Más edificios de la vieja modernidad

Por J. Jesús López García

Se comenta que en cuestiones de la música una tendencia dura alrededor de quince años; a veces ni eso, pues en cascada muchos estilos musicales emparentados forman una familia en que los rasgos particulares a la distancia pueden ser algo difusos, tal es el caso del bebop, el hard bop o el west coast jazz, de los que derivaron muchos otros como el latin jazz. Así cierta música nos recuerda cierto tiempo.

Pareciera ser que lo anterior también es aplicable a los estilos arquitectónicos, en donde éstos conviven simultaneamente e incluso aquellos que duran un buen tiempo dan lugar a otras tendencias, que al igual que la música, así como en los casos del rock o el jazz, la modernidad arquitectónica sigue siendo un parámetro para medir la producción de su disciplina en nuestro tiempo.

La Escuela Moderna de arquitectura y sus diversas tendencias y subgéneros iniciaron hace ya más de cien años, y pese a ser por tanto un estilo -si es que puede llamársele así-, o un conjunto de tendencias o modalidades de diseñar y construir inmuebles ya bastante añejo, continúa siendo vigoroso, sin encontrársele un rival a la vista. Y es que si tomamos como parte de la familia arquitectónica moderna a todo aquel edificio construido con concreto, y utiliza el vidrio con menor o mayor profusión, encontramos que la modernidad arquitectónica legó un sistema constructivo en que ya ni los arquitectos o ingenieros son los únicos en ejecutar obras en esa modalidad.

De hecho en nuestras ciudades en que se acumulan los siglos de existencia, podemos ver como los viejos edificios levantados por medios tradicionales, han sido sustituidos o modificados por las técnicas, los procesos y los materiales modernos, hasta ser en muchos casos sustituidos, dejando como resultado una ciudad donde ya se cuentan edificaciones modernas como “viejas”, pues parte de la modernidad es también ir en pos de la innovación, dejando a muchas de sus propias creaciones en la ruta de la caducidad; sin embargo esos edificios persisten y no son raros, también los que vuelven a adquirir una o varias nuevas vidas, pues precisamente los materiales, las técnicas y los procesos constructivos de la modernidad han resultado de relativo bajo costo en su implementación y su mantenimiento, garantizando además una vida útil mucho mayor -si los comparamos por ejemplo a las fincas tradicionales de adobe-.

No obstante la simplicidad de medios de la arquitectura moderna -que también  han producido múltiples edificaciones carentes  de todo atributo-, en Aguascalientes hay viejos edificios de la modernidad que de alguna manera pareciesen mantenerse ocultos a nuestros ojos debido a que solamente tendemos a observar lo que se nos presenta a nivel de la banqueta, siendo muchos de ellos construidos en las calles estrechas del centro de la ciudad o además con gran contaminación visual.

Sin embargo, es solamente cuestión de apuntar la vista un poco hacia arriba y podremos contemplar inmuebles que poseen cualidades interesantes como aquellas con las que cuenta el edificio de apartamentos, con un local comercial en planta baja, que se localiza en la calle Guadalupe Victoria No.110 muy cercano a la Catedral.

Es una edificación con clara filiación moderna, probablemente de los años sesenta, en tres niveles, más la planta baja -marcados por terrazas- que se retranquean para producir sombra; sus vanos generosos y amplios, y los pocos apoyos en el desplante del edificio nos permiten adivinar una estructura de concreto armado. Recubrimientos de varios tipos, herrería y cancelería descubren su edad, además del mosaico veneciano en la marquesina y en los balcones. Un edificio que supera el medio siglo de antigüedad y que pese a manifestarse viejo –posiblemente por la falta de mantenimiento-, aún se presenta íntegro en su constitución física, lo que le hace un buen candidato a una renovación menor para descubrirle un nuevo aire. Desconocemos si está ocupado en sus niveles superiores –parece que no, pues durante bastante tiempo han prevalecido anuncios en renta en dos de sus niveles-, pero no obstante el ruido o la contaminación -que pueden mitigarse con nuevos sistemas de cancelería-, se puede adivinar que sus espacios son amplios y que pueden habitarse de una manera agradable.

Los edificios de la vieja modernidad no presentaban muchos prejuicios para  implantarse en sitios que ahora podríamos considerar patrimonialmente comprometidos -en contextos donde la traza y algunos inmuebles vecinos son verdaderamente antiguos-. Ese desenfado les hizo abordar el diseño arquitectónico desde una óptica pragmática y constructivamente muy moderna; ahora, son parte de ese ámbito histórico y se agregan como las nuevas piezas de un acervo patrimonial, pero ello no les hace al contrario de los inmuebles más antiguos de la ciudad, más susceptibles de sobreproteger su imagen, y por tanto limitar su potencialidad de adecuarse a nuevos usos; por el contrario, estos son edificios que pueden readecuarse de muchas maneras al ritmo de la vida urbana actual, pues finalmente son resultado de la modernidad a la que accedió Aguascalientes precisamente al asumir su sitio en el mundo actual.