Luis Muñoz Fernández

La gran riqueza de nuestro idioma, a la que contribuyen los hablantes de todo el orbe, nos dota de palabras capaces de encerrar en unas pocas letras experiencias y sucesos complejos, ricos en significados. Somos afortunados de vivir en México, pues el mestizaje idiomático del español con las lenguas nativas ha producido recursos admirables que podemos utilizar con gran provecho.

Así, nuestra palabra “metiche” es el equivalente del “entrometido” que se usa más en España. No se sabe con certeza si metiche proviene enteramente del náhuatl (de “metichtl”, animal entrometido, dicen algunos) o es una palabra mestiza, con una raíz española y un sufijo nahua, en este caso “che”, la forma castellanizada de “tzin”, que denota veneración y también cariño.Un niño metiche puede corregirse. Cuando un adulto lo es, se vuelve un obstáculo.

Durante su destierro en Inglaterra, François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, escribió “Las cartas filosóficas”, cuya publicación en Francia provocó la reacción virulenta de la jerarquía eclesiástica que, presionando insistentemente a las autoridades civiles, logró que la obra fuese quemada en las escaleras del Parlamento.

La intromisión del poder religioso en asuntos civiles sigue ocurriendo hoy en muchos países del mundo, sin importar que se declaren laicos. Esto sucede especialmente en ciertos temas los del inicio y el final de la vida, la sexualidad, la reproducción, la investigación científica y el modelo de educación de la niñez y la juventud. Es mucho lo que se juega en esos terrenos, lo que explica el interésde inmiscuirse en ellos. El control de las conciencias es un botín muy codiciado por el poder que otorga sobre gobernantes y gobernados.

Uno de los últimos episodios de esta injerencia lo hemos visto en estos días cuando varios colectivos feministas se manifestaron a favor de la despenalización del aborto. Si bien no podemos estar de acuerdo que esa manifestación se acompañara de daños a los espacios y edificios públicos, debemos reconocer que el reclamo del derecho a la interrupción voluntaria del embarazo no puede desestimarse, mucho menos invocando creencias religiosas que la totalidad de la población no tiene por qué compartir y no comparte. Y desestimarlo es precisamente lo que hacen el poder religioso y sus adláteres.

El entrometimiento en ese y otros temas sólo busca conculcar los derechos de los ciudadanos y, especialmente, de las ciudadanas. Es ser metiche, metijón y metomentodo.

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