Las cicatrices que una descarga eléctrica dejó hace 4 meses en la cara, brazos y tórax de Omar de la Cruz Romero son visibles, y el estudiante de preparatoria de 17 años, todavía no se acostumbra a la idea de ver las marcas en el espejo.
«¿Has platicado con alguien sobre este sentimiento?», le pregunta Xóchitl Aguayo Mendoza, psicóloga del Hospital de Traumatología y Ortopedia del IMSS.
«No», añade él cabizbajo.
Las cicatrices, además de impactar en la comodidad física y funcionamiento de quien las padece, también afectan en el bienestar emocional y en su desarrollo social. La mejor manera de tratar una cicatriz es rehabilitarla también a nivel emocional, plantea la psicoterapeuta.
«Propician enojo, tristeza, miedo, depresión e incertidumbre y, casi siempre, afectan la confianza del paciente. Pueden llegar a tener trastornos de sueño, de ansiedad, modificación de la percepción corporal, procesos de depresión», advierte.
Omar cuenta que ha experimentado tristeza, coraje, miedo, desesperación y estrés, pero también ha recibido el amor de sus padres y hermanos y el cariño de sus amigos.
Actualmente es atendido por cirujanos plásticos, médicos rehabilitadores, psicoterapeutas y especialistas de la clínica del dolor y de la Unidad de Quemados.
Cada disciplina es muy importante, pero tratar la depresión es fundamental incluso para disminuir el dolor físico en el paciente, señala María Concepción Serratos Vásquez, encargada de la Clínica de Dolor de este hospital.
«Vemos que el paciente con depresión tiene un incremento en el dolor y tiene aumento en la percepción de cada estímulo, por lo tanto, trabajamos con un equipo multidisciplinario», expone.
El jefe de la Unidad de Quemados, Fernando Sergio Luján Olivar, afirma que las atenciones a pacientes con quemaduras por descarga eléctrica son frecuentes en este hospital y la mayoría se derivan de actividades laborales.
Las marcas en la piel impactan en su manera de relacionarse con los demás y con frecuencia, tienden a aislarse, explica Walfred Rueda Medina, psiquiatra y gerente médico de Merz Pharma.
«Algunas personas con cicatrices incluso se niegan a trabajar en empleos donde tengan contacto cara a cara con muchas personas o manifiestan tener problemas en sus relaciones de pareja», apunta.
De acuerdo con el especialista, un estudio realizado en 34 pacientes dio como resultado que las personas con cicatrices a menudo se sentían insociables y esta sensación interfería con sus habilidades de comunicación, relaciones personales, vida laboral y actividades de ocio.
Omar trabaja en la rehabilitación de las cicatrices que marcaron su cuerpo el pasado 26 de septiembre derivado de una descarga eléctrica que sufrió, al tener contacto con cables de alta tensión mientras pintaba el muro de una construcción en la que trabajaba los fines de semana.
Arturo Felipe de Jesús Sosa Serrano, jefe de Cirugía Plástica reconstructiva, señala que la quemadura eléctrica afectó 35 por ciento del cuerpo de Omar. Juana Almaro Elizalde, experta en medicina física, señala que la movilidad del paciente aún está limitada por las cicatrices.
Los especialistas coinciden que la prevención y, ante lo inevitable, la atención integral es indispensable.