NOÉ GARCÍA GÓMEZ

Recuerdo la crisis de escasez de gasolina, donde se evidenció a la sociedad dependiente (o adicta, dependiendo cuál sea el grado de dependencia) ha dicho combustible, desesperación, nerviosismo y ansiedad padecían automovilistas. Filas interminables de autos en centrales de abastecimiento, cadenas de información en redes sociales de los puntos donde llegó el combustible, y hasta uso moderado del auto, ¡sí! Recordemos que las calles estuvieron más tranquilas y algunos hasta salieron a caminar.

¿Por qué traigo esto a colación? Creo que la competencia descarnada por el poder a llevado a la tergiversación de la función del gobierno, de Ejercer la dirección, la administración y el control de un Estado o municipio sea el caso, al de ser un simple proveedor (mimador) de los caprichos del ciudadano, lo que ha convertido a un número importante de la sociedad en malos ciudadanos.

Lo digo, primero, por la polémica del reemplacamiento y cómo han surgido los defensores de que no sancionen a quienes no han realizado el cambio de placas, exigiendo que no se cobren. Desconociendo o desvalorando el derecho de cualquier gobierno a cobrar algún impuesto, no hay que tenerle miedo a los impuestos su finalidad es la de satisfacer una necesidad pública de manera indirecta. Es decir, se recauda y lo producido de la recaudación (el dinero) se aplica en gastos para financiar diversos servicios públicos.

En el caso del reemplacamiento se ha dicho que se invertirá en C-5, que dicho sea de paso esos mismos que se quejan del cobro de placas, exigen mayor seguridad.

Pero también pasa con los ayuntamientos, se lanzan ocurrencias con el afán de buscar simpatías o desgastar a quien esté en el poder, cancelación o descuentos en el predial, sabiendo que es la principal fuente de financiamiento de un municipio.

La realidad es que los habitantes de las urbes como la nuestra, los gobiernos federal, estatales y municipales nos tienen mal acostumbrados. Como padres que “miman” a sus hijos, les entregan prácticamente todas las condiciones y todo, lo que contribuye a una cultura del derroche y desperdicio.

Vemos como por años subsidiaron la gasolina con los impuestos de todos, eliminaron la tenencia y hoy se exige lo mismo con el IEPS, cuando en otros países son impuestos ecológicos, para inhibir la compra de autos o compensar su contaminación con políticas ambientales.

Vemos como se sigue subsidiando el agua, está a la mano con sólo abrir una llave y de manera prácticamente ilimitada, llegando al extremo de derrocharla regando nuestro ornamental, estético y sediento pasto con agua de primer uso, dejando correr de la regadera el agua fría, lavando pisos y vehículos con manguera, llenando una y otra vez albercas, etcétera. Un estado en foco rojo de problema de seguridad nacional como Aguascalientes en el problema del agua sigue sin ser consiente del cuidado. Exigimos mejor servicio y precios a la concesionaria (en lo cual coincido que es pésimo su servicio) pero derrochamos y desperdiciamos a más no poder.

Pero también en cuestión de organización y limpieza, tenemos años sintiéndonos orgullosos de que Aguascalientes es una ciudad internacionalmente reconocida como limpia y pulcra, pero déjenme les digo algo que no quisieran leer ni escuchar, no es por sus ciudadanos, sino por las autoridades, contradictoriamente a una ciudad limpia emitimos un número grande por encima de la media de basura por persona, tan es así que saturamos ya un relleno sanitario y está por encima de su capacidad el segundo. Basta que el camión recolector de basura no pase unos días y se evidencia el Ecoloco (personaje de Odisea burbujas) que llevamos dentro. Contenedores repletos de nuestros desechos, sin un mínimo de reciclaje, reúso, reducción o separación de la basura.

Pero además con toda desfachatez y descaro cuando no pasa el “camión de la basura” tomamos fotos de nuestra basura que saturó el contenedor y la subimos a las redes sociales para “evidenciar” al ayuntamiento de que no levantó nuestro desorden. Por supuesto políticos ansiosos de atención replican y exigen.

Los extremos son los que se estacionan en los lugares prohibidos o hasta para discapacitados y se molestan, gritan e insultan al agente de tránsito por multarlos (así se ven los que exigen que no se sancione a los incumplidos con el reemplacamiento).

Lo anterior será difícil escuchárselo a algún político con aspiración, ellos dirán que somos la ciudadanía más limpia, ordenada, cuidadosa, cumplidora en nuestros pagos (y claro que sí hay ciudadanos con las anteriores cualidades, pero son los menos) que la culpa es de los gobierno. Así es, vivimos en un sistema que todo nos ha dado y mimado, no por ello digo que no exijamos servicios de calidad y que mejoren nuestras vidas, sino que nosotros como ciudadanos lo valoremos y por ello contribuyamos a cuidarlos.