Selene Velasco
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- A principios de noviembre Fabiola inició la búsqueda de una cama de hospital para su padre que cree haberse contagiado de Covid-19; en su lugar halló nosocomios llenos y rechazo para internarlo, generó deudas de miles de pesos y malestares.
Cuando su papá comenzó a toser y le faltaba el aire hasta para hablar, llamaron a Locatel donde le diagnosticaron alto riesgo de tener el nuevo coronavirus.
Le devolvieron la comunicación en dos ocasiones durante los dos días siguientes para preguntar sobre la evolución de síntomas y le reiteraron alto riesgo, pero le pidieron quedarse en su casa.
A los dos días su padre no podía respirar y decidieron llevarlo a un hospital. Pasaron por el General de Tláhuac, el de Especialidades Belisario Domínguez y el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), pero después de ocho horas entre traslados y espera volvieron a casa.
“Comenzó con mucha tos, ya casi no hablaba, se cansaba demasiado, tenía muchos problemas con su respiración y así decía que no estaba grave, que esperáramos tantito y no nos preocupáramos y se le iba a pasar”, recuerda.
La desesperación al ver que no mejoraba los hizo buscar un doctor privado, que le recomendó oxígeno mientras volvían a llamar a las autoridades, pues no cuentan con seguro médico y escucharon que toda atención de Covid-19 sería gratuita.
“Llamamos, dimos el número de folio y nos dijeron que compráramos oxígeno, pero que no lo lleváramos al hospital, de ahí ya no nos llamaron, yo estuve insistiendo y hasta dos días después dijeron que el caso había pasado a Sedena”
“Según que ellos iban a venir a realizar la prueba, que teníamos que esperar entre 3 o 4 días los cuales jamás volvieron a llamar, me cansé de estar rogando casi por una cama o una ambulancia, por una mejor atención médica, volví a levantar un nuevo código y sólo me volvieron a hacer el test y fue todo”, lamentó.
Su padre empeoró, casi se desmayó y por eso volvieron a peregrinar por hospitales.
Una enfermera les dijo que parecía tener una neumonía y tras dos nosocomios llenos en Tláhuac e Iztapalapa, llegó al Hospital de Ajusco Medio, en Tlalpan, donde lo recibieron sólo por un par de horas.
“Me lo regresaron y me dijo el doctor que no lo podían dejar ahí porque no requería ventilador y él podía estar en casa. Le dije que ya llevaba muchos días mal, pero sólo me dijo que le pusiera oxígeno, un medicamento y que aunque parecía que sí tenía Covid sentía que ya no era necesaria una prueba”.
Fabiola devolvió a su padre a casa. A una semana de que estuviera en crisis, lo cuida en una casa donde conviven 10 familiares entre adultos mayores y menores.
La primera vez que llamó a Locatel en lugar de ingresarlo a un hospital le dieron un kit con mil pesos que pudo cobrar 15 días después y una despensa, pero afirma que prefería la atención médica.
“Pedimos prestado. Los mil pesos nos ayudaron para despensa porque en los lugares que recibían la tarjeta no vendían medicamento y conseguimos 10 mil para dejar un depósito para el oxígeno, pero con los 2 mil de la renta, ya no sé qué hacer”.
El primer tanque les costó 5 mil pesos más el llenado. En medicamentos gastaron más de 6 mil pesos.
“Yo no culpo a nadie, ni les pido que me mantengan, pero era una emergencia y no nos ayudaron en el hospital y se me hace injusto que digan algo, que todo está bien y es la mejor atención, cuando nos pusieron en riesgo”.
Hasta este jueves, el padre de Fabiola seguía en casa, pero ya había avisado que el fin de semana volvería a trabajar en la gasolinera, pues necesitan el dinero.
El Gobierno capitalino aseguró que ante un rebrote su capacidad hospitalaria es su principal arma.
Hasta este jueves, cuando el País superaba los 100 mil muertos por Covid-19, la Capital del País registraba 2 mil 257 personas en camas generales y 827 intubados.
De las 2 mil 46 camas para terapia intensiva 40.4 por ciento se reportaba ocupada.
En tanto, de camas generales se reportó ocupado el 50.9 por ciento.