Por J. Jesús López García

La ciudad de Aguascalientes inició su historia hace ya casi 450 años. En la Villa de Nuestra Señora de la Asunción de las Aguas Calientes, a decir de Alejandro Topete del Valle, los poseedores “…de las tierras aledañas, antes de 1565, fueron los primitivos colonos Alonso Ávalos (o Dávalos) de Saavedra, Gaspar López, Francisco Guillén y Hernán González Berrocal… En 1573, acatando recomendaciones del Rey Felipe II, el Doctor Jerónimo de Orozco, Gobernador de Nueva Galicia y presidente de su Real Audiencia, procuró gente intrépida que fundara una villa española, intermedia entre Lagos y Zacatecas, para asegurar el tránsito y establecer un centro más de autoridad y de pacificación…El sugeto [sic] adecuado para tan señalada empresa, se encontró en el valeroso Capitán don JUAN DE MONTORO, quien encabezó a un grupo de doce vecinos de Santa María de los Lagos, eligió el punto más adecuado para la fundación y ejecutó las operaciones preliminares, llamadas de “la traza” a fines de 1574 o principios de 1575.”

Desde esos episodios ocurridos a fines del siglo XVI, la ciudad se fue acompasando al ritmo lento de las comunidades de vocación agrícola, con una demografía pequeña y un territorio igualmente reducido, sin embargo al iniciar su industrialización a fines del siglo XIX, la ciudad cambió, y su ritmo en todo aspecto experimentó una aceleración en la que todavía continuamos viviendo. La población se disparó en número y la huella de la capital se expandió por diez en sus dimensiones.

Si los aguascalentenses que habitaron esta ciudad hace 150 años pudiesen ver lo que es hoy, es probable que no la reconocerían más que en algunos pocos edificios que además ya no son iguales en su mayoría a lo que eran, pues han sido ampliados, remozados o parcialmente modificados. El tamaño de la ciudad es además tan grande comparado a lo que fue, incluso hace unos treinta años, que un aguascalentense actual pudo haber vivido su infancia en algún sector que ahora en edad adulta, tal vez viviendo en otra zona, ahora no le reconocería en muchos de sus rasgos.

La capital de Aguascalientes ha ido “desbordando” sus anillos de circunvalación en poco tiempo. Actualmente lo que podríamos demarcar como “el centro de la ciudad” de manera general, digamos lo que se circunscribe dentro del primer anillo, es el hogar de un grupo muy reducido de familias. La zona en donde están sus barrios tradicionales, sus edificios -muchos de ellos a los menos- más representativos, donde hay más servicios y equipamiento -término urbanístico que designa templos, escuelas, bibliotecas, locales de alimentos, entre otros- es pues la menos poblada de la ciudad, sus moradores se han ido envejeciendo y muchos de sus edificios se han quedado solos.

Con la distribución, la movilidad y la manera de vivir actuales, muchas partes del centro pueden vivir una existencia nueva con algunas intervenciones puntuales. Hay una gran cantidad de jóvenes para los que vivir en un sitio del centro de la ciudad es atractivo por la cantidad de experiencias que puede procurarles. Además, la traza urbana de estos sitios y la heterogeneidad de sus construcciones -edificios de diferentes épocas, usos, dimensiones- favorece también la creación de fincas novedosas para la experiencia comunitaria del lugar.

Existe un conjunto habitacional en la Avenida de Los Arellano No. 301, entre las avenidas de la Convención y Aguascalientes, que si bien no está dentro del primer anillo de circunvalación, sí se encuentra cercano a él y es además una modalidad de diseño y construcción que comienza a verse, por ejemplo en la calle Guadalupe. Son apartamentos que se disponen en predios no muy grandes, en medio de casas unifamiliares, pero de alguna manera en contacto con su entorno que es heterogéneo, y por ello favorecedor de experiencias que no se limitan a la cerrazón del muro perimetral de un “coto”. El conjunto es de un diseño actual, sencillo pero agradable a la vista, además de ser ya un punto de referencia en esa avenida de trazo sinuoso; su principal virtud es experimentar con un sistema colectivo de vivienda que se desplanta en el sitio con una personalidad propia de los edificios que superan los tres niveles de altura en una ciudad que se aprecia horizontal.

Poco a poco la urbe va buscando nuevas maneras de consolidar sus vacíos. Solares como el que ocupa el edificio referido permanecieron largo tiempo baldíos; ahora van perfilándose estos tipos de obras que se “amoldan” de una manera atrayente. En el centro primigenio, existen predios de formas irregulares, centros de manzanas ya sin uso, edificios vecinos de múltiples tipos, todo lo anterior propiciando unas circunstancias en que la arquitectura puede proponer nuevas maneras de habitar un sitio que se va alejando de su pretendida consolidación.

Barrios, colonias y fraccionamientos fueron durante mucho tiempo los modelos a seguir en Aguascalientes; ahora con el paso del tiempo van apareciendo maneras diferentes de habitar el espacio. Conjuntos cerrados como los cotos habitacionales, o el ejemplo analizado, nos permiten más soluciones de vivienda.