RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

El más grande ídolo que he tenido a lo largo de mi existencia es Marco Antonio Muñiz, “El Lujo de México”. Recuerdo que cuando niño, exactamente a la edad de 8 años, la casa paterna se ubicaba por el Barrio de la Estación, en la calle Progreso. Vivíamos a media cuadra de la Alameda. En ese tiempo recién iniciaba la televisión. De tal manera que para las familias de clase media, que en esa época las clases sí estaban perfectamente delimitadas, no era nada común tener televisión en casa. Los pocos que tenían televisión comenzaron a hacer negocio ya que cobraban 20 centavos por dejar pasar a ver la tele; aparte ponían alguna mesita con dulces y frituras que comprábamos quienes acudíamos a ver alguno de los no muchos programas que se transmitían. Recuerdo que en ese tiempo se escuchaba mucho Alberto Vázquez y uno se hacía cruces sobre cómo sería el artista, flaco, gordo, chaparro, etc. Fue en una de esas ocasiones, en que pagando mis veinte fierros, tuve la oportunidad de conocerlo, en el programa TV Musical Ossart.

Para ese tiempo mi padre había comprado un pequeño tocadiscos portátil. ¡Ah!… Era una gran novedad. Y uno hasta se sentía de los riquillos del barrio… Imagínese ¡tener tocadiscos! Con la compra del aparato mi papá comenzó a comprar discos, de 33 o 45 rpm. No muchos, pues eran muy caros, aparte de que a Aguascalientes llegaban con mucho tiempo de retraso las novedades, y había solo dos lugares a los que se podía ir a comprar los acetatos: La Casa de Vidrio en la calle Juárez, frente a la Ferretería El Gallo, en donde la encargada era una señorita llamada Esthelita, o con Teresita Leos en uno de los locales comerciales de la Cancha del Estado, a un lado de una marisquería en la calle de Álvaro Obregón.

Uno de los primeros discos que mi papá compró fue el primer LP que Marco Antonio Muñiz grabó como solista, poco tiempo después de haber salido del Trío “Los Tres Ases”. El disco traía como canciones principales: “Luz y Sombra” y “Escándalo”, ambas de Rubén Fuentes. Ese disco marcó mi vida para siempre, me lo aprendí al derecho y al revés…Y eso que solo tenía ¡ocho años! Y es que mi papá lo ponía al medio día que llegaba a comer y cuando se metía a bañar. Él cantaba bajo la regadera mientras mi hermano Ricardo y yo jugábamos en alguna parte de la pequeña casita escuchando también, a la de a fuerza, el tocadiscos. Ese disco, esas canciones y Marco Antonio Muñiz empezaron a formar parte de nuestra existencia.

Pasaron algunos años y con ellos nuevos discos de Muñiz Vega. Ya en la adolescencia, en los años setentas, inicie mis pininos en los bailes de la Feria de San Marcos. En esa época el lugar tradicional por excelencia para ir a bailar o a escuchar las mejores variedades de la verbena sanmarqueña era “Los Globos”, en donde el empresario era un hombre formidable en su trato: Don Rafael Mirabal, potosino él.

Ahí en Los Globos pude presenciar las mejores variedades de mi vida: ¡Roberto Carlos!, Mocedades, ¡Camilo Sesto!, Los Ángeles Negros -con Germaín-, Víctor Yturbe “Pirulí”, Alberto Vázquez, José José, Raúl Vale y Angélica María, Juan Torres, Napoleón, la Sonora Santanera, y desde luego a Marco Antonio Muñiz.

A estos artistas los trajo Don Rafael Mirabal cuando estaban en el mejor momento de su carrera. En la cumbre de su éxito. Sobra decir que el número de bailes que se efectuaban durante el periodo de feria eran entre diez o doce, sin faltar el fandango estudiantil -que organizaban los estudiantes del IACT- que era invariablemente el día 24 de abril.

Había otro lugarcito que regenteaba el mismo Don Rafael, el “Piano Bar”. Lugar más exclusivo. No era para grandes masas, sino más bien para matrimonios o parejas de enamorados, pues era un lugar más pequeño. Ahí se presentaron en ese tiempo jóvenes casi desconocidos pero con una gran calidad artística, que con el paso del tiempo serían grandes figuras: Emmanuel, Carlos Cuevas y Jorge “Coque” Muñiz, etc. Ellos iniciaban la variedad y posteriormente quienes actuaban en Los Globos esa misma noche actuaban también en el Piano Bar.

