Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Cuando los niños ya saben leer y escribir (como los de tercero o cuarto de primaria) relativamente es sencillo indicarles, a distancia, que lean tal página del libro de texto y que hagan un ejercicio escrito con el contenido de la misma página; sin embargo, para las niñas y niños del primer grado de primaria que aún no saben leer ni escribir, la situación es totalmente diferente; pues no se puede, simplemente, indicarles que lean tales páginas del libro y que escriban en su cuaderno determinado ejercicio. Primero habrá que enseñarles a leer y escribir y luego ya podrán hacer lo que se les indique.

Los niños que asisten a preescolar en los colegios particulares egresan, de este nivel, sabiendo leer y escribir; de manera que al inscribirse en el primer grado de primaria, ya no tienen problemas para hacer las actividades de aprendizaje que sus maestros les señalan. En cambio, los que asisten a los jardines de niños públicos egresan, de estas instituciones, sin saber leer ni escribir en su inmensa mayoría; si acaso cinco o seis saben leer, de manera natural, de un grupo de treinta alumnos. Al respecto es necesario aclarar, para evitar malos entendidos, que los planes y programas de estudio oficiales establecen que la lectoescritura se atenderá a partir del primer grado de primaria. Es la razón de la diferencia.

El hecho es que más del 90 % de los niños de seis años, de las escuelas públicas, aprenden a leer y a escribir hasta en el primer grado de primaria. En tal virtud (en condiciones normales) las maestras y los maestros de primero dedican cinco a seis meses, al inicio del ciclo escolar, atendiendo a los niños para que sepan leer y escribir mediante algún método. Gran parte de los ejercicios iniciales se hacen acompañando a los niños de manera personalizada, porque así lo requieren las características propias y potencialidades de cada educando, hasta lograr que, paulatinamente, dominen la lectoescritura. En otras palabras, la atención personalizada es fundamental en este nivel. Ante este orden de cosas,  en Aprende en casa, ¿cómo se está atendiendo la lectura y la escritura de las niñas y niños de primero de primaria?, ¿quién los está atendiendo de manera personalizada?

Dialogando, a distancia, con diez madres de familia que tienen hijos en el primer grado de primaria, ellas coinciden en decir que, después de salir del trabajo y de comer, se sientan con sus hijos para enseñarles a leer y a escribir. Que desconocen métodos y que ellas lo que hacen es enseñarles a sus hijos, primero, la letra a, e, i, o, u; luego la mmm, la sss, la ppp; y así sucesivamente, para después enseñarles a unir letras formando sílabas como ma, me; so, su; pa, pe,…; y poco a poco les enseñan a formar palabras como mamá, oso, papá; hasta llegar a pequeñas frases: amo a mi mamá; papá me ama; y gradualmente, dicen las madres de familia, los niños van leyendo y escribiendo más palabras y más frases. A estas alturas, dicen, que sus hijos ya saben leer y escribir lo básico. Pregunté a cada madre de familia, “¿por qué empezó enseñando letras y sonidos; luego sílabas, palabras, para formar  frases pequeñas?” “Porque así me enseñaron a leer”, fue su respuesta.

La forma de enseñar, de las madres de familia, tiene destellos del método onomatopéyico que tuvo auge en décadas pasadas, aunque hay maestras y maestros que aún lo utilizan actualmente. En nuestros días, hay otros métodos de lectoescritura; sin embargo, y ante las circunstancias imperantes, es de reconocer a las madres de familia lo que están haciendo con el fin de que sus hijos sepan leer y escribir en medio de la pandemia.