Por J. Jesús López García

En el siglo XVIII el poeta, dramaturgo y editor alemán Christoph Martín Wieland (1773-1813) expresó la frase “Menos es más” conocida entre arquitectos y diseñadores por atribuirse al también arquitecto alemán Ludwig Mies van der Rohe (1886-1969), quien realmente la adoptó como su bandera de batalla con la que se le asigna -también de manera imprecisa como con la frase- la paternidad del “minimalismo”. Wieland se afincó en la ciudad de Weimar en donde vivió un tiempo y allí murió; Weimar sería el sitio donde se asentaría la mítica escuela de arquitectura, arte y diseño Bauhaus de la que Mies van der Rohe fue su último director antes de ser cerrada por los nacionalsocialistas.

El lograr la máxima expresión espacial de la arquitectura con el mínimo de elementos arquitectónicos podría ser la interpretación que el arquitecto hizo de la frase de Wieland que hoy tiene una resonancia casi estilística en muchas de las manifestaciones arquitectónicas desde los noventa hasta estas dos primeras décadas del siglo XXI.

Sin embargo, esa manera de abordar la disciplina ya tiene cien años de vigencia con la obra de Mies van der Rohe, pero también con el funcionalismo del arquitecto Walter Gropius (1883-1969) -fundador de la citada Bauhaus-, el purismo de Le Corbusier (1887-1965), la Nueva Objetividad de Hannes Meyer (1889-1954), Mart Stam (1889-1986) y varios más, así como en el Abstraccionismo neoplasticista de Gerrit Rietveld (1888-1964) o la simpleza del Suprematismo, por solamente mencionar el espíritu de vanguardia que acompañó al Movimiento Moderno de la arquitectura en el primer tercio del siglo pasado y que en sus tendencias se concurría de manera inequívoca en la necesidad de decantar la forma arquitectónica de todo elemento accesorio para lograr una supremacía no de la forma, dominada por la estética tradicional de los materiales y los procesos constructivos tradicionales, ensamblados en disposiciones jerárquicas igualmente tradicionales, sino del espacio, ámbito etéreo manipulado bajo la técnica contemporánea marcada por la naturaleza de los nuevos materiales que ofrecen una mayor versatilidad en sus maneras de ser integrados a una composición fluida y libre, sin constreñimientos y sustraída de las clasificaciones sociales del pasado preindustrial.

En nuestra ciudad de Aguascalientes también existen obras arquitectónicas que se suscriben en esa tesitura “minimalista”, como la sede del Sindicato Ferrocarrilero tal vez como su abanderado más notorio, de formas neutras y expresión austera, pero hay modelos de todo tipo, mejor logrados o algunos de factura más bien pobre. Sin embargo, todos esos ejemplares influidos por el espíritu de una época, la de la primera mitad del siglo XX, partícipe de un esencia en que el progreso moderno aún era visto como el signo positivo del mundo nuevo que nacía, tal cual Ave Fénix, de las cenizas del viejo. Ese espíritu comenzó a trastabillar tras la Segunda Guerra Mundial y la posmodernidad que le siguió, fue una especie de crítica a ese racionalismo depurado que no pudo cerrar el paso a la irracionalidad de la destrucción de la segunda guerra mecanizada de la Historia.

Hasta mediados de los años 90, el “menos es más” volvió a situarse de nueva cuenta en el panorama de la arquitectura contemporánea conviviendo con la posmodernidad antagónica y otras vertientes tardomodernas y posmodernas, desplazado ya como el lema que fue casi hegemónico hace cien años. Algunos de los edificios que junto al Sindicato Ferrocarrilero fueron icónicos de esa manera de pensar la arquitectura, incluso han desaparecido y cada vez somos menos los que les recordamos de una manera vaga, lo que se acentúa más por no existir muchos registros fotográficos. Por lo anterior “La Casa de Vidrio” diseñada y construida por el ingeniero Salvador Leal Arellano, tienda departamental ubicada hasta hace algunas décadas en lo que ahora es el pasaje Juárez entre Madero y el andador Allende, en el mismo sitio en que ahora se encuentra la también tienda departamental “Del Sol”.

El edificio en cuestión, como lo sugería su nombre, era una finca de prístina fachada cristalina que hacía de toda la tienda un enorme escaparate, transparente y lleno del movimiento que pudiesen imprimir sus visitantes. El frente del mismo inmueble buscaba representar la sencillez del lema que hace de la reducción el principal motivo de composición en donde los contenidos del inventario, usuarios y clientes eran la fachada del edificio, no un anuncio. “La Casa de Vidrio” tiene ciertas similitudes al edificio Manufacturers Trust Company Building en Nueva York diseñado por el arquitecto Gordon Bunshaft (1909-1990) de la firma Skidmore, Owings & Merril y la diseñadora de interiores Eleanor H. Le Maire (1897-1970), lo que es normal ya que el Movimiento Moderno se decantó en modelos “internacionales” muy parecidos entre sí y entre los que sus líneas de diseño concurrentes eran sintetizados en esa frase por si misma simple y clara: “menos es más”.

Seguramente muchos de nosotros aún conservamos en nuestra memoria múltiples edificios que fueron en su momento verdaderos íconos de la modernidad que estaba viviendo la ciudad de Aguascalientes, sin embargo, gradualmente van desapareciendo.