atender temas internacionales, nuestro presidente es el único mandatario (de los 20 que son convocados como participantes) que no está presente en el evento. Esto no quiere decir que México vaya a estar completamente ausente, pues sí hay funcionarios federales participando en el evento, pero esto no significa tampoco que debamos esperar grandes resultados de este encuentro; no le hemos dado la importancia que se merece.

En un momento en el que la economía global ha mostrado fuertes indicios de desaceleración, y mientras existen fuertes tensiones tanto políticas como comerciales a nivel global, el G20 representa una importante oportunidad para dialogar y encontrar puntos de acuerdo frente a varios problemas que dejaron de ser domésticos y se han posicionado ya como parte de la agenda internacional. Por parte de México han asistido a la cumbre en Japón los secretarios de Hacienda y de Relaciones Exteriores, Carlos Urzúa y Marcelo Ebrard respectivamente. Sin embargo, esto no representa nada fuera de lo común pues en estas cumbres es completamente normal y ordinario que asistan los líderes encargados de los departamentos de finanzas de los países participantes (para el caso de nuestro país la Secretaría de Hacienda es el departamento correspondiente), e incluso el presidente del banco central correspondiente. Estos dos dirigentes por supuesto acompañando al presidente o primer ministro del país en cuestión, pues naturalmente habrá discusiones y ponencias en las que únicamente participarán los líderes nacionales, mientras que en otras habrá una participación exclusiva de los líderes de finanzas y política monetaria. Es decir, la ausencia de nuestro presidente en la cumbre del G20 de este año, no es de ninguna manera compensada por la presencia de dos secretarios de estado, especialmente cuando la presencia de uno de ellos era requerida independientemente de cualquier situación.

Es la primera cumbre del G20 a la que falta nuestro presidente, y nadie nos asegura que será la última. Es importante entender que se está dejando ir una valiosa oportunidad de explicarle al mundo las decisiones que se están tomando en el gobierno federal, de defender la política económica que se está implementando y de alguna manera intentar atraer mayor inversión extranjera directa y dar certidumbre a las otras 19 economías más grandes del mundo. Nuestro gobierno federal quiere un crecimiento del 4.0%, y también lo queremos todos los mexicanos, pero habrá que aceptar lo difícil que será cumplir esta meta si no se tiene una buena entrada de inversión extranjera, si no crece el comercio internacional con aliados estratégicos, y si no se da certidumbre al mundo sobre lo que se está haciendo en el país. Ojalá que nuestro gobierno pueda encontrar un equilibrio entre atender problemas nacionales y atender problemas internacionales, los dos son altamente importantes y se han vuelto parte el uno del otro.

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@1rcardovargas