 En una ocasión que se presentó Marco Antonio Muñiz en Los Globos, mi padre, que era amigo de Don Rafael Mirabal, consiguió que pasáramos al camerino de Marco luego de que había terminado su actuación. El lugar estaba atestado de gente que también había logrado colarse para saludar al artista.

Nosotros éramos cuatro: Mi papá, mi hermano Ricardo, el Dr. Daniel Traconis y yo. No tuvimos muchos problemas para acercarnos a Muñiz. Él solícito nos firmó algunos autógrafos y se fotografió con nosotros. El impacto fue grande pues teníamos la idea de que los artistas de renombre eran sangrones y estirados, casi inalcanzables. Con Marco Antonio fue todo lo contrario, pues a pesar de que acababa de terminar un show de casi dos horas, había tenido la paciencia para saludar a un mundo de gente y atenderlos con mucho afecto. Y si Marco era para mí un ídolo muy grande, a partir de esa noche casi le guardaba veneración.

Y lo que es la vida, varios años después, por medio de los abuelos del “Chicharito” Hernández, Tomás y Lucha Balcázar, que es prima de la esposa de Marco, pude emparentar con Marco por medio del compadrazgo al aceptar ser padrino de uno de mis hijos. Los Balcázar también son mis compadres pues son padrinos de mi hija Claudia. A partir de ahí nació una relación bellísima con Marco y su familia; años después vino a bautizar a mi nieto Alfonso. El bautizo fue en el Templo de Ntra. Señora de la Soledad, en el Campestre. Ese día cuando fui por él y Jessica al aeropuerto me dijo: “Es la primera vez que vengo a Aguascalientes sin que me paguen, siempre he venido a trabajar”. Y recordaba sus noches con Paco Malgesto “gastando suela” en la feria abrileña, con la tambora atrás de ellos y otros amigos. Ya en la fiesta me platicó cuando en una comida en la casa del maestro Fermín Espinosa “Armillita”, en Chichimeco, en una tarde bohemia en la que los amigos del Maestro contaron sus anécdotas taurinas, algunos declamaron y Marco cantó. Cuando terminó de cantar algunas canciones, la esposa del maestro Armillita, la señora Nieves Menéndez, andaluza, estaba muy emocionada y le dijo al maestro Armillita:”Fermín, la pata que cortaste a “Pardito” en la Plaza del Toreo debes regalársela a este señor, que sin ser torero no merece una oreja, ni un rabo sino una pata. La solicitud cayó como tromba en el ambiente. El maestro se reía nervioso y se resistía. Cómo no, si era la única que se había cortado en ese redondel. Los presentes en coincidencia de opinión se manifestaban en desacuerdo, y Marco abrumado, consciente del obsequio que se le pretendía dar, también se negaba a aceptarlo, pero la señora Nieves insistió tanto que el maestro con todo dolor de su corazón no tuvo otro remedio que dársela. Ya en México, en su casa, Marco la puso en un lugar preponderante.

Marco nació el día 3 del mes 3 del año 33. Y una vez me dijo: “Y a las tres de la mañana”, eso si no se lo creí, más bien estaba bromeando. A los 113 años murió su abuela y su papá a los 103. O sea que el número 3 y sus múltiplos lo han seguido siempre.

De Marco hay mucho que contar, anécdotas fabulosas, muchas tristes otras alegres y varias muy chuscas. Platicando con él he pasado horas que se me han ido como agua, lo mismo que las bohemias que han sido fabulosas, recuerda una en que estuvo presente mi querido Pepe Jara, ¡Gualberto Castro!, Juan Valentín, “Coque” Muñiz, Tania Libertad, Adrián Uribe que no canta pero que cuenta unos chistes buenísimos, mi compadre Tomas Balcázar que tiene muy buena voz; Talina Fernández también estuvo ahí y Chucho Arroyo, que era el anfitrión y que siempre es el que lleva la batuta. La bohemia fue precisamente en un salón de su feudo allá en Tlalpan. Fue una bohemia hasta las seis de la mañana de cantar y cantar, imagínese nada más oír a Marco Antonio Muñiz, tocando él la guitarra, a Pepe Jara, a Gualberto, al “Coque”, y también los que no somos artistas nos echamos al ruedo y cantamos alguna canción. Benditas madrugadas de cantarle al amor al calor de una buena copa de licor. Hoy quise rendirle este pequeño homenaje a un amigo que en verdad quiero mucho y que deseo que Dios lo conserve muchos años más: Marco Antonio Muñiz  ¡El Lujo de México!