Por J. Jesús López García

 “Todos los caminos conducen a Roma”, expresión de uso corriente durante el Imperio Romario, ya que, aunque parezca desmesurado, la estructura de caminos era tan vasta, que, si se transitaba sobre de ellos desde regiones tan distantes -como, en ese momento la llamada Germania, o incluso el África-, el punto de llegada sería la capital romana, dado que había cerca de 400 sendas, con una distancia aproximada de 70,000 km.

El anterior enunciado, además de fungir como un elemento de bagaje cultural, o en su caso, quienes lo conocen, reafirmarlo. En el caso que nos ocupa, nos es útil para ejemplificar el recorrido desde la ciudad de Aguascalientes hasta Pabellón de Arteaga -guardando las debidas proporciones-, al cual se llega a través de varias vías: la carretera 45, la 27 y la 71. Sea lo que fuere, y por el camino que uno arribe a la ciudad pabellonense, se percibe una trama urbana poco común, al menos en su estructura primigenia, pues dado que su planificación fue resultado de los conceptos vertidos en el modelo de ciudad jardín diseñado por el urbanista Ebenezer Howard (1850-1928), en el cual se integraban sitios agrícolas con grandes vías para automotores, además de la suma de los rieles del ferrocarril, propios de la Revolución Industrial. Es así como Pabellón de Arteaga tuvo sus inicios de desarrollo urbano, el cual gradualmente ha transitado de menos a más, alzándose como una urbe pujante, que cuenta con infraestructura, servicios, vivienda y todo aquello que se requiere para vivir tranquilamente y con prosperidad.

Entre todo lo que ofrece Pabellón de Arteaga, se tiene el Mercado Municipal, el cual está inmerso en una manzana de la traza primigenia, inaugurado en 1981; sencillo de identificar dada su forma y sus proporciones del inmueble que lo alberga, en relación con todos los demás edificios aledaños. Una zona primordialmente comercial en donde podemos adquirir infinidad de productos para las necesidades cotidianas, o en su defecto, particularidades; hay farmacias, zapaterías, distribuidora de telefonía celular, artículos de plástico, granos diversos, cosméticos, y diferentes locales y puestos con una gran variedad de comida.

El mercado por su exterior, es un paralelepípedo en donde se perciben tres partes: los macizos de los locales, la celosía de concreto en forma de pretil y el imponente vano en la esquina de las calles H. Colegio Militar y Gómez Farías. El esquema arquitectónico es lineal, con cuatro espacios principales y múltiples circulaciones tangentes a ellos. La primera zona es la de comida, a la cual se accede por ambas calles a través de un pórtico a doble altura. De allí parten tres pasos: dos hacia establecimientos y el otro al área de “piedras”. También el mercado posee otros accesos, dos por la calle H. Colegio Militar, y uno por Gómez Farías.

El área de comida es completamente abierta y bien ventilada, la cual se cierra con cortinas deslizables. La estructura de los espacios comunes es de estructura metálica en las columnas y los cerramientos, mientras que en los locales es de concreto armado en todos sus componentes; los pisos son de concreto. El lugar de las “piedras”, es el espacio con mayor altura, cubierto con armaduras de acero con arcos de forma curva y estructuralmente rebajados, sosteniendo laminas acanaladas. Dos circulaciones centrales lo dividen y en su mayoría, las “piedras” son utilizadas correctamente para ofrecer frutas y verduras, solamente algunas se han modificado en su percepción y funcionamiento, sin embargo, la esencia espacial permanece. Alrededor y de manera paralela, se disponen los locales que despachan distintos productos, los hay de comida, artículos de aluminio y de plástico, muebles, tortillería, herbolaria y productos esotéricos, un despacho de bienes y raíces con venta de lotes, comida para gatos, perros y mascotas diversas, e imágenes de santos.

Por el exterior el mercado cuenta con un andén de carga y descarga, las oficinas administrativas y los servicios sanitarios. De gran importancia es el altar con la imagen de la Virgen de Guadalupe que todos los locatarios veneran para que cuide de ellos y les vaya bien en sus negocios.