“El fútbol se ha convertido en una consolación social”

Juanma Lillo 

Noé García Gómez

Inició el Mundial de Fútbol y sin duda alguna para gran parte de la población los deportes representan parte importante de sus vidas, ya sea por practicarlos (salud y diversísimo) o seguirlos (ocio y distracción) y dentro de los deportes para el pueblo mexicano, en las últimas décadas se ha enganchado con el Fut-bol Soccer. La práctica y afición a este deporte ha crecido como lo afirma Sergio Varela “La consolidación de la afición al fútbol en México es un fenómeno simultáneo al del desarrollo de este deporte en nuestro país… se puede asegurar que hasta la segunda mitad del siglo XX su crecimiento y consolidación en México alcanza a ciertos sectores urbanos populares” se puede decir que el fútbol cambia los estados de ánimo e influye en amplios sectores de la población a nivel de regiones e incluso países.

Norberto Elías dice que “una característica del fútbol es que constituye una clase de dinámica de grupo producida por tensiones de dos subgrupos” explicando “los aspectos centrales del deporte son figuraciones dinámicas de personas que permiten librar una competencia directa o indirectamente, implicándose en cuerpo y alma, y disfrutar la emoción de la lucha sin pesar alguno” esto es que los individuos buscan sustitutos para reproducir la emoción que se obtiene en los enfrentamientos y competencia de la vida, en algunos casos por la monotonía de las actividades diarias.

Con el anterior análisis de Norberto Elías debutó la Selección Mexicana de Fútbol en este mundial en Brasil, semanas atrás se desato la polémica de usar el calendario del mundial para distraer de la importante discusión en materia energética en el Senado (como si el nivel de audiencia de los partidos del mundial se fuera a trasladar en automático al Canal del Congreso) la realidad es que gran parte de la sociedad mexicana no está, ni estará al pendiente de esa discusión, ni de otras tantas que ocurren en nuestra vida política ¿Por qué? Algunos por estar al pendiente de la sobrevivencia del día a día, otros por el desencanto que ha producido durante décadas la clase política mexicana, incluyendo partidos de oposición, desencanto que pareciera transformarse en desesperación y decepción. Además no serán más de una docena de interesantes encuentros en el mundial, incluidos en los que participe el TRI y el encuentro final.

Los mexicanos, sin duda, su carácter está conformado por una gran dosis de nacionalismo, y ese es uno de los factores del éxito comercial que tiene una futbolísticamente devaluada selección de fútbol, que sin embargo cada cuatro años renueva las esperanzas de los mexicanos que podrán salir avante de las batallas futboleras.

Ahora hay que dejar algo en claro, once individuos vestidos de verde regenteados por altos directivos que a su vez padrotean el nombre de nuestro país para un equipo de soccer, no son los representantes del país, ni del Estado, mucho menos de nuestra Nación.

La selección mexicana, que también llamamos TRI, es una empresa privada que contrata profesionales del fútbol para jugar partidos organizados por una trasnacional llamada FIFA. Es eso, ahora, ¿por ser una empresa privada está mal el aficionado que grita, silba, sufre, goza, se emociona por las jugadas de esos individuos? Me parece que no, como lo dijimos son un grupo de profesionales, y como tales los que les pagan o contratan tienen todo el derecho de exigirles entrega, pundonor, calidad y disposición. ¿Quiénes les pagan? Indirectamente el aficionado, el que compra las camisetas, el que paga un boleto en el estadio, el que compra los productos de las marcas que los patrocinan, el que ve el partido y se “chuta” toda la estrategia mercadológica en torno a ellos.

En resumen la selección de futbol no “hace patria” (como en aquella frase de la película de Luis Alcoriza “Mecánica Nacional” en la escena donde un general del ejército vestido de civil con pistola en mano, buscaba a gritos respeto, un chico le grita “El uniforme da patria”) ni se juega el orgullo del país frente a otro combinado en un campo de juego. Es un mecanismo de diversión y desfogue que debemos disfrutar los aficionados sin que se juzgue por ello.