Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Tal parece que la consigna de los estudios Disney es la de alejarse lo más posible de cualquier inspiración que pudieran proveer las fuentes literarias de donde surgen muchos de sus éxitos en taquilla y procurar una reinvención más paladeable a la sensibilidad de la masa millenial. Y esto no tiene nada erróneo per se, si acaso se atendieran los aspectos básicos de una narración sólida como trazo argumental inteligente, personajes con aristas únicas y definidas y un correcto manejo del drama, pero tanto “Maléfica” (2014) como su secuela, “Maléfica: Dueña del Mal” (2019), supuesta actualización de la memorable villana presentada en cines hace 60 años en el clásico “La Bella Durmiente” no es el caso, ya que el Estudio del Ratón hace todo lo posible por esquivar los aspectos más escabrosos en la personalidad de su protagonista, así como encarar la noción de tener como elemento central a una bruja capaz de maldecir a una recién nacida con el sueño eterno con reticencia y apego a la sensibilidad de los nuevos cánones de la corrección política que impera en el Hollywood post-Weinstein. En pocas palabras, esta Maléfica no es tal.

“Maléfica: Dueña del Mal” se ubica en los cinco años posteriores que han transcurrido desde la primera parte, con una princesa Aurora (Elle Fanning) reinando en Los Páramos y con gran apego a su madre sustituta -Maléfica, por supuesto-. Por su parte, el príncipe Phillip (Harry Dickinson) por fin tiene el arrojo para pedirle matrimonio, lo que provoca regocijo tanto al reino mágico como al de los humanos, pues esta unión se percibe como el paso decisivo en la integración de ambas monarquías. Sin embargo, hay dos personas que no se sienten complacidas al respecto: la reina Ingrith (Michelle Pfeiffer), quien por alguna razón jamás aclarada en la cinta desprecia a los seres del bosque, y la misma Maléfica (Angelina Jolie), por aborrecer la idea de separarse de su querida “bestia”. Todo se complica cuando Ingrith conjura un plan para sacar a su esposo de combate con el huso de la rueca encantada y hacerse del reino culpando a la bruja durante una cena real. Esto produce un sesgo entre Maléfica y Aurora, quienes por separado encontrarán sus propios elementos para crecer como personas, la primera con los Hados Oscuros, seres como ella que buscan hacer la guerra con los humanos, y la segunda con Phillip, quien lo apoya incondicionalmente conforme van descubriendo el complot de la reina.

El noruego Joachim Ronning (“Kon Tiki”) plasma una visión muy concreta en cuanto a la naturaleza plástica de la película, pues ésta luce espectacular empleando el cuarto de billón de dólares de presupuesto que la Disney le ha dado para gastarlo sabiamente en efectos especiales, pero eso es lo único que puede interesar al espectador, ya que el guion simplemente no encuentra su eje, trifurcando la historia innecesariamente sin que algo realmente suceda, sobre todo a instancias de las protagonistas. Aquí, Maléfica es un ente tan pasivo que irrita, pues sólo se limita a reaccionar sin producir algo, al igual que Aurora. De hecho, me resulta extraño que en plena era del #MeToo se produzca una cinta que cree empoderar a la mujer tan sólo por darle protagonismo pero con un manejo de sus arquetipos incluso grotescos, ya que sólo encontramos féminas resentidas en búsqueda de redención (Maléfica), bobaliconas e inmaduras (Aurora) o simples y llanas perras inmisericordes sin motivación clara o trazo definido (Ingrith). Esto, aunado al trillado manejo del argumento con todo y batallas a la medida de “El Señor de los Anillos” o “Juego de Tronos” que estructuran sus eventos en base a lo ya confeccionado en muchas cintas anteriores sólo frustran, además de molestar por lo fraudulento de su hechura. “Maléfica. Dueña del Mal” es un relato más acomodaticio que cómodo a la sensibilidad antiséptica en cuanto a narrativa de la nueva generación, por lo que aburre a tal grado que pareciera somos nosotros los que caemos en el sortilegio del sueño eterno, pero sin ánimos de despertar ante algo tan predecible y falto de agallas.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com

¡Participa con tu opinión!