Por J. Jesús López García

Los mercados han sido una parte fundamental en la estructura urbana de toda urbe. Las stoas griegas de donde se desprenden los portales tradicionales en ciudades de origen novohispano en nuestro país, eran sitios de una actividad que incluso no solamente se concentraba en el comercio de mercancías, sino también en asuntos del calado de la filosofía misma: en una stoa Zenón de Citio (334 a. C.-260 a. C.) fundó su escuela de filosofía llamada por ello “estoica”.
Es muy probable que las grandes capitales antiguas, aquellas de origen neolítico, fuesen fundadas en los sitios donde se encontraban las encrucijadas de incipientes rutas comerciales donde se daban cita antiguas caravanas que intercambiaban sus objetos. Por ello los mercados han sido símbolo de abundancia o por el contrario, de su opuesta carencia. Los supermercados modernos ofrecen productos que en la cotidianidad de nuestra vida urbana nos parecen naturales sin reparar que muchos de ellos provienen de lugares insospechados y de cadenas productivas impensables hace poco más de cien años; a lo que podemos acceder actualmente, era inalcanzable por ejemplo para el mismo Rey Sol, Luis XIV de Francia (1638-1715) en el siglo XVII. Pero cuando ocurre por ejemplo en supermercados de países en agudas crisis, con estanterías vacías, esa ilusión de abundancia desaparece y trae consigo por el contrario, la alarma de la ominosa escasez.
Por ello los mercados siempre han sido una especie de termómetro para el dinamismo de una economía. Los macellum eran los mercados cubiertos romanos y eran parte importante de las ciudades del Imperio, tan fundamentales como los foros, los templos, las basílicas, los anfiteatros, los circos, las termas, entre otros. Eran piezas de una infraestructura del Estado para el goce de la ciudadanía -los urbanistas ahora le llamarían equipamiento-.
La abundancia por otro lado también produce cierto desorden en la operatividad de su distribución -fue un mercado chino en la ciudad de Wuhan el que parece haber detonado el brote epidémico de enferemedad por coronavirus llamado COVID-19, la pandemia que aún estamos padeciendo a nivel mundial-, por lo que su organización administrativa y espacial va ajustándose a los ritmos de la economía y de las ciudades.
En la localidad de Aguascalientes los mercados iniciales eran puestos provisionales que se asentaban temporalmente en explanadas como en la ahora llamada Plaza de la Patria o en lo que hoy es el Jardín de Zaragoza conocida popularmente como “Plaza de los Mariachis”, pero a la expansión de la ciudad a fines del siglo XIX, se hizo patente que la capital merecía ya espacios a cubierto especializados para la provisión de mercancías a una población cada vez más urbanizada.
El Parián era un lugar que proveía productos manufacturados y conservaba el nombre de origen filipino con que se denominaba durante el periodo colonial a los mercados en que se ofrecían productos traídos por la nao de China, una cuadra más al norte se dispuso la construcción del principal mercado de Aguascalientes, el Terán y a dos cuadras donde aún se ofrecían productos de la región en el ya comentado mercado temporal que ocupaba la explanada del Jardín de Zaragoza.
Esta explanada era uno de los bordes de la ciudad y se situaba en medio de mesones a los que llegaban vecinos de municipios y rancherías de la región para vender productos y abastecerse de otros más. Cerca de ahí en el llamado “triangulito”, se ubicaba en el nodo que resultó del cruce de las calles Victoria, Plazuela Juárez y Guadalupe, otra explanada rodeada por mesones cuyos visitantes utilizaban para almacenar productos destinados a la venta en el mencionado solar triangular.
El terreno tuvo varios usos antes de convertirse en el mercado que conocemos. Para 1956 apareció una nota en el periódico El Sol del Centro mencionando que “en el curso de la presente semana serán intensificados los trabajos de readaptación de la ex -Cancha Juárez, tendientes a convertirla en un nuevo mercado que vendrá a descongestionar todas las calles adyacentes al Mercado Terán. Según el proyecto presentado por la Dirección de Obras Públicas del Ayuntamiento, dicho centro comercial constará de veintitrés locales destinados a fondas y cincuenta y ocho para establecimientos que se dedicarán al expendio de frutas y legumbres”.
Es así como el Mercado Juárez que ahora ocupa el lugar, se quedó inicialmente con esa tradición en la venta de huaraches, monturas, botas y demás productos de jarciería y talabartería que se complementó con la venta de alimentos, que se decantó por la birria. Es un edificio sencillo dispuesto en corredores lineales que obedecen a sus accesos. Ventanas sólo para iluminación y ventilación, evitando el contacto visual entre el exterior y el interior. Sus marquesinas de concreto armado, sólo protegen sus fachadas sur y poniente. Es una edificación del Municipio utilitaria al estilo de las de los años 50 y 60, en que más que aportar un edificio de perfil prominente, se buscaba la satisfacción de una necesidad urbana desprendida de una actividad que llevaba curso desde tiempo atrás.