Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

El filósofo y cineasta francés Guy Debord en su texto “La Sociedad del Espectáculo” afirmaba: “Toda la vida de las sociedades donde rigen las condiciones modernas de producción se manifiesta como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo que antes se vivía directamente ahora se aleja en una representación”. Y eso es exactamente lo que esta película utiliza como base argumental para que el ex realizador de efectos visuales Jason Lei Howden eche mano de toda su sapiencia como constructor de imaginería fantástica en la consolidación de su labor como cineasta (ya dirigió su ópera prima titulada “Deathgasm”, minúsculo pero intrigante ejercicio en cine gore) para desarrollar una historia desenfrenada, alocada y muy divertida sobre la fuga perceptual que el ser humano contemporáneo aplica mediante los dispositivos y tecnología que tenga más a la mano con un vigor plástico y puesta en escena tan excesiva que todo luce como si de un videojuego se tratara, lo que añade potencia a la de por sí desternillante mezcla.
El ex maguito inglés Daniel Radcliffe protagoniza interpretando a Miles, un aburrido trabajador en una aburrida empresa donde labora bajo el yugo de su aburrido y fornido jefe mientras lidia con los efectos residuales de una separación amorosa. Su catarsis consiste en pasar las noches pegado al tablero de su computadora jugando y troleando como todo millenial que se precie hasta que se topa con una agrupación llamada Skizm (“Cizma”), la cual organiza batallas a muerte entre hombres y mujeres reales seguidas por drones con cámaras para beneplácito de sus múltiples apostadores y seguidores y cuya campeona indiscutible es una hija cultural de Harley Quinn llamada Nix (Samara Weaving), despiadada asesina monosilábica que nadie puede vencer. A Miles le resulta fastidiosa la experiencia y como todo trol cibernauta deposita sus adversos comentarios en el chat del sitio. A la mañana siguiente es forzado a participar en el juego con dos armas literalmente atornilladas a sus manos y enfrentando a la mismísima Nix cortesía del fundador de Skizm y organizador de la contienda, un sociópata muy tatuado llamado Riktor (Ned Dennehy), quien ha secuestrado a la ex novia de Miles, Nova (Natasha Liu Bordizzo), para obligarlo a comprometerse en la batalla. Lo que sigue son 80 minutos de constantes persecuciones en auto, balazos, golpes y una estética que remite a las sombrías y decadentes atmósferas del cinefotógrafo Jeff Cronenweth para “El Club de la Pelea” pero sin las cualidades nihilistas de aquella producción, ya que aquí todo es quinesia a modo de sátira festiva.
Lo que da forma y cuerpo a la cinta son los retazos de humanidad que el guion del mismo Howden le obsequia a los personajes, así como chispazos de humor genuino que afloran orgánicamente según la situación determine, como la odisea que significa para Miles el ponerse unos pantalones con dos pistolas incrustadas en sus manos o personajes secundarios que lucen prescindibles pero terminan aportando ciertos matices a la historia (v.g. un vagabundo que le obsequia al protagonista algo de iluminación y un hot-dog descompuesto para comer), así como diálogos herederos de la observación posmodernista que el director pretende ejecutar como resabio tanto de su propia experiencia como trabajador de efectos especiales que forman constructos ficticios para cualquier narrativa fílmica como el hecho de que el escapismo suple la cognición gracias al espectáculo que significa el multicolor atractivo de las pantallas cualquiera que sea su dimensión (nos dice Miles a modo diegético al inicio de la cinta: “No se preocupen, esta no es una historia de amor sobre un nerd tratando de obtener una chica como si fuera un reto de Xbox que debe desbloquear…”). Lo que “Manos a las Armas” pierde en cuanto a un análisis incisivo sobre la condición cultural de esta generación polimediática ante la abrumadora parafernalia visual, lo gana en despliegue de discurso honesto sobre los rubros que pretende afrontar (despersonalización, soledad, valemadrismo verbal propio de la era del Facebook y Whatsapp, etc.) y actuaciones logradas. Una sólida y agradable sorpresa que hará las delicias de todo aficionado a la cultura pop por su cornucopia referencial.

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