Carlos Reyes Sahagún
Cronista del municipio de Aguascalientes

Estoy contándole sobre la manera cómo mi tema y yo nos encontramos. Bueno… Uno de los varios temas que cotidianamente rondan mi mente, reclaman mi interés y en ocasiones exigen de mala manera mi atención: el ferial, el museo, el teatro, todos de Aguascalientes, el ferrocarril, la Avenida López Mateos, y hasta la nebulosa de Orión, etc.
Le hablaba del ingeniero Luis Ortega Douglas y de los elementos que alimentaron mi interés por el periodo en el que el constructor fungió como gobernador del estado (1956-1962). Por cierto que en la entrega anterior me faltó contarle que entre 1984 y 1986 fungí como representante suplente del Ejecutivo estatal ante la delegación del IMSS. Este cargo me permitió conocer mucha gente interesante y valiosa, el delegado de la institución, por ejemplo, el señor Daniel Aguirre Barragán, y los jefes de servicios Jesús Vázquez, Rubén Ruvalcaba Fregoso, Edmundo Becerril de Haro, Carlos Pacheco Martínez, y desde luego mi querido maestro; mi padrino: el profesor Óscar Malo Flores, que en esa época era titular de Prestaciones Sociales.
Por otro lado estaban los representantes de “las fuerzas vivas” del estado ante el IMSS, Guillermo Sandoval Romo por los industriales, los líderes obreros Roberto Díaz Rodríguez, Guadalupe Padilla Maldonado y Juan Quezada Mercado por la Federación de Trabajadores de Aguascalientes.
Le cuento lo anterior porque entre estos personajes estaba el señor Joaquín Díaz de León Gil, que representaba en el consejo a la CANACO. Para los efectos del tema que estoy desarrollando, el señor Díaz de León fungió como jefe de ayudantes del gobernador Luis Ortega Douglas una parte de su administración, y diputado local en otra. Entonces, de cuando en cuando, en las pausas en la revisión de documentos, y por venir al caso con algo que se conversaba en ese momento, contaba sabrosas anécdotas sobre aquella época. Aquí le van dos: en una ocasión el gobernador comentó que le impondría el nombre de sus enemigos a las obras que realizaba, que la calle fulano, que la escuela sutana -me reservo los nombres por puro pudor-, etc. “¿Pero cómo Luis”, le preguntaban, “si son los nombres de quienes te atacan? ¡Pues por eso!”, contestaba, “¡porque con el dinero que no les pagué pude construir esas obras…!”
La otra anécdota es la siguiente: cuando vino el candidato presidencial priista para la elección de 1958, Adolfo López Mateos, Ortega lo acompañó en su gira. Ahora esto sería causal de un escándalo de proporciones galácticas, y mucho menos que eso, pero en aquella época era lo más normal, las prácticas que unían en un matrimonio casi indisoluble al PRI y al gobierno.
En Pabellón -que yo me acuerde todavía no era “de Arteaga”-, un, como escribiría la prensa, “ramillete de hermosas señoritas”, obsequió al candidato con dos sacas de chile ancho, que era uno de los principales productos de la tierra en la región de Pabellón (recuérdese la secadora de chile en esa demarcación). Ante semejante gesto Ortega le habría dicho al mexiquense lo siguiente: “señor candidato: Pabellón es el único lugar donde las mujeres le darán puro chile”…
Por otra parte, debo agregar que conocí a uno de los hijos del ingeniero Ortega, Carlos, con quien sí tuve una relación que aunque no fue todo lo cercana que yo habría querido, sí tuvo luminosos momentos de calidez y fraternidad que mucho agradezco. Desde luego me habría encantado hacerle una entrevista seria, documentada, sobre aquél periodo, una conversación que trascendiera lo anecdótico y buscara llegar al fondo de las cosas; la interviú que podría hacerle ahora, con toda la información que he acumulado.
Sí… Pero eso es ahora, y no cuando hubo oportunidad, que se canceló con su muerte, ocurrida, si la memoria no me engaña, en 2000 o 2001, más o menos, pero de esas conversaciones con amigos colegas, recuerdo haberle escuchado platicar que siendo estudiante en el Colegio Marista, quizá de secundaria, fue llevado a una manifestación en contra de su papá por el asunto del mural, cosa que le provocaba una sonrisa apurada. En rigor no hablaba mucho sobre estos temas, pero sí recuerdo también haberlo escuchado comentar que durante el sexenio de Ortega se tuvieron importantes avances en materia de carreteras estatales y electrificación.
El hecho básico es que en aquel primer contacto con la hemeroteca del Archivo General del Estado surgió un interés especial por el personaje y el tema, que creció hasta que surgió la oportunidad de trabajarlo el tema, armado con las herramientas propias de la investigación social, en el contexto de la tesis de maestría en Investigaciones Sociales y Humanísticas, que cursé en la UAA entre 2013 y 2014, y que ahora se ha convertido en un libro, orgullosamente publicado con el sello editorial de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, y gracias a la bondadosa labor de la maestra Marta Esparza y su equipo de colaboradores.
En caso de que este trabajo hallara gracia en su mente y desee adquirirlo, está a la venta en la librería universitaria, en el antiguo edificio de rectoría, Ciudad Universitaria.
Por cierto que todavía no he dicho que tienen que ver Luis Ortega Douglas y la resistencia social a la modernización, cosa que haré en próxima entrega. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com ).