Ricardo Vargas

Hace un par de semanas toqué en este mismo espacio el tema de la política estadounidense, hablando meramente de la transición presidencial que se avecinaba y de lo que esto implicaba en el desempeño de nuestra economía nacional, principalmente en cuanto a expectativas tanto del sector público como del sector privado. Después de esto, vimos esta semana una transición presidencial realmente tranquila y pacífica, hasta el punto en el que el presidente saliente de los EE.UU. felicitó al presidente entrante y le deseó “el mejor de los éxitos a su nueva administración”.

Luego de la toma de protesta del nuevo presidente estadounidense, Joe Biden, comenzó a tomar fuerza y forma la hipótesis de un mayor apoyo fiscal a dicha economía y de mayores apoyos para tratar de suavizar la crisis económica que se ha visto desde inicios del año pasado, buscando lo que muchos economistas hemos descrito como una trayectoria en “V”, en donde se observa una caída pronunciada en la actividad económica pero donde de pronto se registra una recuperación igualmente pronunciada a la alza. La materialización de esta hipótesis está al día de hoy meramente fundada en la intención explícita de la nueva presidencia estadounidense de buscar una política fiscal expansiva y la (sola) intención de persuadir a la Reserva Federal (Banco Central de los EE.UU.) de perseguir igualmente una política monetaria expansiva, buscando tasas relativamente bajas, dando espacio a que los tenedores de capital busquen invertir de forma productiva y a que el sector productivo pueda contraer deuda en un costo relativamente barato, buscando ganancias dentro de la inversión productiva y consecuentemente la activación de la economía formal.

En este sentido, y habiéndose materializado ya una transición política favorable, los mercados internacionales han reaccionado de una manera favorable tanto para la economía estadounidense como para economías relacionadas; caso específico de la mexicana. El pasado miércoles tras la aprobación de Janet Yellen como nueva secretaria del Tesoro, el peso mexicano fue la sexta divisa (dentro de la canasta de divisas con mayor liquidez) que registró la mejor apreciación en dicha jornada.

Dentro de muchas variables, destaca en este movimiento la expectativa generalizada tanto del sector privado como del público, de que se registre un mayor apoyo a la economía nacional en nuestro país vecino, lo que abre la posibilidad a una reactivación económica en dicho país y por ende deja entrever una recuperación importante en la demanda agregada estadounidense, que pudiera materializar una recuperación acelerada en el sector exportador mexicano, y por ende, habilitar un efecto multiplicador en la economía nacional que pudiera mitigar una crisis económica que hemos visto desde el año pasado, buscando llegar a la tan famosa “V”, a la que aspiran todas las economías tras la crisis económica observada en el 2020.

Independientemente de la política económica nacional, y el manejo de la crisis económica (que indudablemente hemos atravesado durante más de un año, y que hemos visto agravarse en los últimos meses), la noticia y el hecho de que en nuestro país vecino llegue la intención de una política económica expansiva en el sentido fiscal y monetario es siempre buena noticia para la economía mexicana, recordando siempre la fuerte relación que tenemos con ella, pues más del 80% de nuestras exportaciones netas tienen destino en lo Estados Unidos. No quiero abordar en esta colaboración el manejo de la crisis económica que hemos atravesado, en la óptica doméstica, porque ese es un tema de otra ocasión, pero la situación que estamos viendo ya concreta en los Estados Unidos representa para todos los mexicanos una ventana de oportunidad en todos los sentidos; mayor demanda agregada, recuperación del sector laboral (y seguramente mayor flujo de remesas), mayor demanda en nuestro sector exportador y de manera adjunta una posible apreciación de nuestra moneda frente al dólar, pues una reducción de tasas en el dólar estadounidense volverá aún más atractivo al peso mexicano frente a los capitales de inversión internacionales.

Más allá del manejo de la crisis económica doméstica, debemos mantener una expectativa optimista tras la transición política que se ha concretado ya en EE.UU., entendiendo que con ella viene la intención de reactivar en forma general la actividad económica.

Soy economista del Tec de Monterrey, Campus Monterrey y tengo un par de años escribiendo artículos de opinión. Escríbame. rvargas@publimagen.mx     @1ricardovargas