Carlos Reyes Sahagún
Cronista del municipio de Aguascalientes

Termino ahora de contarle sobre mi más reciente libro -que espero no sea el último-, La resistencia Social a la Modernización, el caso del gobernador del estado de Aguascalientes, Luis Ortega Douglas (1956-62). En la entrega anterior dejé la reflexión en el tema de la conciencia ciudadana en torno a la imposibilidad de generar industrias, y señalé algunas razones, relacionadas con el carácter de la gente, la situación geográfica del estado, etc. Pero las voces que esgrimían estos razonamientos no caían en la cuenta de lo obvio: todo eso era cierto, pero faltaban cosas que también eran fundamentales, básicamente infraestructura, carretera, urbana, eléctrica.
Por cierto que a propósito de esta última, la ciudad producía su propia energía, pero esta capacidad distaba mucho de soportar un desarrollo industrial, cosa que ocurrió hasta el gobierno del doctor Guel Jiménez (1968-74), cuando se tendieron las líneas de alta tensión. No en balde fue en ese momento cuando se edificó la primera ciudad industrial del estado. De eso vinieron la gran industria, el nuevo aeropuerto y, como dice el clásico del lugar común: lo demás es historia.
En conclusión: ¿qué habría pasado si estas obras de infraestructura que asumo que faltaban se hubiesen realizado 10 años antes, a fines de los años cuarenta; si los gobiernos no se hubieran topado con la resistencia que las retardó?
Ciertamente no es hacerla de Alvin Toffler una de mis cualidades, y ni siquiera uno de mis defectos, pero sí me parece que en general Aguascalientes habría alcanzado mucho antes ciertos objetivos que pasaban por estas condiciones. Pero como “el hubiera no existe”, no hay manera de comprobar lo anterior. En todo caso me queda la certidumbre de que Ortega avanzaba por el camino correcto, pero “algo” falló, o varias cosas, probablemente la limitada visión de las élites locales, la gestión de estas obras en sus inicios, envuelta en murmuraciones de posible corrupción, la falta de recursos, etc.
Si me permite la comparación, y a propósito de la resistencia social, me parece que es esto lo que ocurre con las obras que el actual régimen emprende para convertir la avenida Aguascalientes en una arteria de flujo continuo, que han encontrado oposición en algunos sectores, particularmente entre quienes habitan o tienen sus negocios en los cruceros intervenidos. Entonces, no es que la historia se repita, pero…
Por cierto que hace años escuché la especie de que un gobierno quería construir una terminal aérea de carga, para alimentar a la pujante industria automotriz -¿Se imagina un jumbo 747 de Cathay Pacific descendiendo en nuestro humilde aeropuerto para descargar todo un mundo de componentes como se utilizan en los automotores, y que ahora deben llegar por otras vías?-. Total, campo lugar y tabla existen frente a la actual terminal de pasajeros, y también un ferropuerto, y el tren ligero de Cosío a Peñuelas, y la vía corta de ferrocarril a Guadalajara, es decir, infraestructura, pero a final de cuentas todo esto ha quedado en veremos.
Como señalé en entrega anterior, hubo un día en que desde las ocho columnas de El Sol del Centro se exigió la “caída” de Ortega Douglas. La verdad… No sé qué tan cerca o lejos estuvo el estado de vivir una situación de ese tipo. En mi inútil opinión no existió un riesgo real de que ocurriera semejante situación, y que la efervescencia fue más mediática que real, aunque sí la hubo, es decir, no se planteó desde el Gobierno Federal la posibilidad de que la autoridad actuara en ese sentido. En todo caso también habría que señalar el hecho de que mucha de la ebullición amainó al coincidir con la ocasionada por el movimiento ferrocarrilero de 1958-59.
Ya para ir cerrando con este asunto, me queda en mente la idea de que Luis Ortega Douglas fue un personaje que rompió todas las reglas del sistema político de su época; una anomalía… Tome en consideración la nómina de gobernadores de Aguascalientes, de Edmundo Games Orozco a Otto Granados Roldán, es decir, de 1950 a 1998, claramente la época de auge del PRI; si analiza semejante lista se verá que casi, casi, pondrá a Ortega en un lado, y a los demás en otro. Corre y se va: todos ocupaban un cargo en el gobierno federal en el momento de ser exaltados a la gubernatura, es decir, todos vinieron de México. No así Ortega, que estaba en Aguascalientes, dedicado al ejercicio de su profesión, cuando el partido posó en él sus ojos; todos ellos fueron ajenos a las élites locales, en tanto que Ortega era miembro del Club Rotario.
Concluyo; ahora concluyo, y lo hago señalando el hecho de que de ninguna manera agoté el tema, y que aún quedan por trabajar muchas dimensiones de ese periodo de la historia contemporánea de Aguascalientes, el proceso de desarrollo urbano de las grandes avenidas, el conflicto por el predial. Otra dimensión de la trayectoria de este personaje que habría que analizar es su desempeño como ingeniero civil, autor de múltiples obras, algunas de las cuales alcanzaron la altura de la obra de arte, como el Teatro Cinema ahí, justo donde Juan de Montoro se ensancha con su camellón y esos majestuosos laureles de la india, o el antiguo edificio de la Ford, después Farmacia Regina, después Farmacia Sánchez, y ahora zapatería -creo- en la avenida Madero, joyas del Art Deco de este pueblo que a veces se comporta como ciudad.
Luis Ortega Douglas y su tiempo político… Es mi tema de investigación, sí, y espero regresar a él más temprano que tarde. Pero no tengo derechos de exclusividad. Así que, ¿quién se anima? (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com <mailto:carlos.migrante@gmail.com>).