Flaviano JimenezProf. Flaviano Jiménez Jiménez

En los últimos años, se ha criticado mucho la querencia de recurrir al memorismo en el proceso enseñanza-aprendizaje; se ha insistido que en lugar de la memorización debe fomentarse el razonamiento para desarrollar la inteligencia y lograr mejores aprendizajes en la escuela. Hay cierta razón en lo que se dice; sin embargo, es conveniente y muy prudente hacer algunas precisiones al respecto:

La memorización nunca ha sido mala o perjudicial, es más, en los actuales tiempos de la modernidad educativa es absolutamente necesaria, como punto de partida, para lograr aprendizajes significativos, y seguirá siendo necesaria para siempre. El problema, en todo caso, radica en que únicamente se dejan registrados en la memoria los datos percibidos a través de los sentidos y no se hace nada más para que esos datos se transformen en aprendizajes o conocimientos perdurables. Y ¿qué hacer para que los datos registrados en la memoria se conviertan en aprendizajes significativos? De conformidad con los estudiosos sobre la materia, habrá que utilizar las habilidades de pensamiento para interpretar y ampliar la información o los datos registrados; siendo estas habilidades como retener, observar, asociar, analizar, clasificar, expresar, sintetizar, deducir, generalizar y evaluar, entre otras. Por ejemplo, se dice o se lee en un libro de Historia: “El 16 de Septiembre de 1810 inicia el movimiento armado por la Independencia de la Nueva España”. Este enunciado se registra y se memoriza de momento, pero si no se hacen reflexiones sobre este hecho histórico y no se vuelve mencionar el tema por algún tiempo, la fecha se olvida y de nada sirvió haber memorizado el dato. En cambio, si se analizan las causas que originaron el Movimiento de Independencia, se clasifican los factores que lo determinaron, se describen y destacan los acontecimientos más relevantes, se caracterizan los personajes que intervinieron, se sintetizan los hechos y se ponderan las consecuencias, entonces lo que inició siendo memorización de la fecha se transforma en un aprendizaje que tiene sentido y relevancia, y si este Movimiento Independiente se menciona frecuentemente y se le compara con otros movimientos sociales de distintos espacios y fechas, el aprendizaje se hace cada vez más sólido y no se olvida. Lo mismo pasa con los números; éstos se pueden memorizar por un tiempo corto y si no se aplican en operaciones para solucionar problemas específicos se olvidan; pero cuando los números se ejercitan, se razonan y se aplican en la suma, en la resta, en la multiplicación y en la división, y con estas operaciones se resuelven los problemas de la vida diaria, entonces lo que se memorizó inicialmente cobra sentido y se convierte en un aprendizaje significativo y permanente. Memorizar, pues, no es malo; lo malo está en que la información memorizada se olvida por falta de su interpretación y de uso cotidiano. En cambio, cuando los datos memorizados se reflexionan y se utilizan en asuntos de la vida real hay aprendizajes reales.

¿Qué es entonces la memorización? Es la capacidad de conservar o retener la información que captan los sentidos. Esta información se registra, se almacena y se reactiva (cuando se emplea la información en casos necesarios). Se dice que hay memoria de corto plazo, cuando se retiene inmediatamente una pequeña cantidad de información y que pronto se puede olvidar si esta información no se amplía, ni se aplica. Y la memoria puede ser de largo plazo, cuando la información captada se analiza en sus partes; se asocia con otros datos, hechos o imágenes; se compara con las semejanzas y diferencias de otras informaciones; se sintetiza con las partes más relevantes y se valora por su utilidad y trascendencia. De esta forma, los datos memorizados inicialmente se transforman en conocimientos sólidos. Ahora bien, se ha dicho que lo que se memoriza se puede olvidar; ¿cuándo y por qué sucede esto? Se puede olvidar: 1) Cuando la información registrada no se reactiva, es decir, cuando no se analiza, ni se somete a ninguna otra habilidad de pensamiento; 2) Cuando la información captada pierde vigencia por el paso del tiempo, por desinterés y por falta de uso; 3) Cuando hay interferencia entre una y otra información, obstruyéndose entre ellas y provocando olvidos.

Aplicando a la escuela lo que se ha dicho hasta aquí, está comprobado que los alumnos cuando estudian retienen el 80 % de los conocimientos o de la información que perciben a través de sus oídos, de su vista y de su pensamiento; el resto se dispersa. Si esta información retenida (en un 80%) no se repasa, ni se somete al filtro de alguna de las habilidades de pensamiento, a las ocho horas de haberse estudiado sólo se recuerda el 20 % de los conocimientos memorizados, un mes después (sin repasos y sin razonamientos) todo se olvida. Pero repasando los datos, reflexionándolos, argumentándolos, investigando más sobre el particular y ampliando la información inicial, durante un mes aproximadamente, el aprendizaje adquiere significado y es perdurable. ¿Qué se tiene que hacer en las escuelas para evitar el olvido de los conocimientos memorizados? Que los docentes, mediante el desarrollo de las habilidades de pensamiento y con sus estrategias metodológicas, impulsen a los alumnos para que éstos transformen lo memorizado en aprendizajes significativos; de no ser así, los conocimientos se olvidan y, por ende, habrá reprobación. Está en manos de los docentes que los educandos construyan aprendizajes trascendentales.