Por Dra. Ednna Milvia Segovia Miranda

terSufrir una quemadura es devastador, pues requiere hospitalización y guarda relación con alta mortalidad, la mayoría se producen por calor: llamas, explosiones, contacto con líquidos calientes, sin embargo, las quemaduras químicas representan un grave problema médico legal y social, pues no sólo ocurren como producto de un accidente laboral o en el hogar, sino que muchas veces son el resultado de una agresión, causando graves secuelas físicas, estéticas, funcionales y severos problemas emocionales, de adaptación, de rechazo social, familiar y de pareja.

El ataque a personas utilizando productos químicos como armas se emplea no sólo para resolver problemas familiares, entre vecinos o entre la delincuencia común. Utilizar productos como el ácido sulfúrico —que se extrae muchas veces del motor de los coches o motocicletas— es claramente un acto premeditado, que generalmente es perpetrado por hombres (conocidos o con alguna relación con la agredida) para desfigurar, mutilar, avergonzar y empujar a la víctima, casi siempre mujeres, entre los doce y veinte años, a un aislamiento social extremo; los testimonios de las víctimas señalan que los ataques ocurren en la vía pública, de manera intempestiva, desconociéndose la causa real de la agresión y sin que medie algún tipo de modelo de atención especializada más que, en el mejor de los casos, el traslado al hospital más cercano.

En India se registran al menos tres ataques con ácido a la semana, aunque las organizaciones humanitarias creen que la cifra real es mucho mayor, pues estiman alrededor de 1,000 agresiones con ácido al año. En nuestro país, no hay una cifra oficial del número de mujeres víctimas de este tipo de violencia, sin embargo, se han registrado en la Ciudad de México y Puebla cinco casos de ataques con ácido cada uno; el Estado de México, tres; Aguascalientes, dos, mientras que, en Hidalgo, Quintana Roo, Oaxaca, Guanajuato, Querétaro y Yucatán, un caso en cada entidad.

Prevenir, atender, erradicar, investigar y sancionar los ataques con ácido u otras sustancias corrosivas a mujeres mexicanas por situaciones relacionadas con la violencia machista son unos de los objetivos de la primera Asociación Civil Mexicana que visibiliza las causas y consecuencias de la “violencia ácida” desde una perspectiva feminista. En la Ciudad de México, estas agresiones comenzaron a ser penalizadas desde 2019, gracias a los casos de activismo.

Esta modalidad perversa, en la cual se arroja ácido al cuerpo de una persona y particularmente en la cara, contiene altísima carga simbólica y pretende destruir la vida de la mujer a través de lo que la ONU considera una forma “devastadora” de violencia de género; representa sin duda un flagelo criminal, una huella imborrable, que amerita atención y justicia.

Las mujeres víctimas atacadas con ácido en México existen, resisten y sobreviven, cargan sus cicatrices, las físicas y sobre todo las de la revictimización, la exclusión, la rabia acumulada y la impunidad. Las quisieron quemar y se les olvidó que son fuego.

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