Podemos identificar un patrón recurrente de conducta –una estrategia–  cuando se discutenlos riesgos contra los beneficios de algo que atañe a la salud pública. Si quien está a favor tiene algún interés pecuniario o de poder, lo que suele ser la norma, usa todos los medios a su alcance para manipular a la opinión pública. Y hoy esos medios, más poderosos que nunca,son muy accesibles, instantáneos y de alcance global.

Un ejemplo clásico es el delos efectos nocivos del consumo de tabaco en la salud de los fumadores activos y pasivos. La epidemióloga estadounidense Devra Davis expone sin tapujos en The Secret History of the War on Cancer(La historia secreta de la guerra contra el cáncer) cómo desde las primeras décadas del siglo XX las compañías tabacaleras tenían información contundente sobre las graves consecuencias del tabaquismo y, sin embargo, ocultaron esa información, sobornaron a científicos para que realizasen investigaciones amañadaspara demostrar la inocuidad del tabaco y “convencieron” a políticos y legisladores para que bloqueasen toda iniciativade regulación que pudiese afectara sus intereses.

Lo mismo sucede hoy en torno al origen humano del cambio climático. Los historiadores de la ciencia Naomi Oreskes y Erik M. Conway han escrito una obra que podemos considerar como referente en este tema titulada Mercaderes de la duda. Cómo un puñado de científicos ocultaron la verdad sobre el calentamiento global,en la que cuentan “cómo un grupo de científicos y asesores científicos de alto nivel, con profundas conexiones en el mundo de la política y de la industria, realizaron campañas efectivas para engañar al público y negar verdades científicas comprobadas a lo largo de cuatro décadas”.Pese a ello, la evidencia se fue abriendo camino y hoy sólo algunos ciudadanos despistados y, sobre todo, ciertos políticos ignorantes, se atreven a negar que la causa de los calorones que sufrimos en todas partes se debe, entre otras cosas, al uso inmoderado de combustibles fósiles que reportan inmensas ganancias económicas a las compañías que los explotan.

En estos momentos un tema de gran importancia se encuentratambién en el candelero: los efectos perjudiciales de la addicción al internet y a las redes sociales en niños y jóvenes. El asunto no es menor, porque como afirmaba el sociólogo y crítico cultural estadounidense Neil Postman “los niños son el mensaje vivo que enviamos a un futuro que no podremos ver”.

Uno de los verdaderos expertos en este tema es Michel Desmurget, doctor en neurociencias y director de investigación en el Instituto Nacional de Salud y la Investigación Médica de Francia. En su libro La fábrica de los cretinos digitales. Los peligros de las pantallas para nuestros hijos, alerta sobre los riesgos de una exposición prematura a internet, fenómeno hoy no sólo imparable, sino que muchas veces lo alientan los propios padres para evitarse la molestia de cuidar a sus hijos.

Como en los ejemplos anteriores, aquí nos topamos con los poderosos intereses de la industria informática, cuyos barones son los primeros en evitar que sus hijos se expongan prematuramente a los productos que ellos mismos fabrican y venden. Lo peor, dice Desmurget, es que “muchos de los expertos que suelen intervenir en los medios de comunicación, lejos de alarmarse ante esta situación, parecen estar encantados: psiquiatras, médicos, pediatras, sociólogos, miembros de diversos grupos de presión, periodistas, etc., mantienen un discurso benévolo y tranquilizan al público en general”.

Un estudio publicado el 4 de junio de 2024 en la revisa PLOS Mental Health, comprueba mediante resonancia magnética funcional la alteración de las conexiones entre sistemas neuronales de 237 jóvenes adictos al internet. Estos sistemas son los encargados de actividades mentales complejas entre las que se encuentran la planeación, la organización y la regulación del comportamiento.¿Tendrá esto que ver con el reciente y explosivo aumento de la frecuencia de los trastornos mentales en niños y jóvenes y sus problemas con la concentración y el aprendizaje?

Habrá que leer a Desmurget, incluyendo su más reciente obra Más libros y menos pantallas. Cómo acabar con los cretinos digitales. Sigamos la pista a esta tema en el que nos jugamos el futuro.